«Los parajes naturales alcalaínos, vulnerables ante los incendios forestales»

Pedro Manuel García Carvajal, usuario habitual de los cerros y montes de Alcalá, alerta sobre la vulnerabilidad de los principales espacios naturales complutenses ante los incendios forestales y plantea abrir un debate sobre su protección. Tras los fuegos registrados en los últimos veranos, propone estudiar restricciones temporales de acceso durante los periodos de riesgo extremo, junto a medidas permanentes de vigilancia, prevención y control que permitan preservar los Cerros y los bosques de ribera.

Foto de Mariano Carpintero. (Archivo AH)
  • El autor propone cierres preventivos en épocas de riesgo extremo y reclama más vigilancia, control de accesos y protección del patrimonio natural alcalaíno.

Los veranos de 2025 y 2026 están entre los más graves en lo que a patrimonio natural quemado se refiere a nivel español. Los dos años también se han dejado notar en el entorno natural de la ciudad de Alcalá, y no contamos el año 2024 en el que hubo un incendio a principios de verano con afectación a una parte del cerro del Viso y que pudo haberse extendido hacia la densa masa de pinar, bajo el cual se cobija un importante número de encinas, robles y arces (hay que destacar que el altiplano del Viso forma parte del término de Villalbilla y es accesible en coche; el mirador natural o viso, inmediato al pinar que pertenece al término de Alcalá, es lugar de afluencia de numerosos vehículos para contemplar la puesta de sol, también en los sofocantes atardeceres estivales, lo que trae consigo el abandono de desperdicios y un potencial riesgo de incendio).

En 2025 ocurrió el incendio en la Isla del Colegio que acabó con una fracción importante de bosquete joven de álamo blanco que apenas lleva un lustro de desarrollo y colonización del antiguo espacio agrícola; es verdad que buena parte de estos jóvenes álamos blancos consiguieron sobrevivir. Las llamas saltaron el camino perimetral de la isla y calcinaron una pequeña parte del bosque de ribera, el más próximo al cauce, pero se cebaron con varias hectáreas de la cobertura herbácea que cubre lo que hace pocos años fueron campos de cultivo como maíz. Cualquier paseante del entorno fluvial de Alcalá puede confirmar la presencia de personas que fuman en sus paseos por el interior del bosque de ribera, o junto a las orillas mientras disfrutan de sus bebidas en latas que suelen acabar tiradas por los suelos o de sus jornadas de pesca, actividad esta última que debe desarrollarse bajo control y con las licencias pertinentes.

Este verano, de momento, el parque de los Cerros, que es Monte de Utilidad Pública (MUP) n.º 180, ha sufrido el alcance de dos incendios que se controlaron con rapidez, por lo que agradezco y felicito a los profesionales implicados en su extinción.

Y aquí es donde es razonable hacerse una pregunta: ¿Podría haber un gran incendio que calcinara por completo todo el telón de “Montes de Valdealcalá”, desde Los Santos de la Humosa hasta el Cerro del Viso, acabando con los encinares, manchas de roble quejigo y arces de Montpellier, espartales y albardinares, tomillares y pinares de repoblación con pino carrasco? Es perfectamente posible. Nadie podía imaginar que nuestra querida Sierra Norte, lugar de origen y esparcimiento de miles de complutenses que disfrutamos por aquellas montañas donde nacen y corren las aguas que acaban en los grifos de Alcalá, acabarían devastadas por el incendio ocurrido en La Mierla. Pero ha pasado. O cuántos complutenses conocen a la perfección la zona de Navaluenga, el valle de Iruelas o el embalse del Burguillo, hoy reducida a cenizas. Ha pasado. Los paraísos a los que estamos tan apegados emocionalmente pueden acabar destruidos. Lo estamos viendo.

Y aquí viene el turno de los bosques de ribera que acompañan al Henares o al Torote, o todo el telón alcarreño de Montes de Valdealcalá, con el parque de los Cerros y el Viso incluidos. ¿Podemos evitar que nuestra ciudad tenga que vivir durante décadas con un fondo visual ennegrecido por culpa de los incendios? ¿Perder esos cientos de hectáreas por donde mucha gente pasea, corre, monta en bici, acude de excursión con los niños, observa a las aves y los hongos que crecen por allí, escapa del estrés cotidiano que acarrea vivir en este entorno metropolitano saturado de 7 millones de habitantes?

Quizá haya que anticiparse con decisión a situaciones catastróficas futuras.

