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Dragones, música y fuego despidieron una edición histórica que volvió a convertir Alcalá en referente internacional del teatro clásico y callejero
- Crónica gráfica de Clásicos en Alcalá (R.G.) y video de Myriam Trujillo para ALCALÁ HOY
La XXV edición del Festival Hispanoamericano del Siglo de Oro de la Comunidad de Madrid. Clásicos en Alcalá bajó definitivamente el telón este domingo con una gran celebración en las calles que convirtió el centro histórico en un inmenso escenario al aire libre. Durante varias horas, miles de vecinos y visitantes recorrieron plazas y calles acompañando a dragones, sátiros, criaturas mitológicas, música en directo y espectáculos de fuego que pusieron el broche de oro a casi un mes de intensa programación cultural. La clausura confirmó, una vez más, la extraordinaria capacidad del festival para sacar el teatro de los escenarios convencionales y llevarlo hasta el corazón mismo de la ciudad, donde patrimonio, cultura y ciudadanía volvieron a encontrarse.
El ambiente comenzó a respirarse mucho antes del inicio oficial de los espectáculos. Desde primera hora de la tarde el casco histórico fue llenándose de familias, grupos de amigos y visitantes que aprovecharon la jornada dominical para despedir una edición muy especial, la del vigésimo quinto aniversario de un festival que se ha consolidado como una de las grandes referencias nacionales e internacionales del teatro clásico.
Las terrazas de la Plaza de Cervantes, la calle Libreros, la Plaza de San Diego y los accesos al recinto histórico fueron ganando público conforme avanzaba la tarde. Muchos acudían expresamente para contemplar los espectáculos de calle; otros prolongaban su estancia tras disfrutar de alguna de las últimas representaciones teatrales del certamen.
No se trataba únicamente de asistir a un desfile, sino de participar en una gran celebración colectiva que despedía casi cuatro semanas durante las que Alcalá volvió a respirar teatro prácticamente en cada rincón de su casco histórico.
Un casco histórico convertido en un escenario fantástico
La gran fiesta comenzó al caer la noche. El primero en irrumpir fue el universo fantástico creado por Alea Teatre con Sátiros y demonios, una propuesta itinerante que recorrió la Plaza de San Diego, Pedro Gumiel y la Plaza de Cervantes.
Los personajes mitológicos aparecieron entre el público sorprendiendo especialmente a los más pequeños, aunque también arrancaron sonrisas y fotografías entre los adultos. La cercanía con los actores permitió que la representación trascendiera el concepto tradicional de desfile para convertirse en una auténtica experiencia inmersiva.
La música en directo, las coreografías y la interacción constante con los asistentes hicieron que las calles dejaran de ser simples espacios de paso para transformarse en un escenario vivo donde el público formaba parte del espectáculo.
Apenas unos minutos después llegó uno de los momentos más esperados de la noche. Desde la calle Libreros hizo su aparición Quimera, el espectacular dragón articulado de doce metros creado por la compañía La Fam.
Su llegada provocó una auténtica oleada de teléfonos móviles levantados al cielo. El enorme animal mecánico avanzó lentamente entre la multitud moviendo cabeza, cuello, alas y cola mientras expulsaba humo y espectaculares llamaradas que iluminaban las fachadas históricas del centro de Alcalá.
El efecto visual resultó impactante. La combinación entre maquinaria escénica, interpretación teatral y efectos especiales convirtió el recorrido del dragón en una de las imágenes más recordadas de esta edición del festival.
El fuego puso el broche final
Cuando parecía imposible elevar aún más la intensidad de la velada llegó el turno de Bestias Ígneas, de L’Avalot Teatre. La propuesta llenó nuevamente la Plaza de San Diego y la calle Pedro Gumiel antes de desembocar en una abarrotada Plaza de Cervantes, donde el espectáculo alcanzó su máxima espectacularidad.
Grandes esqueletos de dragones recorrían lentamente las calles acompañados por una potente banda sonora de inspiración electrónica mientras los efectos pirotécnicos envolvían cada movimiento con chispas, fuego y humo.
No era una recreación tradicional del bestiario medieval, sino una reinterpretación contemporánea que mezclaba teatro visual, grandes estructuras móviles y un lenguaje escénico muy actual. El resultado fue una clausura de enorme fuerza estética que arrancó prolongados aplausos del público y puso el punto final a una noche marcada por la sorpresa permanente.
El carácter gratuito de todos estos espectáculos volvió a demostrar la apuesta del festival por acercar las artes escénicas a públicos muy diversos, permitiendo que miles de personas pudieran disfrutar del teatro de calle sin necesidad de acceder a una sala convencional.
Mucho más que un desfile de clausura
Aunque la gran fiesta callejera concentró buena parte del protagonismo de la jornada, el último fin de semana del festival también mantuvo una intensa actividad en los escenarios habituales.
El Teatro Salón Cervantes acogió las últimas funciones de La dama boba, coproducción internacional basada en la célebre comedia de Lope de Vega dirigida por Josep Maria Mestres. El Corral de Comedias cerró igualmente su programación con Cerca del Tajo, en soledad amena, inspirada en las églogas de Garcilaso de la Vega, mientras Gilitos recibió El libro del buen amor, una revisión contemporánea y musical del clásico del Arcipreste de Hita.
A ello se sumaron las instalaciones sonoras de las Cabinas Literarias y las actividades paralelas que durante los últimos días siguieron acercando al público textos de Cervantes, Calderón, Sor Juana Inés de la Cruz, Lope, Shakespeare y otros grandes autores del patrimonio literario universal.
La clausura del domingo simbolizó precisamente esa filosofía que ha caracterizado toda la edición: combinar grandes producciones teatrales con espectáculos populares capaces de atraer tanto al espectador habitual como a quien simplemente pasea por las calles del centro histórico.
Un cuarto de siglo convertido en referente cultural
Con esta gran celebración concluyó una edición especialmente significativa al coincidir con el vigésimo quinto aniversario del festival.
Durante casi un mes, Alcalá de Henares volvió a convertirse en la capital del teatro clásico en español gracias a una programación que reunió cerca de sesenta propuestas escénicas, compañías procedentes de numerosos países y más de una veintena de estrenos, confirmando la dimensión internacional que el certamen ha adquirido en los últimos años.
La organización, impulsada conjuntamente por la Comunidad de Madrid y el Ayuntamiento de Alcalá de Henares, volvió a apostar por una programación abierta que combinó teatro, música, danza, títeres, circo, conferencias, exposiciones y actividades familiares repartidas por algunos de los espacios patrimoniales más emblemáticos de la ciudad.
En la jornada de clausura estuvieron presentes los concejales del Equipo de Gobierno Santiago Alonso, Antonio Saldaña y Víctor Cobo, quienes compartieron con vecinos y visitantes el ambiente festivo que envolvió durante toda la noche el casco histórico.
Con los últimos acordes musicales y las últimas llamaradas extinguiéndose sobre la Plaza de Cervantes, el festival bajó definitivamente el telón hasta la próxima edición. Lo hizo dejando una imagen difícil de olvidar: la de una ciudad Patrimonio de la Humanidad convertida, una vez más, en un gigantesco escenario donde los clásicos dialogaron con el presente entre dragones, criaturas fantásticas, fuego, música y miles de personas que volvieron a demostrar que, en Alcalá, la cultura también se vive caminando por sus calles.






















