- El rechazo de la moción evidencia el choque político sobre el modelo turístico, mientras el debate se aleja de las demandas vecinales.
[Moción conjunta nº 3/2026 de los Grupos Municipales Socialista y Más Madrid Alcalá para la creación de una mesa de convivencia del Casco Histórico como parte del Plan Estratégico de Turismo de Alcalá de Henares]
El Pleno municipal de abril dejó una escena que, más allá de la votación, explica bastante bien el momento político que atraviesa Alcalá. Una moción conjunta de PSOE y Más Madrid para crear una Mesa de Convivencia del Casco Histórico, razonable en su planteamiento y alineada con demandas vecinales, acabó rechazada por la mayoría de PP y Vox. Nada inesperado. Lo verdaderamente relevante no fue el resultado, sino el desarrollo del debate y, sobre todo, el momento en el que dejó de hablarse de convivencia para pasar a hablar, sin rodeos, de la crisis interna del PSOE.
La coincidencia con la actualidad vecinal añadía contexto. Esta misma mañana de domingo, residentes del casco histórico se concentraban en la Plaza de los Cuatro Caños para denunciar el impacto del ruido y la saturación de eventos. Días antes, su portavoz había llevado esas mismas quejas al Pleno con un discurso directo, sin artificios: presión creciente sobre el barrio, incumplimientos acústicos y consecuencias reales sobre el descanso y la salud. “No pedimos que no haya eventos, pedimos que se planifiquen, se regulen y se controlen”.
Sobre ese terreno, PSOE y Más Madrid registraban la moción conjunta nº 3/2026 para crear un espacio estable de diálogo entre vecinos, hosteleros, técnicos y grupos políticos dentro del futuro Plan Estratégico de Turismo. Un movimiento lógico: recoger una demanda social, darle forma institucional y obligar al Gobierno a posicionarse. Todo dentro de la normalidad política. Hasta que el Pleno dejó de ser normal.
Del asunto al trasunto: una moción que pierde el foco
El arranque del debate transcurrió por cauces previsibles. Más Madrid puso sobre la mesa la dimensión estructural del problema, recordando que el modelo turístico del casco histórico no es fruto de una decisión puntual, sino de años de acumulación de eventos y políticas de promoción con efectos secundarios cada vez más visibles. La cifra, un evento cada 3,8 días, sirvió para ilustrar una presión sostenida sobre el espacio urbano.
El PSOE, por su parte, intentó reforzar la iniciativa desde un enfoque más técnico. La creación de órganos de participación, defendió, no es una ocurrencia coyuntural, sino una exigencia inherente al modelo de destino turístico inteligente. Dicho de otra forma: la mesa de convivencia llegará antes o después, con o sin esta moción.
El equipo de Gobierno respondió en primera instancia con un guion reconocible: rechazo de la propuesta, defensa de las medidas ya adoptadas para reducir el impacto de determinados eventos y compromiso de incorporar la participación vecinal en el futuro Plan Estratégico de Turismo. Nada que no se hubiera escuchado antes en otros debates similares. Hasta ahí, el Pleno seguía siendo un Pleno. Pero ese equilibrio iba a durar poco.
El momento Ruiz convierte el debate en un retrato del PSOE
Fue en su segunda intervención cuando la primera teniente de alcaldesa, Isabel Ruiz, decidió que la discusión dejaba de girar en torno a la moción para centrarse en el estado interno de quienes la defendían. Y lo hizo con una intervención extensa, deliberada y cargada de intención política.
La concejala arrancó con una advertencia a Más Madrid que marcó el tono: cuidado con las endogamias, vino a decir, porque añadió, “pueden dormir en el mismo lecho, pero tengan cuidado con el portavoz del PSOE, que ya saben cómo se las gasta”. A partir de ahí, el foco del debate se desplazó de forma nítida hacia la crisis socialista.
En clave irónica, Ruiz recuperó uno de los reproches ya formulados en sesiones anteriores, aludiendo al “cursillito de turismo” de la concejala María Aranguren, que según ironizó se estaba “estirando como un chicle”. Una forma de desacreditar la reiteración de iniciativas similares sin efectos prácticos, según la interpretación del Gobierno.La intervención avanzó insistiendo en la idea de repetición, “otro pleno más hablando de lo mismo» para introducir el argumento central: que la actualidad política de la oposición en Alcalá no pasa por sus propuestas, sino por el expediente de expulsión abierto contra Quique Nogués.
