- Maitena recibe en Alcalá el Premio Quevedos reivindicando feminismo, humor crítico y viñetas “con corazón” frente al avance reaccionario global.

Hay premios que se entregan con solemnidad académica y otros que, además, dejan sonrisas flotando en el aire del Paraninfo. El Premio Iberoamericano de Humor Gráfico Quevedos 2026 perteneció claramente a la segunda categoría. Porque la argentina Maitena llegó a la Universidad de Alcalá como quien entra en casa ajena con timidez y terminó saliendo entre aplausos, confesiones feministas, bromas sobre el fin del mundo y una defensa cerrada del dibujo hecho “con la mente y con el corazón”.
El histórico Paraninfo de la Universidad de Alcalá acogió este lunes la entrega del Premio Quevedos, organizado por el Instituto Quevedo de las Artes del Humor, el Ministerio de Cultura y el Ministerio de Asuntos Exteriores. Y lo hizo con esa mezcla tan alcalaína de ceremonia institucional, ecos cervantinos y cierta sensación de que, en cualquier momento, alguien iba a soltar una viñeta desde el atril. No ocurrió exactamente así, aunque faltó poco.
El ministro de Cultura, Ernest Urtasun, y el rector Carmelo García entregaron a Maitena un galardón dotado con 30.000 euros que reconoce trayectorias esenciales del humor gráfico iberoamericano. Antes, la laudatio corrió a cargo de Ángeles González-Sinde, encargada de glosar una carrera que convirtió las angustias domésticas, las contradicciones sentimentales y las neurosis cotidianas en patrimonio universal de varias generaciones.
Porque sí: hubo un tiempo en que media Hispanoamérica descubrió que las mujeres podían reírse de sí mismas, y de los hombres, claro, leyendo aquellas viñetas de Mujeres Alteradas que viajaban de revista en revista como pequeños misiles de ironía.
El día que el Premio Quevedos dejó de ser cosa de hombres
La propia Maitena, emocionada y con esa naturalidad porteña que convierte cualquier frase en conversación de café, dejó uno de los momentos más celebrados del acto al recordar que es la primera mujer en recibir este premio desde su creación en 1998. “Estoy segura de que va a caer en manos de muchas mujeres en los años que vienen”, afirmó, reivindicando además la necesidad de proteger derechos conquistados “en un momento en el que lo reaccionario está tomando tanto camino”.
Y ahí el Paraninfo, acostumbrado a discursos solemnes, pareció despertar un poco. Porque el humor gráfico, como quedó claro durante toda la mañana, nunca ha sido solo un asunto de chistes. También es una forma de mirar el mundo. A veces con ternura. A veces con mala leche. A veces con ambas cosas a la vez.
Maitena habló además de inteligencia artificial, asunto inevitable en estos tiempos donde hasta las caricaturas parecen amenazadas por algoritmos con pretensiones artísticas. Pero la dibujante argentina defendió el oficio artesanal del humorista gráfico con una frase que sonó a manifiesto generacional: “Quienes dibujamos, dibujamos con la mente y con el corazón”. Y remató el asunto con una sentencia entre apocalíptica y cómica: “Hay que dibujar más que nunca, porque se acaba el mundo”.
No quedó claro si hablaba de la política internacional, de Twitter convertido en estercolero global o de las facturas de la luz. Probablemente de todo un poco.
Del erotismo underground a las mujeres alteradas
La ceremonia también sirvió para recorrer la trayectoria de una autora autodidacta que empezó dibujando ilustraciones para manuales escolares mientras por las noches realizaba historietas eróticas para revistas como Sex Humor, Fierro, Blue o la española Makoki. Un currículo que, dicho sea de paso, seguramente escandalizaría hoy a más de un censor digital con vocación inquisitorial.
Con el tiempo llegarían las viñetas que la hicieron mundialmente conocida: mujeres atrapadas entre maternidades imperfectas, parejas agotadas, dietas imposibles, inseguridades estéticas y esa presión social que Maitena convirtió en combustible humorístico. La clave de su éxito quizá esté precisamente ahí: en haber entendido antes que muchos sociólogos que el humor cotidiano puede retratar una época mejor que cualquier tratado académico.
Durante el encuentro con los medios reconoció además que el premio le tomó completamente por sorpresa. “Nunca esperé nada de lo que pasó con mi trabajo y esto, menos”, confesó, admitiendo el vértigo que supone compartir palmarés con nombres como Quino, Forges, El Roto o Chumy Chúmez.
Y entre reflexión y reflexión dejó otra de las frases del día, probablemente la más celebrada por los dibujantes presentes: “Antes mis personajes eran más caricaturescos… ahora son más realistas. ¡Hasta tienen cinco dedos!” … La carcajada fue inmediata. También bastante terapéutica.
Humor para tiempos raros
Hubo incluso espacio para cierta melancolía sobre el estado actual del humor. Maitena reconoció que cada vez resulta más difícil competir con una realidad que parece escrita por guionistas excesivamente estimulados. “Hay veces que la realidad es insuperable”, admitió. Y cualquiera que siga mínimamente la actualidad política española probablemente estuvo de acuerdo.
Aun así, defendió el humor como herramienta imprescindible para decir aquello que de otro modo resultaría incómodo o directamente imposible. Una idea muy cervantina, por cierto, y bastante apropiada para una ciudad donde hasta las piedras parecen tener retranca literaria.
La jornada sirvió además para inaugurar en la Capilla del Oidor una exposición dedicada a la trayectoria de la artista argentina, abierta gratuitamente hasta el 26 de julio. También habrá encuentros con lectores, actividades en la Comicteca del CRAI y una reinterpretación de su obra en Madrid.
Al final del acto, mientras las autoridades abandonaban lentamente el Paraninfo y los asistentes buscaban corrillos donde comentar discursos y fotografías, quedaba una sensación curiosa: la de haber asistido a una ceremonia oficial que, por una vez, no sonó del todo oficial. Tal vez porque Maitena recordó algo esencial en tiempos de crispación permanente: que el humor no arregla el mundo, pero ayuda bastante a soportarlo.

















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