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Piquet presume de inversiones, barrios y turismo mientras el Gobierno municipal empieza a proyectar discretamente el relato político hacia 2027.
- Crónica gráfica de Ricardo Espinosa Ibeas y video de la comparencia de Myriam Trujillo para ALCALÁ HOY
Tres años después de aterrizar en la Alcaldía con el pacto PP-Vox bajo el brazo y el Ayuntamiento todavía digiriendo el fin de la larga etapa socialista de Javier Rodríguez Palacios, Judith Piquet quiso este jueves hacer algo más que un balance de gestión. Lo que presentó en realidad fue una declaración política de intenciones. Un mensaje de mitad de legislatura larga, de esos que no solo miran al retrovisor, sino que empiezan a colocar discretamente la pancarta de salida para las próximas elecciones municipales. Y lo hizo con un lema muy reconocible: “Alcalá está en marcha”.
La escena tenía bastante de escenografía de gobierno consolidado. Piquet compareció acompañada por sus dos hombres fuertes, Gustavo Severien y Víctor Acosta, en una intervención planteada casi como una radiografía emocional y urbanística de la ciudad. Mucho barrio, mucha obra, mucha transformación visible y una idea repetida varias veces: el cambio “no ha hecho más que empezar”.
La alcaldesa defendió que su Ejecutivo ha puesto en marcha “el programa de regeneración y transformación urbana más importante acometido en las últimas décadas”, con inversiones cercanas a los 75 millones de euros. La cifra, pronunciada con solemnidad y bien subrayada, busca instalar una sensación muy concreta: la de una ciudad en obras, sí, pero también en movimiento. Porque si algo ha entendido el actual Gobierno municipal es que las grandes palabras funcionan mejor cuando van acompañadas de excavadoras, vallas metálicas y máquinas levantando aceras.
La política del adoquín y el árbol recién plantado
En la Alcalá de 2026 resulta difícil recorrer demasiadas calles sin encontrarse una obra, una remodelación, una zanja o un cartel anunciando futuras actuaciones. Y eso, políticamente, tiene ventajas y riesgos. El ciudadano protesta por el tráfico, por el polvo o por el ruido… pero también percibe que pasan cosas. Piquet ha decidido convertir esa incomodidad temporal en relato político permanente.
Ahí encajan proyectos como el plan Parques con Vida, presentado esta misma semana y convertido ya en uno de los buques insignia del mandato. Más de 10 millones de euros destinados a renovar y renaturalizar parques y zonas verdes con una idea bastante clara detrás: construir una imagen de ciudad más amable, más paseable y más fotogénica.
Una estrategia que conecta además con otra de las obsesiones estéticas y urbanísticas del actual Ejecutivo: la interconexión entre barrios y Centro Histórico mediante grandes ejes verdes, espacios estanciales y avenidas accesibles. Traducido al lenguaje cotidiano: menos sensación de periferias desconectadas y más ciudad continua.
La remodelación de la avenida de Guadalajara se ha convertido precisamente en el ejemplo favorito del Gobierno local para ilustrar ese modelo. Y detrás vienen otras actuaciones ya anunciadas en Paseo del Val, Núñez de Guzmán, Gran Canal o diferentes plazas repartidas por los distritos.
No es casualidad. El PP y Vox saben que las elecciones municipales en Alcalá no se ganan únicamente en la Plaza de Cervantes. Se juegan también en las aceras del Ensanche, en las plazas de Espartales o en los aparcamientos imposibles de Reyes Católicos. Y ahí aparece otro de los conceptos repetidos hasta la saciedad durante la comparecencia: “los barrios”.
Del colector a Roca City: la Alcalá de las grandes cifras
El balance municipal mezcló obras visibles con infraestructuras mucho menos lucidas, pero políticamente rentables cuando llueve fuerte. Es el caso del colector de Vía Complutense, una actuación tan poco glamourosa como imprescindible.
Piquet reivindicó la renovación de esta infraestructura subterránea como una de esas decisiones incómodas que ningún gobierno quiere afrontar, pero que terminan condicionando la vida diaria de miles de vecinos. El mensaje era claro: quizá no dé titulares espectaculares, pero evitar inundaciones también gana elecciones.
Más espectacular resulta, eso sí, el capítulo de vivienda.La alcaldesa sacó pecho con la liberación de suelo para nuevas promociones, las viviendas del Plan Vive y, sobre todo, con el gigantesco proyecto de Roca City sobre los terrenos de la antigua fábrica. Casi 3.000 viviendas que llevan meses alimentando titulares, expectativas y también recelos. Porque Roca City representa bastante bien la dualidad de este mandato: ambición urbanística para unos, gigantismo urbanístico para otros.
Lo mismo ocurre con la futura estación de autobuses, otro de los proyectos fetiche del Gobierno municipal. Piquet confirmó que la infraestructura arrancará antes del final de la legislatura gracias al compromiso inversor de la Comunidad de Madrid, que aportará 14 millones de euros.No es un detalle menor. En cada gran proyecto presentado por el Ayuntamiento aparece siempre, de una manera u otra, la sombra financiera y política de la Puerta del Sol. Y el Ejecutivo local explota sin complejos esa sintonía institucional con Isabel Díaz Ayuso como una de sus principales fortalezas frente al pasado reciente.
