¡Qué frío! | Por Javier Bardón

El profesor de Psicología Social y escritor Javier Bardón reflexiona en esta tribuna sobre el cambio climático, el modelo económico basado en el crecimiento perpetuo y la incapacidad de las sociedades para pensar más allá del corto plazo. Con ironía y un tono provocador, plantea que el verano que hoy soportamos podría parecer fresco comparado con los que están por venir.

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  • Bardón cuestiona el cortoplacismo económico y advierte que el calor extremo anticipa un futuro climático mucho más difícil para todos.

      • Javier Bardón es profesor de Psicología Social, escritor y peatón»

Asúmanlo: el mes de julio que se nos viene encima será uno de los más fríos de los que nos quedan por delante.

Es la conclusión a la que uno llega observando las curvas históricas, serpenteantes, sí, pero obstinadamente ascendentes, de la estación meteorológica de El Encín. Escojan la métrica que prefieran: temperaturas máximas, medias, número de días por encima de veinticinco grados. Todas pican hacia arriba. Si el clima cotizara en bolsa nadie contrataría depósitos garantizados.

«Es imposible predecir el tiempo que hará mañana en Sevilla», argumentarán los autodidactas del Youtube; para luego añadir: «En la Tierra ha habido épocas más cálidas que la actual».

Y tienen razón; al fin y al cabo, el clima siempre ha oscilado. Todo habría sido más fácil de haber permanecido estable unos cuantos millones de años; justo hasta el momento en que a los humanos nos dio por emitir toneladas de CO₂ a cholón. O tal vez ni siquiera así: «¡Una mera coincidencia! ¡Correlación no implica causación!», objetarían entonces.

A mí este tema del cambio climático me recuerda a cuando trabajaba en multinacionales como jefe de marca. Todos los años debía hacer un pronóstico de ventas para el año siguiente; el forecast, lo llamaban. Siempre daba una cifra al alza, o sea, con algún tipo de crecimiento, por pequeño que fuera. Jamás me hubiera atrevido a presentar una estimación negativa. Mi jefe me la habría corregido. O el jefe de mi jefe. El decrecimiento era un anatema, una idea impensable para un ejecutivo ambicioso (no serlo no era una opción).

Yo era consciente de lo ridículo del planteamiento: primero, porque en las categorías maduras en las que trabajaba unas marcas crecían canibalizando a las otras (aunque sospecho que todos los respectivos ejecutivos estimaban un crecimiento para sus marcas); y, segundo, porque llevaba implícita la fantasía de un crecimiento infinito en un mundo finito.

Afortunadamente nadie hacía ese tipo de preguntas; lo único que importaba eran los números del año siguiente. Hoy la lógica económica sigue siendo la misma. Se piensa, se planifica y se toman decisiones con un horizonte cortoplacista. Del futuro ya se ocupará… el que venga.

Leo que esta semana, en Centroeuropa, la peor ola de calor desde que existen mediciones está dejando cientos de muertos a su paso. En Francia, el récord absoluto de temperatura del martes duró solo un día; el miércoles fue pulverizado. Impresiona ver a gente refrescándose en ríos de dudosa salubridad o bajando a los parques a dormir, porque las buhardillas de zinc son un infierno.

En esta tesitura, con los exámenes cancelados por la ola de calor, solo a Louis Vuitton se le ocurre montar un desfile en una playa artificial, con una ola de ocho metros de altura, en medio de la Cité Universitaire de París. La marca de lujo justificó el evento en los beneficios que dejará para las arcas universitarias. Mientras, al otro lado de la ciudad, en los barrios de la periferia, la policía desmontaba las piscinas de plástico que los vecinos habían colocado improvisadamente para combatir el calor extremo.

¿Agravio comparativo? ¿Falta de solidaridad? ¿O solo la típica miopía de ver el mundo a través de unas gafas graduadas por el capitalismo? Mejor no le den demasiadas vueltas. Bastante tienen ya las neuronas con soportar este calor.

Salgan. Compren. Consuman. Que mañana seguirá saliendo el sol.

Y disfruten de este verano. Probablemente será de los más frescos del resto de su vida.

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1 Comentario

  1. Muy buen artículo. Nunca está demás recordar lo inconsecuentes y cortoplacistas que somos. Pero, tampoco hace falta ir muy lejos para ver los resultados que ya estamos cosechando.

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