A partir de ese momento, Ruiz trazó un retrato crítico del PSOE local. Habló de un partido fracturado, con una militancia enfrentada a su propio portavoz, recordó la dimisión del secretario general como síntoma de esa crisis y cuestionó la creación de una gestora que, en su opinión, responde a una estrategia para controlar los tiempos internos del partido.
El tono se endureció cuando la intervención abandonó el plano general para dirigirse directamente a la bancada socialista. Ruiz interpeló a las concejalas, cuestionando su posición en ese conflicto y su silencio ante lo que calificó como un “escarnio público” dentro del propio grupo. En ese contexto, evocó la salida de Blanca Ibarra, señalando que, a su juicio, “al menos tuvo la dignidad de irse”, estableciendo un contraste explícito con la situación actual. Las preguntas, formuladas en voz alta, buscaban proyectarse más allá del salón de plenos: qué significa hoy el compañerismo dentro del PSOE y qué imagen está trasladando un partido inmerso en ese tipo de dinámica interna.
En ese tramo final, la intervención dejó completamente al margen el contenido de la moción para centrarse en la credibilidad del PSOE como alternativa de gobierno. El argumento, repetido en distintos registros, era claro: difícilmente puede liderar la convivencia en la ciudad quien no es capaz de sostener la suya propia. Para entonces, la propuesta había pasado a un segundo plano, eclipsada por el cuestionamiento de fondo: si el PSOE está hoy en condiciones de liderar algo más que sus propios conflictos.
En ese cruce, Más Madrid optó por un perfil bajo, evitando entrar en el cuerpo a cuerpo sobre la crisis socialista y manteniendo su intervención en el terreno de la propuesta.
Un PSOE condicionado por su propia crisis
La contundencia de la intervención del Gobierno no se entiende sin el contexto político en el que se produce. La crisis interna del PSOE complutense no es un elemento retórico, sino una realidad que atraviesa su funcionamiento y condiciona su acción política.
Y eso se notó en el Pleno.
El grupo socialista intentó devolver el debate al terreno de la gestión, insistiendo en la necesidad de diálogo, en la legitimidad de las demandas vecinales y en la previsibilidad de que la mesa de convivencia acabe formando parte del modelo turístico municipal. También denunció el uso político de esas demandas por parte del Gobierno. Pero el foco ya había cambiado. Cuando el debate se desplaza hacia la credibilidad del actor político, la discusión sobre el contenido pierde peso. Y eso fue exactamente lo que ocurrió: el PSOE hablaba de convivencia mientras el Pleno hablaba de su crisis interna.
La votación confirmó lo esperado: la moción fue rechazada con los votos de PP y Vox. La Mesa de Convivencia no saldrá adelante en los términos planteados por PSOE y Más Madrid. Eso no significa, sin embargo, que no vaya a existir en el futuro. El propio equipo de Gobierno ha dejado claro que el Plan Estratégico de Turismo incorporará mecanismos de participación con vecinos y agentes implicados. La diferencia radica en el control político de ese proceso y en quién capitaliza su puesta en marcha.
Lo ocurrido en este punto del Pleno apunta a un patrón que previsiblemente se repetirá en los próximos meses. La crisis del PSOE se ha convertido en un elemento central del debate político local y el Gobierno municipal parece decidido a mantenerla en el centro de la escena.Mientras tanto, la oposición tendrá que decidir cómo responde a ese marco: si intenta recentrar el debate en la gestión o si entra en una dinámica de confrontación donde el Ejecutivo se mueve con mayor comodidad y con motivos políticos.
Entre tanto, los problemas que motivaron la moción, ruido, saturación, convivencia, seguirán presentes. Probablemente se abordarán, pero no necesariamente a través de las iniciativas de la oposición. Porque, como dejó claro este pleno, en Alcalá cada vez se discute menos sobre los asuntos… y más sobre los trasuntos. Y en ese terreno, al menos por ahora, el Gobierno juega con la ventaja que le han puesto en bandeja.




















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