Espeluznante cogida de Fernando Adrián y siete orejas en un cierre apoteósico de la feria de Alcalá

La feria taurina de Alcalá de Henares concluyó este domingo con una tarde vibrante en La Estudiantil que lo tuvo todo: siete orejas, un rabo, emoción y un susto que heló el corazón de los tendidos. Fernando Adrián, volteado de forma espeluznante por el quinto toro, se levantó para rubricar su entrega con dos orejas y rabo. Víctor Hernández, con tres trofeos de gran mérito, completó un cierre apoteósico con salida a hombros.

Foto de Ricardo Espinosa Ibeas
  • La Estudiantil vibró con faenas de raza, una cogida espeluznante y el reconocimiento del público a dos jóvenes toreros.
  • Crónica gráfica de Ricardo Espinosa Ibeas para ALCALÁ HOY

La feria taurina de Alcalá de Henares cerró el telón este domingo con una tarde que se recordará por mucho tiempo. Hubo de todo: siete orejas, un rabo, emoción a raudales, una cogida espeluznante y una plaza entregada a dos toreros que pusieron la carne en el asador. Fernando Adrián, tras sobreponerse a una voltereta que heló la sangre, salió a hombros junto a Víctor Hernández y el ganadero de Román Sorando en un cierre apoteósico.

La ganadería de Román Sorando puso sobre la arena complutense seis toros encastados, bravos y de gran clase que dieron juego para que los dos jóvenes espadas de la Comunidad de Madrid firmaran un mano a mano inolvidable. Fernando Adrián abrió plaza con temple y firmeza ante un toro exigente, al que mandó por abajo y remató con estocada y descabello. La faena se saldó con oreja, mientras el público pedía con fuerza la segunda. En ese arranque también llegó uno de los momentos más comentados: el torero madrileño brindó su toro a la alcaldesa Judith Piquet, que asistía al festejo desde barrera. Un gesto que no pasó desapercibido y fue recibido con aplausos desde los tendidos.

Víctor Hernández, por su parte, se mostró sobrio y preciso con el segundo, un toro de noble condición pero con querencia a tablas. Lo sujetó con muñeca de seda, toreó con cadencia y se llevó una oreja. La tercera faena de Adrián, ante un toro encastado y exigente, fue de mando y poder, muy reunido con el animal y con estructura sólida. Otra oreja a la espuerta. La plaza ya sabía que estaba ante una tarde importante, y el ambiente en La Estudiantil subía de tono conforme avanzaban las lidias.


La cogida que heló el corazón de la plaza

El quinto trajo el susto mayor. Fernando Adrián fue volteado de forma espeluznante por un toro que lo levantó en el aire y lo zarandeó en el suelo. El silencio se apoderó de los tendidos, la angustia recorrió el graderío y parecía que lo peor estaba por llegar. El madrileño quedó tendido, rodeado de subalternos que corrieron a auxiliarle, mientras la afición contenía la respiración. Pero, contra todo pronóstico, Adrián se levantó, se quitó la chaquetilla rota y volvió a la cara del toro. Toreó con garra, mató con solvencia y firmó una faena de raza premiada con dos orejas y rabo. La plaza, en pie, estalló en una ovación de las que retumban.

Ese gesto de pundonor y entrega fue lo que convirtió la tarde en épica. La cogida, que pudo haber tenido consecuencias graves, se quedó en un susto y, a la vez, elevó la figura de Adrián, que demostró que su momento de plenitud no es casualidad. El público le reconoció no solo con trofeos, sino con un respeto sincero, el que se brinda a los toreros que se juegan la vida sin reservas.


Hernández confirma su madurez y la feria se despide en alto

No se quedó atrás Víctor Hernández. El cuarto lo recibió a portagayola y firmó una faena de mando, clase y naturalidad que fue premiada con dos orejas, mientras el toro daba una vuelta al ruedo en reconocimiento a su bravura. Fue quizá el momento más rotundo del joven de Los Santos de la Humosa, que ya el pasado año se proclamó vencedor de la Copa Chenel y que en esta temporada se ha confirmado como una de las revelaciones de la feria de San Isidro.

En el sexto volvió a brillar especialmente al natural, toreando largo y profundo, con muletazos de una estética limpia y templada que arrancaron oles hondos. Sin embargo, la espada le jugó una mala pasada y le privó de otro trofeo seguro. Pese a ello, la ovación fue de gala y el público reconoció la faena como una de las más redondas de la tarde.

En total, cuatro orejas y rabo para Fernando Adrián y tres orejas para Víctor Hernández. Entre ambos, siete trofeos que pusieron a Alcalá en el mapa taurino con una de las tardes más emocionantes de los últimos años. La foto final, con los dos toreros y el ganadero saliendo a hombros por la puerta grande de La Estudiantil, resume lo vivido: una feria que se cierra con broche de oro y que deja a la afición complutense con la sensación de haber presenciado un capítulo grande del toreo.

Los pañuelos blancos ondearon hasta el último minuto, los vítores se mezclaron con los aplausos y, mientras se apagaban las luces de la plaza, muchos ya pensaban en que lo de este domingo quedará como una de esas tardes que se cuentan con orgullo y emoción en Alcalá.

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