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La polémica frase de Rajoy sobre Francia convierte una crónica deportiva en un inesperado debate sobre identidad, política y prejuicios nacionales.

Queridos lectores, si algo bueno tiene este Mundial de 2026 es que Mariano Rajoy ha decidido volver a las andadas y regalarnos sus crónicas deportivas en El Debate. El expresidente del Gobierno, el hombre que un día nos gobernó entre sobresaltos y sonrisas, ahora se ha reconvertido en analista futbolístico de postín, y la verdad es que lo hace con una maestría que roza lo antológico. No en lo profundo ni en lo táctico, que eso sería pedir peras al olmo, sino en lo burlesco, en lo que hace que uno se quede mirando la pantalla o el periódico con esa cara de “¿pero esto lo ha escrito un expresidente o un abuelo cascarrabias que ha pillado el WhatsApp por primera vez?”.
La última joya lleva por título Hoy llegó el desquite. Tras la victoria de España contra Bélgica, el bueno de Rajoy se despacha a gusto. Primero celebra el triunfo porque, según él, a los belgas los llaman “Diablos Rojos” y a él no le gustan ni los diablos ni los rojos… salvo cuando visten la camiseta de España, que entonces es “la excepción que confirma la regla general”. Y de paso aprovecha para meter un dardo político: “Basta con mirar hacia atrás o, simplemente, ver lo que sucede hoy en nuestro país”. Traducción libre: los rojos son el diablo y Rajoy sigue sin perdonar que le echaran del poder. Todo muy deportivo, muy neutral, muy de análisis puro de lo que pasó en el césped. Uno se pregunta si el hombre escribe estas cosas después de ver el partido o después de leer el editorial de su periódico de cabecera.
Pero lo mejor llega cuando pasa página y se fija en el próximo rival: Francia. Ahí suelta la perla que ha puesto patas arriba las redes y los platós: “Francia ha sido dos veces campeona del mundo… Tiene, además, una plantilla de altísimo nivel. Eso sí, sin franceses”. ¡Toma ya, señores! El expresidente del Gobierno de España, con la misma seriedad con la que antaño nos explicaba que si no marcas goles no ganas el partido, ahora nos descubre que la selección gala está compuesta por marcianos. Mbappé, Kanté, los Thuram, Griezmann… todos ellos, según Rajoy, no son franceses de verdad. Tienen altísimo nivel, ojo, pero sin franceses. Es como si de repente el fútbol francés fuera un equipo de la liga de Andorra, pero con mejor presupuesto y mucho más talento.
Uno se pregunta en qué momento Rajoy decidió que el análisis futbolístico consistía en hacer un examen de pureza nacional a los rivales. Porque no dice que Francia juegue mal. No. Dice que tiene una plantilla de altísimo nivel… pero sin franceses. Es la misma lógica tautológica de siempre, pero elevada a la enésima potencia: si no marcas, no ganas; si los jugadores no nacieron en Francia de padres franceses de toda la vida, no son franceses. ¡Genial descubrimiento! Alguien avise a la FIFA y a la República Francesa de que Rajoy ha resuelto el misterio de la identidad nacional en el deporte.
Recordemos cómo empezó esta saga mariana. En el debut de España ya nos regaló otra obra maestra: “En el fútbol lo que de verdad importa es meter más goles que el rival. Si no lo haces, pierdes. O, en el mejor de los casos, empatas”. ¡Qué profundidad! ¡Qué frescura de pensamiento! Como si los entrenadores del mundo entero estuvieran esperando que el expresidente les aclarara que el fútbol se gana marcando más que el contrario. Y ahora, con Francia, da un paso más allá: no solo nos explica lo obvio, sino que introduce el debate sobre el origen y la identidad nacional disfrazado de retranca de abuelo. “Eso sí, sin franceses”. Y lo dice un tipo que fue presidente de un país que presume de ser cuna de la diversidad y que ha tenido selecciones con jugadores de todos los continentes. ¿Ironía? ¿Boutade? ¿O simplemente se le ha ido la mano y ha terminado diciendo en voz alta lo que algunos solo se atreven a pensar en privado?
