Alcalá se rinde a sus Patronos en un Fin de Fiesta inolvidable

Alcalá de Henares ha celebrado este miércoles 6 de agosto la festividad de sus patronos, los Santos Niños Justo y Pastor, con una jornada cargada de emoción, tradición y participación vecinal. La procesión recorrió el corazón del Casco Histórico arropada por miles de alcalaínos y tuvo como momento más simbólico una emotiva petalada desde el balcón del Ayuntamiento. Gigantes, cabezudos, misa solemne y aperitivo popular completaron un día redondo para el recuerdo colectivo.

Foto del Ayuntamiento
  • Una ciudad volcada con sus Santos Niños, un Ayuntamiento engalanado con pétalos, limonada fresquita y gigantes que siguen tocando el corazón de mayores y pequeños.
  • Crónica gráfica y video de Myriam Trujillo para ALCALÁ HOY

Alcalá ha vuelto a latir al ritmo de su historia más profunda, su tradición más arraigada y su fervor más sincero. La festividad de los Santos Niños Justo y Pastor ha culminado este miércoles con un Fin de Fiesta redondo, de esos que se graban en la memoria colectiva, entre aplausos, vivas y olor a empanada.

Desde primera hora de la mañana, el ambiente ya prometía. La Comparsa de Gigantes y Cabezudos hizo su salida triunfal, despertando sonrisas a su paso por el Hospitalillo de Antezana, donde los mayores recibieron a sus visitantes de cartón-piedra con emoción renovada. Los gigantes, esos que nunca envejecen, fueron una vez más embajadores del cariño de todo un pueblo a sus raíces.

Y entre una parada y otra, el vermú. O mejor dicho, el aperitivo gratuito que congregó a vecinos de todas las edades en la Plaza de Palacio: limonada fresquita y empanada popular servida con gracia por voluntarios y con entusiasmo por ediles de todos los colores políticos. Porque si algo une en Alcalá, es el buen yantar y la devoción por sus Santos.

La jornada, festiva y luminosa, tuvo su momento culminante por la tarde, con la procesión Csolemne de Justo y Pastor, que salió de la Catedral Magistral tras la misa oficiada por el obispo complutense, Monseñor Antonio Prieto Lucena. El recorrido, ya clásico, acompañado en esta ocasión por la Agrupación Musical Pasión y Gracia de Ajalvir, desde la Plaza de los Santos Niños, calle Mayor, Plaza Cervantes, Santa Úrsula, Escritorios y regreso a la Catedral, estuvo marcado por la emoción contenida y un público entregado.

Pero fue al llegar a la altura del Ayuntamiento donde se produjo el momento mágico. Como ya se había anunciado, una lluvia de pétalos cayó desde el balcón consistorial sobre los Santos Mártires, en una escena que arrancó aplausos, vítores y alguna que otra lágrima. Una decena de niños, protagonistas del gesto, lanzaron las flores entre sonrisas y solemnidad, en lo que ya muchos consideran un ritual que ha venido para quedarse.

La alcaldesa Judith Piquet, acompañada por los tenientes de alcalde Isabel Ruiz Maldonado, Víctor Acosta y Gustavo Severien, los ediles populares Antonio Saldaña, Vicente Pérez, Cristina Alcañiz, Teófilo Lozano, Esther de Andrés, Lola López y Orlena de Miguel  que también procesionaron, fueron la representación institucional de un equipo de Gobierno que se volcó en los actos. “Es un honor vivir estas fiestas desde el corazón de Alcalá, con los vecinos, las familias y nuestras tradiciones más queridas”, señaló la regidora, visiblemente emocionada. El grupo municipal socialista estuvo representado únicamente en la misa por el por portavoz Javier Rodríguez Palacios, María Aranguren, Diana Díaz del Pozo y Enrique Nogués.

Con este homenaje floral, la ciudad cerró una semana completa de actividades: desde el emotivo pregón a cargo de la Asociación Complutense de Belenistas, que celebra su 30 aniversario, hasta las propuestas culturales, infantiles y musicales que han animado plazas y rincones. Magia, cuentacuentos, visitas teatralizadas, conciertos y conferencias han tejido una programación variada y con sabor propio.

La de este año no ha sido una fiesta cualquiera. Ha sido, según muchos asistentes, una de las más sentidas y participativas de los últimos tiempos. Quizá por la combinación entre tradición y novedad, entre fervor religioso y actividades populares. Quizá por el calor de agosto o por las ganas de celebrar después de tiempos inciertos. O quizá, simplemente, porque Alcalá sabe celebrar lo suyo con alma, con elegancia y con entrega.

Y mientras se apagan los ecos de la música y se barren los últimos pétalos de la Plaza de Cervantes, queda ese sabor dulce del deber cumplido y la fiesta bien vivida. Hasta el año que viene, Santos Niños. Alcalá os espera con el corazón abierto… y la empanada lista.

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