Los espacios naturales pueden cerrarse al público en situaciones especiales.

En cuanto al río Henares, que es Lugar de Interés Comunitario y forma parte de la Red Natura 2000, ha vivido momentos de cierre preventivo y temporal en la primavera de 2025 y el invierno de 2026, cuando hubo las crecidas de caudal que hicieron salirse de madre al Henares. Esto nos lleva a pensar que es posible, aunque no sea bien recibida por la población, la restricción de acceso en temporadas de alto riesgo de incendios forestales en el término municipal de Alcalá.

En cuanto a los cerros del término de Alcalá, hay varias situaciones. Hay propiedades privadas. Está el Parque de los Cerros, cuyas 806,80 hectáreas (787,8 ha son públicas, propiedad del Ayuntamiento de Alcalá, por ejemplo) están gestionadas por la Comunidad de Madrid. Tenemos el caso de la fracción que es del Ejército, en el cerro del Viso. O la densa ladera de pinar que corresponde a la parte alcalaína del Cerro del Viso. Entre otras.

La Ley de Montes permite prohibir el uso del fuego y el acceso o tránsito cuando el riesgo de incendios es muy alto o extremo. La normativa autonómica, de la Comunidad de Madrid, aplica restricciones automáticas en sus montes ante el riesgo de incendios. La legislación que ampara y regula el cierre de accesos, el paso y las actividades en los Montes de Utilidad Pública de la comunidad autónoma se fundamente en varios puntos:

  1. El Plan INFOMA (Decreto 59/2017 de 6 de junio): el Plan Especial de Protección Civil de Emergencia por Incendios de la Comunidad de Madrid regula de forma directa el acceso de la población. Contempla la posibilidad de restringir o prohibir el acceso y determinadas actividades en zonas forestales cuando la AEMET declare que el riesgo de incendio es muy alto o extremo. El ámbito de aplicación afecta a los montes, zonas forestales y franjas de 400 metros de terreno no forestal que los rodean, lo que deja dentro a zonas periurbanas o urbanas de Alcalá y urbanizaciones de Villalbilla, por ejemplo.
  1. Ley Forestal de la Comunidad de Madrid (Ley 16/1995): determina que cualquier uso social, deportivo, recreativo o turístico en los Montes de Utilidad Pública debe ser compatible con la conservación del medio natural. La Consejería competente tiene la potestad para suspender temporalmente autorizaciones de uso público o eventos deportivos dentro del monte si las condiciones del terreno, ecológicas o de seguridad ciudadana lo hacen necesario. Muchos lectores habrán visto circular motos por el camino que atraviesa el Parque de Los Cerros hacia el Portillo de Anchuelo, o motos de cross por las trialeras que constantemente abren dichos vehículos y bicicletas de montaña en el Parque de Servicio. No digamos la nada extraña presencia de paseantes que fuman en sus paseos o descansos en los espacios forestales que circundan la ciudad. Una chispa y…
  1. Modificación Estatal de la Ley de Montes (Real Decreto-ley 15/2022): el artículo 48, aplicable a la Comunidad de Madrid, obliga a las comunidades a activar prohibiciones inmediatas cuando el riesgo meteorológico sea extremo según los partes de la AEMET. Esto incluye la prohibición total de transitar, acampar o realizar actividades lúdicas en zonas forestales afectadas por el aviso para evitar riesgos tanto de ignición como personales. La restricción del uso del fuego está detallada en el Anexo II del Decreto 59/2017, INFOMA. Este Decreto es anterior al marco estatal (Real Decreto Ley 15/2022 de 1 de agosto) que le impone obligaciones; en el apartado 2.5 de dicho anexo se menciona la prohibición absoluta del uso del fuego y de las barbacoas (incluso en áreas recreativas habilitadas tradicionalmente con estructura de obra) en todo el suelo catalogado como forestal y la franja perimetral de seguridad de 400 metros en suelo no urbano durante todo el año. Tenemos el ejemplo cercano de la zona de recreo de la ermita de la Virgen del Espino, en Daganzo, donde el uso de las barbacoas se ha llegado a clausurar en temporada crítica; también se cierra al público el guadalajareño Bosque de Valdenazar, en Yebes, para dejar descansar al robledal tras la temporada intensa de visitantes. Aunque no es el caso, pues se trata de zona urbana, tengamos en cuenta la proximidad a los cerros de los barrios de viviendas unifamiliares donde es habitual y lógico que se hagan barbacoas en urbanizaciones vubilleras como Los Gigantes, Gurugú, Valdeobrea, Peñas Albas, Zulema o la alcalaína Ciudad 21 dentro de esta franja de 400 metros.

