Cada verano, cuando el calor aprieta en Alcalá de Henares, hay 24 niños que descubren que el verano también puede significar otra cosa. No solo piscinas, parques o helados. También camas que no son tiendas de campaña, revisiones médicas, comidas equilibradas, abrazos cotidianos y la posibilidad de vivir, durante dos meses, una infancia parecida a la de cualquier otro niño.
Ese pequeño milagro cotidiano volvió a repetirse este viernes en el Centro Cultural La Galatea, donde el Ayuntamiento de Alcalá dio la bienvenida oficial a los menores saharauis que participan en una nueva edición del programa Vacaciones en Paz. Un acto cargado de simbolismo, pero también de emoción, porque detrás de cada niño hay una historia marcada por el exilio y detrás de cada familia de acogida existe una decisión que va mucho más allá de abrir la puerta de casa.
La concejala de Participación Ciudadana, Esther de Andrés, presidió la recepción institucional acompañada por la presidenta de la Asociación de Amigos del Pueblo Saharaui, secretaria de la Federación de Asociaciones Madrileñas de Amigos del Pueblo Saharaui (FEMAS Sáhara) y coordinadora regional del programa, Virginia Fernández García-Abad, así como por el responsable de la delegación saharaui, Jalil Mohamed Abdelaziz.
Los protagonistas, sin embargo, eran fácilmente identificables. Veinticuatro niños y niñas de entre ocho y doce años, muchos todavía tímidos tras un largo viaje desde los campamentos de refugiados de Tinduf, en Argelia, observaban con curiosidad un lugar que durante julio y agosto será su hogar.
Más que unas vacaciones
«Estas Vacaciones en Paz van a ser una experiencia inolvidable para los niños y también para las familias de acogida». Con estas palabras, Esther de Andrés resumió el espíritu de un programa que Alcalá mantiene vivo desde hace más de veinte años.
La concejala destacó que la iniciativa representa «la mejor expresión de los valores de generosidad, solidaridad y humanidad» de una ciudad que, según afirmó, vuelve a demostrar su carácter acogedor y comprometido. Pero detrás de las palabras institucionales existe una realidad mucho más tangible.
Para estos menores, el verano supone escapar durante dos meses de temperaturas que superan con frecuencia los cincuenta grados en pleno desierto argelino. Significa disponer de agua corriente, alimentación variada, revisiones pediátricas, atención odontológica si es necesaria y la posibilidad de detectar problemas de salud que, en muchos casos, resultarían imposibles de tratar en los campamentos.
También supone jugar sin que el calor extremo marque el ritmo del día. Y, quizá lo más importante, convivir con familias españolas que, año tras año, convierten una experiencia temporal en vínculos afectivos que suelen perdurar durante décadas.
Una historia de solidaridad que empezó hace más de veinte años
El programa Vacaciones en Paz forma parte de una iniciativa internacional impulsada conjuntamente por las asociaciones de amistad con el pueblo saharaui, las delegaciones del Frente Polisario en España y el Ministerio de Juventud y Deportes de la República Árabe Saharaui Democrática.
En Alcalá de Henares comenzó a desarrollarse en 2003 gracias al respaldo económico y logístico del Ayuntamiento y al trabajo constante de la Asociación de Amigos del Pueblo Saharaui. Desde entonces, decenas de familias complutenses han participado como acogedoras. Muchas repiten cada verano. Algunas incluso mantienen el contacto durante todo el año con los menores y con sus familias biológicas en los campamentos.
No es extraño que un niño que llegó con ocho años vuelva años después convertido en adulto para reencontrarse con quienes durante varios veranos fueron también su familia. Ese es uno de los aspectos menos visibles del programa: la red de afectos que se crea entre dos mundos separados por miles de kilómetros pero unidos por experiencias compartidas.
Virginia Fernández García-Abad, una de las personas que mejor conoce la evolución del proyecto en la Comunidad de Madrid, volvió a poner rostro a ese esfuerzo colectivo que permite coordinar desplazamientos, documentación, acogidas y seguimiento sanitario de todos los menores participantes.
Tinduf, una infancia marcada por el exilio
Los niños que este verano recorrerán las calles de Alcalá nacieron en los campamentos de refugiados saharauis situados en Tinduf, en el suroeste de Argelia. Muchos de ellos pertenecen ya a la tercera generación nacida en el exilio.
Sus abuelos abandonaron el Sáhara Occidental hace medio siglo y desde entonces miles de familias continúan viviendo en asentamientos levantados en una de las zonas más áridas del planeta, dependiendo en gran medida de la ayuda humanitaria internacional.
Las altas temperaturas estivales, las dificultades para acceder a determinados tratamientos médicos y las limitaciones alimentarias convierten cada verano en un periodo especialmente complicado para la infancia. Precisamente por ello nació Vacaciones en Paz.
Durante julio y agosto, los menores pueden someterse a revisiones médicas completas, recibir tratamientos específicos cuando son necesarios, mejorar su alimentación y descansar en condiciones muy diferentes a las habituales. Al mismo tiempo, el programa favorece el aprendizaje y la práctica del castellano, idioma ampliamente conocido entre la población saharaui por la vinculación histórica con España.
Una solidaridad que también transforma a las familias
Quienes participan por primera vez suelen pensar que son ellos quienes ayudan a un niño. Quienes llevan años acogiendo responden casi siempre lo mismo: reciben mucho más de lo que dan. Las familias de acogida hablan de amistades que duran toda la vida, de despedidas emocionantes en septiembre y de reencuentros que se esperan durante meses.
La experiencia termina convirtiéndose en un intercambio humano donde las diferencias culturales desaparecen rápidamente para dejar paso a una convivencia marcada por la normalidad. Los niños descubren nuevas costumbres. Las familias aprenden otra forma de entender la resistencia, la adaptación y la esperanza.
Ese intercambio constituye uno de los principales objetivos del programa desde su creación: sensibilizar a la sociedad sobre la realidad del pueblo saharaui al tiempo que ofrece un beneficio inmediato a los menores participantes.
En Alcalá, ese compromiso vuelve a materializarse gracias a la implicación de la Asociación de Amigos del Pueblo Saharaui, el apoyo municipal y la disponibilidad de familias que cada verano deciden reservar una habitación, y un lugar en la mesa, para un niño que llega desde el desierto.
No se trata únicamente de unas vacaciones. Durante dos meses, esos menores dejan atrás el calor extremo de Tinduf para descubrir otra realidad.Y Alcalá vuelve a demostrar que la solidaridad no siempre necesita grandes discursos. A veces basta con abrir la puerta de casa para que dos vidas cambien al mismo tiempo.


















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