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Educadoras y familias llenaron Cuatro Caños reclamando menos ratios, dignidad laboral y reconocimiento educativo para el ciclo infantil 0-3 años.
- Crónica gráfica y vídeo de Pedro Enrique Andarelli para ALCALÁ HOY
El amarillo tomó este viernes por la tarde la Plaza de los Cuatro Caños y su extensión la Libreros. Lo hizo en forma de camisetas, pancartas, globos, silbatos y consignas coreadas por cerca de 500 personas, según estimaciones de este medio, en una movilización que convirtió la reivindicación del primer ciclo de Educación Infantil en una protesta tan emocional como política. Educadoras, familias, bebés en carritos, abuelos y niños pequeños participaron en una “Marea Amarilla” que quiso poner rostro a un sector que denuncia sentirse invisibilizado, precarizado y sistemáticamente infravalorado.
Desde mucho antes de las seis de la tarde ya comenzaban a llegar grupos vestidos de amarillo a la plaza. Algunas educadoras portaban carteles hechos a mano; otras repartían folletos mientras saludaban a compañeras de distintas escuelas infantiles de Alcalá y del Corredor del Henares. También acudieron numerosas familias con niños pequeños, muchas de ellas conscientes, según comentaban, de que las condiciones laborales de las educadoras repercuten directamente en la calidad de la atención que reciben sus hijos.
El ambiente mezclaba indignación y ternura. Había tambores improvisados, silbatos, cánticos y también escenas profundamente simbólicas: bebés dormidos en carritos en mitad de la protesta, niños sobre los hombros de sus padres y docentes abrazándose tras semanas de organización. La imagen de decenas de carritos infantiles rodeando la concentración acabó convirtiéndose casi en una metáfora visual de lo que estaba en juego.
Las pancartas resumían el malestar del sector con frases directas y sin maquillaje: “No guardamos, educamos”, “De la vocación no se come”, “Mi vocación no paga facturas”, “Más recursos, menos excusas” o “No son números, son niños”. En otra podía leerse: “0-3 años es educación, no asistencialismo”. Algunas denunciaban las ratios elevadas; otras reclamaban más inversión pública y reconocimiento profesional. También hubo mensajes especialmente duros contra la precariedad salarial que denuncian las trabajadoras del sector.
Un grito colectivo contra la invisibilidad
La protesta avanzó entre consignas repetidas con fuerza por centenares de voces. “¡0-3 es educación, no es masificación!”, coreaban una y otra vez. También resonó otro lema que se convirtió en uno de los más repetidos de la tarde: “¡No guardamos, educamos!”. Cada consigna era respondida por aplausos y silbidos que retumbaban entre los edificios del casco histórico.
La movilización estaba impulsada por profesionales de escuelas infantiles privadas, públicas y de gestión indirecta. Una de las ideas más repetidas durante toda la concentración era que el problema afecta al conjunto del sistema y no distingue titularidades. Según denunciaban, las condiciones actuales dificultan ofrecer la atención individualizada que requieren niños y niñas en una etapa decisiva para el desarrollo emocional, social y cognitivo.
En la lectura del manifiesto, las portavoces insistieron en esa idea de invisibilidad estructural que sienten desde hace años. Recordaron que el ciclo 0-3 constituye la base sobre la que se construye el desarrollo posterior de la infancia y denunciaron que, pese a ello, sigue siendo tratado muchas veces desde una lógica asistencial y no educativa. Parte del manifiesto leído durante la concentración incidió precisamente en ese sentimiento de abandono institucional y social: “Es donde se construyen los cimientos emocionales, sociales y cognitivos de cada persona. Es donde todo empieza. Y sin embargo es la etapa más invisibilizada, la más olvidada y la menos valorada”.
Las portavoces defendieron además el valor pedagógico y emocional del trabajo que realizan diariamente las educadoras infantiles. “No solo trabajamos en las aulas: sostenemos vínculos, acompañamos emociones, cuidamos, educamos y construimos futuro”, expresaron durante la lectura del texto.
El manifiesto adquirió además un tono especialmente reivindicativo al denunciar el componente de género que, según sostienen, atraviesa históricamente el sector. Las organizadoras recordaron que se trata de un ámbito profundamente feminizado y denunciaron que esa realidad ha contribuido durante décadas a la infravaloración profesional y salarial de las trabajadoras.
Familias, bebés y educadoras: una protesta cargada de simbolismo
Uno de los elementos más llamativos de la concentración fue precisamente la implicación de las familias. No se trataba únicamente de una protesta laboral clásica. Muchas madres y padres acudieron porque consideran que las reivindicaciones afectan directamente al bienestar de sus hijos.