Lo más gracioso, o lo más triste, según se mire, es que Rajoy lo hace con esa cara de no haber roto un plato, como si estuviera contando un chascarrillo inofensivo en la sobremesa. Dicta las columnas por notas de voz, ya lo sabemos, y se nota: la prosa sale fluida, sencilla, casi infantil. “Estamos en semifinales. Ya queda menos. Esperemos que para bien”. ¡Qué profundidad existencial! Luego se lanza a contarnos la historia de Bélgica, de Senegal, de Estados Unidos, y de repente, sin venir a cuento, suelta el dardo político. Es como si no pudiera separar el balón del mitin. Y cuando llega a Francia, en vez de hablar de táctica, de Mbappé desequilibrando por banda o de la solidez defensiva de los galos, prefiere cuestionar si los jugadores que visten la camiseta azul son “franceses de verdad”. Como si Zidane, Desailly o Thuram no hubieran sido lo suficientemente franceses cuando ganaron el Mundial del 98. Como si esa idea de Francia conectara con el discurso identitario que desde hace años abandera Marine Le Pen. Y todo esto justo cuando el encuentro contra los galos tendrá lugar el 14 de julio, Día de la Fiesta Nacional francesa. Menuda ironía.
En Alcalá de Henares, como cualquier españolito más, uno ha seguido a la Roja en este y en todos los Mundiales: celebrando sus triunfos con alegría y lamentando sus fracasos con el mismo sentimiento patrio. Y por supuesto que se confía en este equipo muy, muy español. Precisamente por eso, estas crónicas de Rajoy suenan a otra época. Aquí la gente celebra el gol sea quien sea el que lo meta, porque el fútbol une y la selección representa a todos. Rajoy, en cambio, parece añorar un fútbol de manual de los años cincuenta, donde todos los jugadores tuvieran la misma cara, el mismo acento y la misma ideología. Y lo hace justo cuando España se prepara para jugar contra Francia en semifinales. ¿Estrategia psicológica? Más bien parece un lapsus que revela más de lo que pretende.
Criticar esto no es ser extremista ni nada parecido. Es simple sentido común. Rajoy tiene todo el derecho del mundo a escribir lo que le dé la gana. Faltaría más. Pero cuando uno ha sido presidente del Gobierno, sus palabras pesan, y esta en particular ha puesto en evidencia que su reconversión como cronista deportivo tiene más de espectáculo involuntario que de aportación seria al debate futbolístico. Es la misma retranca de siempre, pero ahora con un toque de pureza nacional que deja mal sabor de boca. Como si el Mundial no fuera ya suficientemente tenso y hubiera que añadirle un debate sobre quién es “francés de verdad” y quién no.
Al final, España jugará contra Francia el 14 de julio, ganará o perderá sobre el césped y será el marcador el que dicte sentencia. Rajoy, entretanto, seguirá escribiendo que si no marcas no ganas y que Francia tiene una plantilla de altísimo nivel… pero sin franceses. Nosotros seguiremos haciendo lo de siempre: animar a la Roja, sufrir con ella y celebrar sus goles, los marque quien los marque. Porque el fútbol, cuando rueda el balón, entiende bastante mejor de talento que de apellidos. Y quizá ese sea el mayor gol en propia puerta que ha marcado el expresidente con una columna que pretendía hablar de deporte y ha terminado hablando, sin quererlo, de prejuicios. O quizás queriendolo ¡Qui lo sa!


















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Pero lo mejor de todo es que Rajoy tiene razón, sólo hay que ver los apellidos franceses de los jugadores. La identidad de Europa ya se ha perdido gracias a las políticas de los últimos 50 años, y apoyada y favorecida por todos los lobbys interesados, incluida, cómo no, la prensa. Mira una foto de la selección francesa de los 70 y 80 y la comparas con la de ahora, y me cuentas las diferencias. El otro día jugaron Francia contra Marruecos, ¿Cómo le explicas a un asiático por ejemplo que la selección africana era la de Marruecos y no la francesa? En fin, lo dicho, nos han robado la identidad, y además hay que pedir perdón por decirlo.
Esa misma razon tambien vale para la selección española ¿O no no sr. Manuel que es como esta vez firma con su prolijo mail?
Exactamente. No sé si has llegado a leer lo de la identidad de Europa, que evidentemente incluye a España.