ERREJÓN, ORTIZ Y LOS DEMÁS | Por Pilar Blasco

Iñigo Errejón es una víctima de sí mismo. El Fiscal General del Estado, Álvaro García Ortiz también lo es. El primero por haber promovido, sostenido y defendido por y con su partido unas leyes manifiestamente injustas, discriminatorias para y contra los hombres, los varones, víctimas desde hace muchos años ya de trato legal y judicial injusto, humillante y aberrante en muchos casos, atados de pies y manos por la apisonadora feminista antes, ahora por la femi-nazi-woke.

Foto composición de Pedro Enrique Andarelli
  • Pilar Blasco es  licenciada en Lengua española y ha colaborado en publicaciones locales en temas de actualidad política y cultural.

Iñigo Errejón es una víctima de sí mismo. El Fiscal General del Estado, Álvaro García Ortiz también lo es. El primero por haber promovido, sostenido y defendido por y con su partido unas leyes manifiestamente injustas, discriminatorias para y contra los hombres, los varones, víctimas desde hace muchos años ya de trato legal y judicial injusto, humillante y aberrante en muchos casos, atados de pies y manos por la apisonadora feminista antes, ahora por la femi-nazi-woke. El segundo, El fiscal sumiso al poder, por algo parecido pero peor, haberse entregado voluntariamente al servicio de cualquier componenda -sonrisa halagadora en rostro y actitud servil y complaciente- de la pareja presidencial y su sospechoso entorno, sin necesidad y sin pudor ni vergüenza.

Este segundo caso es más perverso si cabe, puesto que se trata de un funcionario público del más alto nivel del ámbito de la Justicia. La dignidad y prestigio de estas personas precisamente se funda en haber llegado a esos puestos por estudios, por experiencia en la práctica, por méritos propios (poniéndonos en lo mejor) y por valores morales, como la imparcialidad en la aplicación de las leyes, etc. En el caso de un fiscal de cualquier nivel, su desempeño consiste en la defensa del bien común, el Estado, que no el Gobierno, frente al delito. Y no digo más, visto lo visto, pues el señor García Ortiz está haciendo el papel de abogado defensor de Begoña Gómez y su marido, además de mamporrero contra Ayuso. Es inaudito pero cierto que todos aquellos méritos profesionales, sean tirados por la borda a cambio del favor de un partido y de un autócrata al fin y al cabo efímero (O García Ortiz también piensa perpetuarse en el poder).

Errejón es un caso diferente, menor si se quiere. Dicen que es muy inteligente, un cerebro, según los que le conocen. Pero de su vida pública sabemos que cobraba una beca sustanciosa de doctorado o lo que fuera, en Málaga, y no iba a clase, ni siquiera estaba allí. Por qué me suenan esas cosas de no ir a clase, sacar títulos sin estudiar, no saber dónde está tu trabajo, etc… Que su posición en la política se debe, como tantos, a militar en un partido -Podemos, Más Madrid- desde que le salen los dientes hasta la jubilación vitalicia (también me suena). Y, sobre todo y lo que nos ocupa en este caso, por militar con fervor y entusiasmo a favor de las leyes de género, las que más arriba he descrito como causa de muchos males masculinos. Las que promueven y animan a la conversión de hombres en mujeres y viceversa, por medio de un papel en el Registro,  con  el que violadores y pederastas tienen acceso a toda clase de ámbitos femeninos, con las consecuencias derivadas. Podemos cerrar los ojos a esas consecuencias, ya documentadas y sufridas en el mundo woke, al que pertenecemos gracias a Errejón y los suyos, que no por eso desaparecerán los casos de abusos y violaciones en cárceles, gimnasios, equipos deportivos y demás espacios a donde llegan por derecho esas nuevas féminas.

Pues Errejón, ese joven imberbe de cara de niño empollón, tenido por gran intelectual con cargo público, resulta que tiene la naturaleza del ser humano, la del varón humano, los impulsos y debilidades, vicios y costumbres de los humanos de su sexo biológico y de su género gramatical. Y ahora son del dominio público, qué bochorno, nuestras vivencias y actos más íntimos en la plaza pública de tertulias y pantallas de aquí y allá como escarnio y carnaza para el populacho. Algunos dicen que para despistar, cortina de humo, de otros escándalos. Imposible, esa teoría ya tampoco funciona. El caso Errejón es uno más y no sirve para ocultar nada sino para corroborar la idiosincrasia de la mayor parte de la clase política, la que ahora está en el poder desde luego, la que dice y obliga lo que tenemos que hacer y decir mientras ella, ellos, hacen todo lo contrario procurándose la impunidad más obscena. Más viejo que la tos pero que sigue funcionando en la votancia ignorante y fanática que perdona y justifica todo de los suyos aunque ataque su moral y sus principios más básicos y elementales.

Errejón se merece lo que le está pasando, no porque sea imputado de un delito sin probar, por una testigo o víctima más que dudosa por muchas razones, no por sujeto de denuncia probablemente falsa como tantas, etc., sino por ser cómplice de leyes aberrantes y dañinas para una parte, la mitad al menos, de la sociedad y de la humanidad. Así que muchos pensamos lo mismo, que probablemente no es culpable pero moralmente lo es y mucho. Nada como probar en carne propia la espada o el veneno para saber sus efectos. Nada como una dosis de realidad y de jarabe democrático para reflexionar, mejor que cualquier teoría de facultad de Derecho o de asamblea legislativa de las que padecemos para lucimiento de mindundis semianalfabetos.

El fiscal general está en el alero y en el candelero esperando que un escándalo mayor, si los hay, oculte su traición al Estado y a la ley. Es difícil, lo suyo son palabras mayores, no responde a leyes insensatas de bragueta y otras debilidades humanas. Lo suyo atenta contra los cimientos del Estado y de los derechos del ciudadano, tipificado como revelación de secretos entre la Administración y el individuo, filtración de datos personales, utilización de información confidencial de un particular, con fines políticos partidistas… tratando por todos los medios de involucrar en el ajo a la fiscal jefe de Madrid y a un diputado socialista que ha tenido que dimitir. En fin, lo más ruin y delictivo a manos de una autoridad jurídica de primer nivel, el defensor precisamente del bien común frente a los abusos del poder y el delito, el fiscal General del Estado. Casi nada.

-Álvaro, ¿lo has filtrado tú?

-Eso ahora no importa. Es imperativo

 

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