- La presidenta de la Comunidad de Madrid reclama al Gobierno de España medidas urgentes y acusa al delegado del Gobierno de ser “un activista político”´.

La presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, ha reclamado este jueves durante el Debate del Estado de la Región “más seguridad en los centros de menores extranjeros” y ha exigido al Gobierno de España el cierre inmediato de los tres macrocampamentos instalados en la región, entre ellos el ubicado en Alcalá de Henares, que lleva meses generando polémica y preocupación entre los vecinos.
Ayuso ha denunciado que “la emigración no puede ser masiva e ilegal” y ha advertido de que el Ejecutivo central “no tiene planificación y a estas alturas es evidente que sabe del daño que esto está provocando”. “Nadie, ni mujeres ni jóvenes, puede sentir miedo al vivir en esta región alegre y viva. Ni se pueden tensar los servicios públicos o minar la convivencia porque el Gobierno no hace su trabajo. Y nos falla el delegado del Gobierno, que es un activista político más dispuesto a insultar cada vez que exponemos los problemas que nos están causando”, ha afirmado.
La presidenta regional ha recordado que el Ejecutivo autonómico ha recurrido al Tribunal Supremo y al Tribunal Constitucional el reparto forzoso de menores extranjeros ordenado por el Gobierno central, y que ha solicitado a la Delegación del Gobierno el retorno de 46 menores a sus países de origen “por su imposibilidad de adaptación”. Además, ha reclamado “nuevas medidas de seguridad en los centros de protección a menores extranjeros y actuaciones más contundentes contra todo aquel que se declare menor sin serlo”.
Con estas palabras, Díaz Ayuso ha vuelto a poner el foco sobre el macrocentro de inmigrantes abierto en Alcalá de Henares a finales de 2023, una instalación que ha sido reiteradamente cuestionada por el Gobierno municipal complutense que dirige Judith Piquet, que ya logró la aprobación plenaria de una resolución que pide su cierre inmediato.
La ofensiva de Judith Piquet
Las declaraciones de Ayuso refuerzan la estrategia desplegada por la alcaldesa de Alcalá, Judith Piquet, que en los últimos meses ha convertido el cierre del macrocentro en una de sus principales banderas políticas. Desde la agresión sexual sufrida por una vecina el pasado 28 de junio, presuntamente cometida por un residente del centro, Piquet ha intensificado su presión, tanto en el ámbito institucional como en los medios nacionales.
El pasado 15 de julio, el Pleno Municipal aprobó, con los votos de PP y VOX, una moción del Grupo Popular para exigir al Gobierno de España el cierre inmediato del centro. Aquel debate coincidió con un despliegue mediático de la alcaldesa, que apareció por videollamada en programas como Espejo Público (Antena 3), En Boca de Todos (Cuatro) o El Análisis del Diario de la Noche (Telemadrid), repitiendo un mensaje constante: el centro está saturado, genera problemas de convivencia y ejerce una presión insoportable sobre los servicios municipales.
En esas intervenciones, Piquet denunció también la falta de transparencia del Ministerio de Migraciones y llegó a acusar al delegado del Gobierno, Francisco Martín, de “manipular datos e insultar a la ciudad”. Una línea argumental que Ayuso ha retomado ahora desde la tribuna de la Asamblea de Madrid, ampliando el altavoz y reforzando el relato que el PP complutense ha venido defendiendo desde hace meses.
Del debate político a la vida cotidiana en Alcalá
Mientras el debate político sobre el macrocentro se intensifica, la rutina diaria de muchos de sus residentes transcurre en un escenario muy distinto. Cada mañana, decenas de jóvenes subsaharianos alojados en el CAED acuden a la sede de Comisiones Obreras en Alcalá de Henares para recibir clases de español. Llegan con mochilas, se saludan, bromean entre ellos y, como este martes, incluso accedieron a posar sonrientes para la cámara de ALCALÁ HOY.
Por estas aulas y talleres han pasado cientos de jóvenes desde la apertura del centro a finales de 2023. Aprender el idioma y aprovechar su estancia de tránsito en la ciudad se ha convertido en una oportunidad de integración y en una rutina de normalidad, lejos del ruido político y mediático que rodea al C





















