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El tema de Rosalía se convierte en banda sonora involuntaria del atasco complutense y en símbolo del hartazgo ciudadano ante el caos urbano.
👀 Cómo suena la vida en Alcalá después del Berghain de Rosalía‼️🎶
Gracias alcaldesa @JudithPiquet ⚠️⚠️🤬🤬#Berghain #Rosalía pic.twitter.com/1lVEAHU5Km
— PSOE de Alcalá de Henares /❤️ (@PSOEAlcaladeH) October 30, 2025
Hay veces en que la política, el arte y la vida cotidiana se cruzan de forma tan inesperada que parecen guionizadas. En Alcalá de Henares, esa mezcla ha estallado estos días en forma de vídeo viral: imágenes del monumental colapso circulatorio que sufre la ciudad acompañadas por Berghain, el nuevo y explosivo tema de Rosalía. El montaje, difundido por el PSOE local, ha circulado como un reguero de pólvora por redes y grupos de WhatsApp, pero lo interesante no es solo el atasco que muestra, sino el efecto simbólico de la música elegida: electricidad, tensión, caos y una especie de pulsión apocalíptica que refleja demasiado bien el estado de ánimo colectivo.
Lo curioso es que el vídeo no parece tener nada de sofisticado, ni lo necesita. No hay discursos, ni logos excesivos, ni épica de partido. Solo coches detenidos, peatones que se impacientan, autobuses que no avanzan y una ciudad que parece haberse rendido al embotellamiento. Y sobre eso, Rosalía. Una banda sonora que, sin proponérselo, ha conseguido convertir el hastío de la vida diaria en una metáfora cultural perfectamente reconocible. Quizá por eso conecta. Porque todos hemos sentido ese loop de ruido, esa sensación de moverse sin avanzar, de estar dentro de algo que no termina de resolverse.
Alcalá lleva semanas inmersa en esa especie de berghain urbano, una pista de baile congestionada, con luces rojas de freno en lugar de flashes, donde los coches bailan a ritmo de claxon y las obras se suceden sin compás. El cierre del puente de la M-300, los cortes en la Vía Complutense y el rosario de desvíos en cadena han convertido los desplazamientos cotidianos en una odisea. A veces parece que la ciudad entera se ha transformado en un gran experimento de resistencia colectiva. Basta preguntar a cualquiera que haya intentado llegar al colegio a tiempo o cruzar de un barrio a otro para visitar a un familiar. “¿No podían haberlo planificado mejor?”, se oye repetir con un tono entre resignado y sarcástico.
Lo comprobé en carne propia esta misma mañana del último dia de octubre. Tuve que subir al tanatorio del Cementerio Jardín, pasado el puente de Zulema, en la carretera del Gurugú, por el fallecimiento del padre de nuestro fotógrafo. No sé cómo lo hicimos, pero al final el GPS nos llevó a recorrer unos veinte kilómetros y varios pueblos hasta poder acceder al cementerio. Solo después descubrimos que desde el barrio de Nueva Alcalá había un acceso más directo: un pequeño puente sobre el Henares que permite cruzar hasta el tanatorio. Un rodeo absurdo que resume, mejor que cualquier discurso, el laberinto urbano en que se ha convertido la ciudad.
No hace falta ser experto en urbanismo para entender que algo falla. Las obras simultáneas y la falta de coordinación entre administraciones han creado un mapa imposible. Desde el Ayuntamiento se echan balones fuera, mirando a la Comunidad de Madrid o al Gobierno central según convenga el día; y desde la oposición se devuelve la pelota con idéntica destreza. Mientras tanto, la realidad se impone: atascos kilométricos, transporte público desbordado, comerciantes que se quejan de la caída de clientes y vecinos atrapados en su propio barrio.
Pero más allá del ruido político, lo realmente interesante del fenómeno es la lectura cultural. En una ciudad que presume, con razón, de ser Patrimonio de la Humanidad y capital del Siglo de Oro, no deja de tener gracia que sea precisamente una pieza musical de Rosalía la que haya logrado ponerle ritmo al descontento contemporáneo. La artista catalana, que siempre juega con el caos y la ruptura de códigos, se convierte aquí en cronista involuntaria del atasco complutense. Es un espejo del presente: global, digital y un poco absurdo. La música, como el arte, no siempre necesita explicaciones; a veces basta con colocarla en el contexto adecuado para que revele lo que hay detrás. Y en este caso, lo que hay es cansancio, frustración y una necesidad urgente de gestión sensata.
Porque si algo deja claro el vídeo, más allá del ingenio de quien lo montó, es que Alcalá necesita soluciones, no titulares. Menos confrontación institucional y más planificación. Menos marketing y más coherencia. Menos ruido, en definitiva. Lo que reclaman los ciudadanos no es un culpable, sino una ciudad que funcione. Una en la que las obras se hagan con cabeza, las alternativas estén bien comunicadas y el transporte público no sea una carrera de obstáculos.
Si la música de Rosalía ha servido para que esta realidad se vea, se hable y se comparta, bienvenida sea. Ojalá el ritmo frenético del Berghain no sea el sonido permanente del mandato, porque la ciudadanía no quiere vivir en un videoclip de caos; quiere una ciudad que funcione.
Firmado por Pedro Enrique Andarelli, que aún confía en encontrar la salida del atasco.
















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Buenos días,
En primer lugar DEP al fallecido.
Y en segundo lugar. ¿Tú eres de Alcalá? ¿En serio? ¿O te estás riendo de todos nosotros y nos tomas por gilipollas?
¿GPS para ir al Cementerio Jardín? Jajajajajaj. Es que flipa. Nos tomas por gilipollas a los alcalaínos, ya está respondida la pregunta anterior.
«Solo después descubrimos que desde el barrio de Nueva Alcalá había un acceso más directo: un pequeño puente sobre el Henares que permite cruzar hasta el tanatorio»
Aproximadamente llevará ese paso más de 60 años.
Venga chaval, date una vuelta a ver las obras descritas en el artículo, y que te dé un poco el aire.
Pero tú a lo tuyo.
Soy de Alcalá de toda la vida. Nacido y criado en esta ciudad y ya tengo edad de merecer jubilación. Gracias por lo de chaval. Se da la circunstancia de que no tengo ni carnet de conducir ni coche. Asi que subimos al cementerio jardin cuatro personas. El conductor un funcionario del ayuntamiento con 17 años de autoridad. El decidió poner el GPS, que nos llevó por la ruta de los pueblos como describo. Una vez en el tanatorio nos informaron sobre la ruta alternativa del puente de madera sobre el Henares que conozco de sobra desde que existe, no tanto 60 años, como tu dices, pero si hace algunas décadas y que he transitado con frecuencia, y la posibilidad de aparcar en el barrio de Nueva Alcalá y acceder al parque natural donde se situa el puente de madera. No se nos ocurrió, simplemente ¿Te vale? Pues fin de la cita. Gracias por seguir ALCALÁ HOY. Y no tomo por gilipollas a mis lectores.
Ese puente puede llevar no más de quince años vivo en Alcala desde el 88 , pero he cruzado dicho puente bastantes veces para ir al parque con la bici. El anterior Ayuntamiento inicio los trabajos para hacer un puente peatonal por la otra parte del puente Zulema , pero este gobierno municipal lo paralizó.
Eso es mentira.