Ayuso, el ático y la ausencia del “p,lante” | Por Antonio Campuzano

El periodista y patrono de la Fundación Diario Madrid Antonio Campuzano pone el foco en el polémico ático de General Martínez Campos y, sobre todo, en el llamativo silencio de Miguel Ángel Rodríguez. El autor analiza las posibles consecuencias políticas de un asunto que puede perseguir a Isabel Díaz Ayuso durante meses y convertirse, en plena carrera hacia 2027, en algo más peligroso que una controversia pasajera: un inesperado punto de inflexión político para la presidenta madrileña.

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  • Campuzano analiza el silencio de Miguel Ángel Rodríguez y advierte del posible coste político que el polémico ático puede tener para Ayuso.

 

  • Por Antonio Campuzano. Periodista, patrono de la Fundación Diario Madrid.

Hay una ausencia colosal que invade de orfandad al entorno de la presidenta Ayuso. Es la de Miguel Ángel Rodríguez, quien funge en todo momento como primer jefe de gabinete de la mandataria de Madrid. Rodríguez blande sus facultades como propietario de su agenda y se jacta de una anticipación de las decisiones de magistrados y jueces en materias que afectan al gobierno socialista.

Su punto más álgido de ebullición resultó en la imputación y condena del fiscal general del Estado, cuando su apócope “p,alante” provocaba las delectaciones de las gradas y tertulias de aposento de subvenciones y generosidad para la hipérbole.

Desde el día 29 de julio, en que Fernando Peinado firmó la información, en El País, de la compra del ático de General Martínez Campos, con foto de Claudio Álvarez, con la realidad urbanística de una gran finca, con dimensión, vegetación y vistas, sin la preocupación tributaria del sujeto pasivo y con la euforia triunfadora de quien puede mover un dedo para señalar el objeto del deseo para uso y disfrute.

Desde aquel momento periodístico en que se desveló la comisión de un abuso de poder, pasaron cinco días hasta que el responsable de gabinete, portador de chascarrillos de mucho éxito, amenizara la mañana con una banalidad relacionada con las visitas de la presidenta al lugar de los hechos y de los incendios.

La conformidad de Rodríguez sobre lo desvelado no parece materia de la que puede sentirse profesionalmente satisfecho en la defensa y la ideación de estrategias. Quizá de ahí el recurso al desvío de la atención.

La persistencia del diario El País en el tratamiento del caso permite la alineación de varias teorías en virtud de las cuales habría una damnificada, Ayuso; y un beneficiado, Feijóo, todo ello a propósito de un liderazgo siempre litigado y desmentido por la soberanía de la fuerza conservadora necesitada de pisar suelo del palacio de la Moncloa en calidad de inquilino de cuatro años y no como visitante con saludos y flashes en la escalinata.

Si la pre campaña por la reformable Real Casa de Correos, con menos riqueza forestal en toda la Puerta del Sol que en la manzana de General Martínez Campos, 35, ha comenzado, la construcción de la misma desde el parámetro de la oportunidad tiene el diseño Ayuso y Madrid-27 con una etiqueta del inicio argumental de la “casa por el ático”, soflama de los malos arquitectos.

Las carreras políticas pueden torcerse con la ayuda de la imprevisibilidad y hay sobrados ejemplos de ello. Winston Churchill ayudó a ganar la segunda guerra mundial al pueblo británico, pero en julio de 1945 sucumbió electoralmente al laborista Clemente Atlee, que metió en la cabeza de los electores el bienestar social para dejar atrás la cosa bélica tan trabajosa y sufriente.

Una detonación para dar paso a la tragedia en los trenes de Atocha llevó a un seguro Aznar, en 2004, a desperdiciar el potencial de Rajoy a quien liquidó con un surtido de mentiras así comprendidas por el sabio electorado.

Es decir, que un ático perfectamente hilvanado en medio de una campaña a medio empezar puede acabar con un itinerario lleno de vidas perdonadas desde 2019, cuando las ventanitas de Génova dieron en transparentar la figura apenas pública de Díaz Ayuso.

La sucesión de decisiones con el número 35 de General Martínez Campos por objeto supone por vez primera una moción creciente en extensas masas de gobernados a quienes el problema de la vivienda como señalado como gran preocupación es transformado en un juego de caprichos con los presupuestos generales como mecanismo de habilidades.

Un mínimo accidente descubierto a tiempo puede ser el desencadenante de una tendencia que puede ser presentada como inevitable.

Roberto Calasso, en “La actualidad innombrable” (Anagrama, 2018) trae a Baudelaire, en sus escritos íntimos, Fusées, para describir la decadencia de la modernidad con la utilización de la imagen de un edificio. “Vivo para siempre en un edificio que está a punto de colapsar, un edificio corroído por una enfermedad secreta”, y se adorna con otra metáfora, “humedad que proviene de una cisterna situada cerca del cielo”.

Naturalmente, la comparación parece forzada en una figura tan elemental como la de Ayuso, cuya sintonía con Churchill o el mismo Rajoy, ya ni contar la referencia a Baudelaire, dibuja la silueta de la injusticia comparativa.

Una compra de una vivienda para un uso privado con explicación precaria podría generar un efecto que solo las fichas de un juego de mesa pueden convertir en tendencia.

Si ese fenómeno marca solidaridad en la idea de la mezcla del aquel acto fallido de la compra de la vivienda con su ático con la demagogia de la segunda vida reutilizable para solaz de las víctimas de los incendios, podría naturalizarse incluso en su propio partido la especie ya apuntada por Cayetana Álvarez de Toledo del despropósito. El ático y su arboleda pueden tener recorrido de varios meses de indefinición y zozobra.

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