Alcalá se mira en el espejo del mundo en unas Jornadas de Diversidad Cultural llenas de música, color y convivencia

La Plaza de Cervantes se convirtió este fin de semana en un escaparate de culturas con música, bailes, cuentos y pasacalles dentro de las Jornadas de Diversidad Cultural celebradas en Alcalá de Henares. Asociaciones de Rumanía, China, Perú, Ucrania y España, entre otros países, compartieron tradiciones y folclore en una programación que llenó el centro histórico de color, convivencia y ambiente festivo. Isabel Ruiz Maldonado asistió a unas jornadas marcadas por la participación ciudadana.

  • Dragones chinos, canciones ucranianas, marinera peruana y folclore rumano llenaron de diversidad, música y convivencia el corazón histórico alcalaíno.
  • Crónica gráfica y vídeo de Pedro Enrique Andarelli para ALCALÁ HOY

La Plaza de Cervantes volvió a convertirse este fin de semana en el gran salón abierto de la ciudad. Un espacio donde las banderas dejaron de ser fronteras para convertirse en telas de colores agitadas por el viento de mayo, donde los tambores chinos convivieron con la marinera peruana, los cantos ucranianos y el folclore rumano, y donde cientos de vecinos pasearon entre músicas, trajes típicos y sonrisas como quien recorre, en apenas unos metros, medio planeta sin salir de Alcalá de Henares.

Las Jornadas de Diversidad Cultural, celebradas durante el sábado 23 y el domingo 24 de mayo en pleno corazón histórico complutense, ofrecieron una docena de actividades organizadas para acercar a alcalaínos y visitantes las tradiciones de distintas comunidades asentadas en la ciudad. Música, danza, cuentos, juegos infantiles y pasacalles fueron hilando un programa que tuvo más de celebración compartida que de simple exhibición folclórica.

Porque, más allá del escenario o de las actuaciones, lo que se respiró durante todo el fin de semana fue una cierta idea de convivencia tranquila. Familias enteras siguiendo el desfile de dragones chinos desde la plaza de los Santos Niños, niños jugando bajo el sol entre idiomas distintos y acentos mezclados, mayores observando los bailes tradicionales con esa mezcla de curiosidad y nostalgia que provocan las raíces ajenas cuando se muestran con orgullo.

La teniente de alcaldesa, Isabel Ruiz Maldonado, asistió a unas jornadas que reunieron a asociaciones procedentes de países como Rumanía, China, Perú, Ucrania y España, entre otros colectivos culturales que forman parte ya del paisaje humano cotidiano de Alcalá.

El sábado arrancó con el ritmo y la energía de la asociación rumana Raza de Soare, cuyos bailes tradicionales llenaron la Plaza de Cervantes de faldas coloristas y melodías balcánicas. Poco después, la atención se desplazó hacia uno de los momentos más visuales del programa: el desfile de dragones chinos que recorrió el trayecto desde Santos Niños hasta la plaza principal. Los enormes dragones serpentearon entre móviles levantados, aplausos y niños abiertos de ojos ante un espectáculo que, pese a haberse visto mil veces en televisión, conserva intacta su capacidad de fascinación cuando pasa a escasos centímetros.

Tras el pasacalles llegaron las actuaciones de música y danza tradicional china, que aportaron a la tarde una estética ceremonial y elegante, muy distinta del temperamento mediterráneo del baile español que protagonizó después Azucena Rodríguez. Taconeo, abanicos y compás flamenco en una plaza que parecía mutar de continente cada media hora.


Una ciudad hecha de muchas ciudades

La presentación oficial de las jornadas sirvió para poner rostro a muchas asociaciones culturales que llevan años trabajando discretamente en Alcalá, manteniendo vivas tradiciones, lenguas y costumbres mientras construyen también comunidad en su nueva ciudad.

Y quizá ahí residió parte del valor simbólico del encuentro: en comprobar hasta qué punto Alcalá de Henares es hoy una ciudad atravesada por historias migratorias muy diversas que ya forman parte inseparable de su identidad contemporánea.

La noche del sábado concluyó con la propuesta de danza contemporánea “Identidad en contextos migratorios”, de ¡Oh!Project, una pieza cargada de simbolismo que exploraba precisamente esa sensación de pertenecer a varios lugares a la vez. Sobre el escenario no había banderas ni trajes regionales, sino cuerpos narrando desplazamientos, desarraigos, encuentros y reconstrucciones personales. Una forma distinta —más emocional y abstracta— de hablar también de diversidad cultural.

El domingo amaneció con un ambiente más familiar y participativo. Desde primera hora comenzaron los preparativos del pasacalles de trajes típicos, que volvió a recorrer el trayecto desde Santos Niños hasta la Plaza de Cervantes entre fotografías improvisadas y turistas sorprendidos al encontrarse con una procesión multicultural atravesando el casco histórico.

A esa hora, Alcalá ofrecía una imagen singular: mujeres con vestidos tradicionales ucranianos caminando junto a participantes ataviados con indumentaria peruana, asiática o española, mientras las terrazas comenzaban a llenarse de vermús y conversaciones de domingo.

Los juegos infantiles organizados por ¡Oh!Project añadieron además un componente pedagógico y participativo a la jornada, permitiendo a los más pequeños acercarse a la diversidad desde la convivencia cotidiana y no desde el discurso teórico.


Canciones, cuentos y raíces compartidas

Uno de los momentos más emotivos de la mañana llegó con las canciones interpretadas por la Asociación “Ucranianos de Alcalá”. En un contexto internacional todavía marcado por la guerra y el exilio de miles de familias, escuchar melodías tradicionales ucranianas en plena Plaza de Cervantes tuvo algo de resistencia cultural y también de homenaje silencioso a quienes han tenido que reconstruir su vida lejos de su país.

Los “Cuentos del Mundo” aportaron después una pausa más íntima y reposada entre actuaciones, reuniendo a numerosos niños alrededor de historias populares procedentes de distintos rincones del planeta. Porque la diversidad también se transmite así: escuchando relatos distintos y descubriendo que casi todos hablan, en el fondo, de emociones parecidas.

La danza tradicional Mekom, impulsada por Asomcegui, añadió nuevos ritmos africanos al mosaico cultural de la jornada, antes de que el cierre llegara con el elegante baile de marinera protagonizado por Mónica García, de “Alma de Marinera”, junto a la asociación peruana Kuyak Perú. Pañuelos blancos al viento, pasos medidos y complicidad escénica para despedir unas jornadas que mezclaron fiesta popular, convivencia ciudadana y reivindicación cultural.

Durante dos días, la Plaza de Cervantes se convirtió así en una pequeña metáfora de la propia Alcalá contemporánea: una ciudad histórica, sí, pero también una ciudad diversa, mestiza y abierta, donde las identidades no se sustituyen unas a otras, sino que conviven, se rozan y terminan enriqueciendo el paisaje común.

Y mientras caía la tarde del domingo y los últimos compases musicales se apagaban entre terrazas y paseantes, quedaba la sensación de que, al menos por un fin de semana, Alcalá había logrado parecerse bastante al mundo entero.

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