Las persistentes lluvias de las últimas semanas han dado un giro de 180 grados al escenario hidrológico del Corredor del Henares. El Embalse de Beleña, principal regulador del caudal que acaba llegando al Henares a través del río Sorbe, se sitúa ya prácticamente en su óptimo de llenado. Según datos actualizados a 3 de febrero de 2026, el pantano —con una capacidad total de 53 hectómetros cúbicos— almacena alrededor de 45 hm³, es decir, entre el 84,9 y el 85 % de su volumen máximo.

La cifra no solo es alta: es muy alta para estas fechas. Hace apenas una semana, Beleña rondaba los 30 hm³, lo que implica un incremento cercano al 50 % en solo siete días. Un subidón que explica bien el comportamiento extraordinario de enero, con un 52,4 % más de precipitaciones que la media, y la continuidad de frentes lluviosos en los primeros compases de febrero.
Un llenado exprés tras años de sequía
El dato cobra aún más relevancia si se compara con la media histórica reciente. En la última década, el nivel medio del embalse en estas fechas se situaba en torno al 57 %. Es decir, Beleña está hoy casi treinta puntos por encima de lo habitual. Un auténtico “llenado exprés” que devuelve tranquilidad a los recursos hídricos tras varios años marcados por la sequía, pero que obliga también a una gestión fina y preventiva.
Ante el rápido ascenso del volumen embalsado, la Confederación Hidrográfica del Tajo ha iniciado desembalses controlados hacia el río Sorbe, una medida habitual para mantener la seguridad de la presa y evitar escenarios de riesgo. Esos desembalses, sumados a las aportaciones directas de la lluvia, están teniendo un efecto inmediato aguas abajo.
El resultado es una crecida notable del río Henares, que en las últimas horas ha alcanzado el nivel naranja de alerta a su paso por Alcalá de Henares y otros municipios ribereños.
El Henares supera el umbral naranja en Alcalá
El punto de referencia para medir la evolución del río en el entorno complutense es la estación de aforo de Soto de Espinillos. Allí, el nivel del Henares ha pasado de unos discretos 0,6 metros a comienzos de la semana pasada a 1,89 metros este martes 3 de febrero al mediodía, superando claramente el umbral naranja, fijado en 1,8 metros.
Para hacerse una idea del contexto: el umbral amarillo (preemergencia) se sitúa en 1,3 metros y ya quedó atrás sin dificultad; el rojo, que implica situación de emergencia, se activaría a partir de los 2,3 metros. Por ahora no se ha alcanzado ese punto, pero la tendencia obliga a seguir el río con lupa.
El caudal también se ha disparado. De valores en torno a los 10 m³ por segundo se ha pasado a picos recientes de entre 35 y 70 m³/s, según distintas mediciones en tiempo real. Un aumento brusco, típico de episodios con lluvias persistentes y suelos ya saturados, donde buena parte del agua acaba escurriendo directamente hacia los cauces.
Lluvias persistentes y máxima vigilancia
Todo este escenario se enmarca en un episodio meteorológico especialmente activo. Tras la borrasca Kristin de la semana pasada, la llegada de la borrasca Leonardo mantiene en alerta a la Confederación Hidrográfica del Tajo y a las administraciones locales. Las previsiones apuntan a lluvias abundantes y continuadas, con especial intensidad entre miércoles y jueves, reforzadas por una masa de aire muy húmeda asociada a un río atmosférico.
El problema no es solo lo que llueva, sino cómo responde el terreno. Tras semanas empapando el suelo, la capacidad de absorción es ya muy limitada, de modo que gran parte del agua termina directamente en ríos y embalses, favoreciendo crecidas rápidas como la que ahora se observa en el Henares.
En Alcalá de Henares, el Ayuntamiento y Protección Civil han activado recomendaciones claras de precaución: evitar acercarse a las márgenes del río, no transitar por zonas inundables del parque fluvial y atender en todo momento las indicaciones de los servicios de emergencia. Por ahora no se han registrado desbordamientos ni incidencias graves dentro del término municipal, aunque sí se han tomado medidas preventivas en otros puntos de la cuenca, como el cierre de accesos a paseos fluviales en Guadalajara.
La lectura de fondo es doble. Por un lado, la situación es muy positiva en términos de recursos hídricos: los embalses de la cuenca del Tajo y de la Comunidad de Madrid presentan niveles muy saludables tras años de restricciones y preocupación. Por otro, este “respiro” llega acompañado de un episodio de riesgo puntual que exige vigilancia constante.
Tanto la Confederación Hidrográfica del Tajo como el Canal de Isabel II mantienen un seguimiento permanente de los desembalses y de las estaciones de aforo, ajustando la gestión del agua casi en tiempo real para garantizar la seguridad hidrológica ante la llegada de nuevas precipitaciones.
En resumen, el embalse de Beleña roza ya el 85 % de su capacidad y dibuja un panorama esperanzador para el abastecimiento, mientras que el río Henares atraviesa una crecida controlada en nivel naranja a su paso por Alcalá. Un equilibrio delicado entre buena noticia y llamada a la prudencia que, durante los próximos días, seguirá muy de cerca todo el corredor del Henares.



















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