También hubo espacio para reivindicar actuaciones más pequeñas, pero enormemente simbólicas para determinados barrios. El aparcamiento de Nuestra Señora de Belén fue presentado casi como una metáfora política: una vieja reivindicación vecinal que otros prometieron y este Gobierno presume de haber ejecutado. Las 350 plazas del parking se han convertido así en algo más que un aparcamiento. Son munición narrativa.
Seguridad, limpieza y ese delicado equilibrio político
La comparecencia también dejó espacio para los asuntos más ideológicos del mandato. Especialmente en materia de seguridad y política migratoria. Piquet insistió en el mensaje de una Alcalá “abierta y solidaria”, aunque inmediatamente matizada por la necesidad de una inmigración “legal, ordenada y responsable”. Un equilibrio discursivo muy calculado dentro de la convivencia política entre PP y Vox.
La alcaldesa reivindicó además la Policía de Barrio y unidades especializadas como la canina o la dedicada a bandas juveniles, asegurando que las incidencias se han reducido un 25%. Y aquí apareció otra de las frases con carga política evidente: las Ferias y grandes eventos “sin los gravísimos disturbios de otros tiempos”. La referencia al pasado reciente no necesitaba demasiadas explicaciones.
Víctor Acosta, por su parte, mantuvo un tono más emocional y combativo. Habló de “devolver dignidad” a barrios abandonados y lanzó varios mensajes dirigidos tanto a la oposición como a quienes auguraban un desgaste rápido del pacto PP-Vox. “No veníamos a ocupar sillones”, proclamó. Veníamos a trabajar. Veníamos a cambiar inercias. Veníamos a devolver dignidad a muchos barrios que durante demasiado tiempo habían sentido el abandono de las instituciones”.
Además, añadió que “estos tres años también nos han enseñado algo importante: que cuando uno trabaja con convicción y con honestidad, habrá obstáculos. Habrá ruido. Habrá momentos duros. Pero también habrá algo mucho más fuerte: la tranquilidad de saber que se está actuando con rectitud y pensando siempre en el interés general. Nada nos va a apartar del objetivo principal, que es seguir mejorando esta ciudad”.
La frase probablemente arrancará alguna sonrisa irónica entre los más veteranos de la política local, territorio donde casi todos acusan siempre a los demás de exactamente lo mismo. Pero funcionó como cierre identitario de bloque gubernamental.
Gustavo Severien, mientras tanto, desplegó el perfil más técnico y gestor del tridente. Menos épica y más insistencia en la “gestión austera y eficaz”, una fórmula clásica del centroderecha municipal que sigue funcionando razonablemente bien cuando las calles están llenas de obras y las cuentas no explotan.
Turismo, cultura y la ciudad escaparate
El balance quiso también reivindicar una Alcalá más dinámica culturalmente y más competitiva en turismo. Piquet presumió del regreso de la Noche en Blanco, del crecimiento de festivales como Alma Catalina, de la consolidación de los Conciertos de la Muralla y del impulso a las grandes citas turísticas y culturales de la ciudad.
Los datos turísticos fueron utilizados como prueba del éxito del modelo: cerca de medio millón de pernoctaciones y más de 850.000 visitantes anuales de media. Aquí el Gobierno local juega una baza importante: Alcalá vive un momento objetivamente expansivo en términos de actividad cultural, grandes eventos y proyección exterior. Otra cosa será discutir cuánto corresponde a la inercia histórica de la ciudad, cuánto al contexto turístico general y cuánto a la gestión municipal concreta. Pero políticamente, el Ejecutivo está decidido a apropiarse de ese relato. Y probablemente con cierta lógica estratégica.
Porque Judith Piquet parece haber entendido algo importante en estos tres años: la ciudad no solo se gobierna desde la administración. También desde el estado de ánimo colectivo. Por eso su discurso mezcla constantemente inversiones, orgullo local, barrios, turismo, limpieza, cultura y sensación de movimiento.
¿Hay todavía problemas? Evidentemente. Basta pasear por determinados puntos de la ciudad para comprobarlo. ¿Existe malestar vecinal en algunos barrios? También. ¿Las obras generan desgaste? Siempre. Pero el Gobierno municipal parece haber optado por una conclusión sencilla: es preferible una ciudad protestando por las obras que una ciudad resignada a que nunca ocurra nada.
Y en esa lógica política se mueve ahora el Ejecutivo PP-Vox de Alcalá. Con mucha obra, bastante relato, cifras redondas, barrios convertidos en bandera electoral y una idea cada vez más visible de fondo: la campaña de 2027, aunque nadie la mencione todavía oficialmente, hace tiempo que ha comenzado.























