- Campuzano analiza un manifiesto que reivindica la socialdemocracia clásica, evita el contexto político actual y destila cierta nostalgia por el poder perdido.
- Por Antonio Campuzano. Periodista, patrono de la Fundación Diario Madrid.
El manifiesto Socialdemocracia 21 , de título “Por la reactivación política del PSOE y de la democracia en España”, ha sido alumbrado con alguna discreción y con poca megafonía, incluso por los aledaños de la oposición mediática al ejecutivo de Pedro Sánchez. Los anhelos de crecimiento de las nociones de libertad e igualdad, tan caros al PP y a Vox, a partes iguales tal y como se presentan ya las alineaciones de poder en las próximas comunidades autónomas con inicio en la ciudad de Mérida, sede del gobierno extremeño, afloran en el escrito tal y como si se tratase de un descubrimiento únicamente en parangón con la penicilina, cuyo advenimiento merced al doctor Fleming será siempre causa y motivo de elogio generoso de todos los toreros que se visten de luces.
La desafección es otro de los sustantivos que se abre camino entre las once páginas de que consta el ejercicio de ambición pedagógica de la nueva corriente socialista que se ve animada por la crítica al gobierno presente. La falta de afecto o mala voluntad que viene a desembocar en desafección, según la apreciación definitoria de la interpretación de la lengua, parece posesión de la corriente del partido socialista con sede en el palacio de la Moncloa y su longitud parlamentaria en la carrera de San Jerónimo. De tal manera que las sesiones de control al gobierno de los miércoles se diesen, por la autoría de PP y Vox , en condiciones de comprensión y trato amables y en paridad constructiva que no hubiese más remedio que achacar al banco azul y sus portavoces e integrantes de los partidos en él representados del clima tremendista y de brochazo que sacude de polarización la relación política y sus escenarios de función y símbolo.
Este nacimiento de corriente, que se asemeja mucho a otras iniciativas de censura del gobierno actual, ha sido parido con una novedad, la ausencia de firmantes, por más que todo el mundo lo conoce como el documento de Jordi Sevilla, del que se perfilan las identidades de alrededor de cuarenta militantes del PSOE, cuyos nombres y apellidos sin adjuntar al escrito son columbrados y maliciados con poco margen de error.
El archivo digital contiene cuatro nombres propios de la factura política de América y Europa de los últimos cuarenta años. A saber, Reagan, Thatcher y Mitterrand, ya en esquelas; y la de Felipe González, aún en la clasificación de los vivos. Los primeros aparecen como hacedores de los modos y maneras de la gran política de finales del siglo XX, y el último como bastión y acelerador del empuje de España al club de los países de la brillantez y de la generación de las cosas buenas que le han sucedido al mundo en las últimas generaciones.
González gobernó España desde 1982 hasta 1996, va para treinta años, tras lo cual se turnó un período de ocho años de gobiernos de Aznar, de marcado tinte conservador. Seguido de lo cual hubo dos mandatos del neo socialismo gobernante en la persona de Zapatero, para ceder la gobernanza a Rajoy, sucesor del Aznar fundador del PP, cuya condena como organización procuró una moción de censura, habilitada por una representación de izquierda y plurinacional, capitaneada por Pedro Sánchez. Y hasta ahora, en que las distancias entre dos bloques, el de gobierno y el de la aspiración al cambio, protagonizan pugnas de variada argumentación con episodios de gran diferencia estratégica y fuerte declamación.
Todo este recorrido histórico reciente parece obviado, con o sin voluntad, en este manifiesto, máxime cuando el paladín del escaparate, Jordi Sevilla, formó parte de un gobierno de Zapatero. Es más, no parece haber convencido a sus redactores la conveniencia de alguna mención al seísmo de Caracas, con la incursión de Estados Unidos en la cocina de la soberanía de un país, con sus áreas de repercusión en el orbe geo político y nacional.
En definitiva, el manifiesto conserva, tal y como lo hicieron otras proclamas en sentido parecido, un aire, a veces tufo, a resquemor por no mantener una posición que antes se atesoró, al frente de cuya legión se halla Felipe González, con un pelo blanco completamente natural a sus casi ochenta y cuatro años, que no solamente no digiere correctamente las mutaciones de una organización que fue su creación hace tiempo, sino que indisimula que sus pretensiones producen lesiones en el almario y la atmósfera socialistas de ejercicio en responsabilidad y proyección electoral.
Ya lo dice Julian Barnes, el aún lúcido miembro de la narrativa inglesa contemporánea, en “Mis cambios de opinión”, Anagrama, 2025, sobre George Orwell, quien dijo “a los cincuenta años cada uno tiene la cara que se merece”. Claro que el influyente novelista y ensayista nacido en la India participante en la guerra civil española no hablaba con el ejemplo, porque murió a los cuarenta y seis años.

















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Me encanta la reflexión. Ahora bien, metidos en harina local. Quién me contesta a las siguientes cuestiones
1. Cuándo son las primarias en el Psoe de Alcalá?
2. Será o no Javier Rodríguez el único candidato del PSOE para la alcaldia en Alcalá de Henares?
3. Se atreverán o no el grupito kike, miki, blanqui y Alberti a enfrentarse al Leviatán?