Varias familias portaban pancartas elaboradas junto a los propios niños. Un padre sostenía un cartel que resumía el espíritu de la movilización: “Mi hija educa corazones, por eso necesita mejores condiciones”. Otra pancarta reclamaba: “Para educar corazones se necesitan buenas condiciones”. Mezcclados entre ellas, concejales del Psoe y de Más Madrid tambien de amarillo.
En distintos momentos de la tarde se produjeron escenas cargadas de emoción. Educadoras abrazando a antiguos alumnos ya convertidos en escolares. Bebés dormidos ajenos al ruido de los silbatos. Niños jugando entre pancartas amarillas mientras sus madres coreaban consignas. Lejos de restar fuerza a la protesta, esa presencia infantil reforzaba visualmente el mensaje central de la movilización: que la defensa del ciclo 0-3 afecta directamente a la calidad de los primeros años de vida.
La concentración también sirvió para romper cierta idea estereotipada sobre las escuelas infantiles entendidas únicamente como espacios de conciliación. Las educadoras insistieron en que el primer ciclo de Infantil tiene un valor educativo esencial y reclamaron que deje de ser tratado como un simple recurso asistencial.
“No guardamos, educamos”, repetían una y otra vez las asistentes. La frase aparecía escrita en carteles, camisetas y folletos. En muchos sentidos, acabó convirtiéndose en el auténtico lema político de la tarde.
“La vocación no puede justificar la precariedad”
Otro de los grandes ejes de la protesta fue la denuncia de las condiciones laborales del sector. Varias pancartas apuntaban directamente a los bajos salarios y a la precariedad que, según explicaban las participantes, arrastran muchas profesionales pese a la enorme responsabilidad que asumen diariamente.
“De la vocación no se come” podía leerse en uno de los carteles más fotografiados de la concentración. En otro: “Mi vocación no paga facturas”. Las consignas reflejaban un malestar creciente entre unas trabajadoras que consideran que durante demasiado tiempo se ha utilizado la idea de la vocación como excusa para normalizar condiciones laborales deficientes.
Esa idea apareció también durante la lectura del manifiesto: “La vocación no puede ser excusa para la precariedad”, denunciaron las portavoces entre aplausos.
Las educadoras reclaman una reducción de ratios, mejores salarios, mayor inversión pública y un reconocimiento real de la importancia educativa del ciclo 0-3. Según explicaban durante la protesta, atender grupos excesivamente numerosos dificulta ofrecer la atención emocional y pedagógica que necesitan niños tan pequeños.
La concentración se desarrolló en un ambiente reivindicativo pero pacífico. Hubo momentos de cánticos colectivos, lectura del manifiesto y continuos aplausos. Algunas participantes utilizaban megáfonos mientras otras acompañaban las consignas con pequeños instrumentos de percusión y silbatos.
Alcalá se suma a una movilización más amplia
La protesta celebrada en Alcalá forma parte de un movimiento más amplio que en los últimos meses ha ido creciendo en distintos puntos de España. Las profesionales del sector buscan situar en el centro del debate público las condiciones del primer ciclo de Educación Infantil y reivindicar su importancia dentro del sistema educativo.
La “Marea Amarilla” alcalaína logró además algo poco habitual: convertir una reivindicación sectorial en una movilización con fuerte implicación ciudadana y familiar. La presencia masiva de padres, madres y niños pequeños dio a la concentración un tono muy distinto al de otras protestas laborales tradicionales.
A medida que avanzaba la tarde, la Plaza de los Cuatro Caños se fue llenando todavía más de camisetas amarillas. Los cánticos seguían resonando mientras algunos curiosos se detenían a observar la movilización. Muchos acababan aplaudiendo. Otros preguntaban qué reclamaban exactamente aquellas educadoras que repetían una y otra vez que educar no es guardar niños.
Cuando la concentración comenzó a disolverse, todavía quedaban pequeños grupos conversando en las calles cercanas. Algunas educadoras seguían repartiendo folletos. Otras comentaban la necesidad de continuar movilizándose. La sensación general entre las asistentes era que la protesta había conseguido visibilizar un problema que durante demasiado tiempo había permanecido en segundo plano.
Y quizá esa fue precisamente la gran victoria simbólica de la tarde: que durante unas horas el ciclo 0-3 dejó de ser invisible en Alcalá de Henares.





