La normativa vigente permite adoptar restricciones temporales de acceso, incluso el cierre completo cuando las circunstancias de riesgo extraordinario lo justifiquen y la autoridad competente lo acuerde. Además, el Ayuntamiento de Alcalá, como propietario del Monte de Utilidad Pública 180 “Los Cerros”, en coordinación con la Comunidad de Madrid como ente gestor de dicho MUP, podría impulsar o solicitar la adopción de medidas de restricción que legalmente procedan.

Al haber varios municipios colindantes con toda esta cuerda de cerros (Los Santos, Anchuelo, Villalbilla y Torres), habría que desarrollar un plan coordinado entre todos para advertir a los ciudadanos de los peligros que conllevan las actividades imprudentes en momentos críticos de riesgo de incendios forestales.

¿Como ciudadanos estamos ante un drama? Teniendo en cuenta que las joyas medioambientales con que cuenta Alcalá (cerros y bosques de ribera) son tan necesarias para la calidad de vida en un entorno urbano y metropolitano densamente edificado y poblado, parece lógico que podamos resistir una serie de medidas preventivas durante unas pocas semanas al año para seguir disfrutando de estos entornos naturales. Alcalá cuenta con un inmenso casco histórico por el que pasear, numerosos parques mejor o peor mantenidos por donde resguardarnos del calor bajo la sombra de su arbolado, una amplia red de vías pecuarias al norte de la ciudad por donde disfrutar el medio agrícola cerealista y de paisajes abiertos hacia Camarma o Meco. Tengamos en cuenta que hay muchos barrios de Madrid o enormes poblaciones como L’Hospitalet de Llobregat, Coslada, Getafe, Leganés o Alcorcón que carecen del privilegio medioambiental de Alcalá y donde su población vive sin un acceso fácil y cercano a la naturaleza durante todo el año.

Por tanto, aquí va mi solicitud al Ayuntamiento de Alcalá en Pleno de que considere el inicio de toma de medidas que permitan mantener estos espacios naturales a salvo de potenciales incendios, aunque sea privándonos de su acceso durante unas semanas al año. Añado a esta solicitud el estudio de medidas preventivas que se lleven a cabo durante el resto del año: cartelería informativa, sanciones, vigilancia, control de accesos, recuperación de la patrulla medioambiental de la Policía Local y otras medidas que se llevan en lugares como la Casa de Campo de Madrid, que cuenta con recursos propios para situaciones de incendios forestales y la prevención de los mismos, como pastoreo dirigido. No en vano, los “Montes de Valdealcalá” son una suerte de “Casa de Campo” alcalaína, el pulmón de un entorno urbano inmediato de 300.000 habitantes que lo rodeamos.

Se trata de una medida muy impopular que ningún partido político en su sano juicio querría anunciar pocos meses antes de las elecciones, pero es una medida razonable y conveniente para debatir en Pleno a comienzos de la nueva legislatura. El medio natural alcalaíno, además, debido a la fuerte presión demográfica que se manifiesta en la gran cantidad de personas de la ciudad y pueblos vecinos que lo utilizamos (yo incluido, y el primero que asume el hipotético cierre preventivo), necesita de un estudio del impacto que generamos (afectación a la vegetación y a la fauna, erosión de laderas de arcillas o compactación del suelo por pisoteo, apertura de caminos espontáneos por caminantes y deportistas, daños al patrimonio histórico como las ermitas o el castillo y etnográfico como las cuevas, acumulación de basuras en zonas de botellón o de baño no permitido como las presas…) y de cuantificación de la capacidad de carga de dichos espacios, que quizá necesiten momentos de descanso ecológico como el que existe para el ya mencionado Bosque de Valdenazar de Yebes, Guadalajara, regulado por la Ordenanza Municipal Reguladora de dicho bosque y su propio Plan de Gestión, aprobados por ese ayuntamiento castellano-manchego.

Muy probablemente no haría falta proponer este tipo de medidas, al margen de actuaciones propias del manejo del monte, si actuásemos con responsabilidad, si tuviéramos claro que no se puede fumar, encender fuego o transitar con motos o coches en determinados lugares. Pero es casi imposible hacer entrar en razón a personas ingobernables que van por libre por la vida.

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