Ayuso se da un chapuzón público-privado en la sierra… de tapadillo

La presidenta madrileña Isabel Díaz Ayuso disfrutó el pasado fin de semana de una escapada a un chalé con piscina propiedad de la Comunidad de Madrid, situado en la sierra, cerca de Rascafría. La vivienda, valorada en 4,3 millones de euros, fue adquirida en 2023 como parte de una operación medioambiental. Sin embargo, Ayuso nunca informó de su uso privado, pese a haber criticado duramente a Pedro Sánchez por hacer lo mismo con residencias oficiales.

Isabel Díaz Ayuso el 19 de julio de 2024 durante un acto para los medios para anunciar la apertura al público de un área de descanso en la finca donde se encuentra el chalé. COMUNIDAD DE MADRID
  • La vivienda aparece identificada como estación biológica, pero fue utilizada para uso privado sin anuncio oficial.

La presidenta madrileña disfrutó el pasado fin de semana de una escapada familiar a un chalé con piscina en Rascafría propiedad de la Comunidad de Madrid. La vivienda, adquirida en 2023 por 4,3 millones de euros, nunca fue presentada como residencia oficial. Lo curioso es que Ayuso lleva años cargando contra Pedro Sánchez por hacer lo mismo. Pero en Lanzarote.

Lo que parecía una inocente escapada a la sierra madrileña ha acabado salpicando de cloro político el mes de julio. Según han desvelado dos medios nacionales, El País y eldiario.es, la presidenta Isabel Díaz Ayuso se alojó el pasado fin de semana en un chalé con piscina propiedad del gobierno autonómico, situado cerca del municipio de Rascafría, en pleno Parque Nacional de la Sierra de Guadarrama.

La vivienda fue adquirida por la Comunidad de Madrid en 2023, dentro de una operación de ampliación del parque natural, por un total de 4,3 millones de euros. Lo que no se había contado hasta ahora es que esa inversión pública incluye una casa completamente equipada —y con piscina— en la que la presidenta ha pasado, según confirman fuentes oficiales, un fin de semana. Y sin informar de ello.

Desde el equipo de Ayuso se asegura que el uso de la vivienda está permitido, que es la primera vez que se hace uso personal de ella, y que no se emplearon recursos públicos ni personal institucional para prestar servicio. Ni cocineros, ni camareros, ni operativos de protocolo. Todo muy austero, insisten. Eso sí, el cartel en la puerta indica que se trata de la “Estación Biológica El Paular”, lo que suena más a centro de investigación de truchas que a residencia veraniega presidencial.


El discurso de la austeridad, en remojo

Lo curioso —o escandaloso, según se mire— es que la presidenta lleva años criticando ferozmente al presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, por hacer exactamente eso mismo. “Cuatro palacios” ha llegado a enumerar: Moncloa, Doñana, Las Marismillas, Quintos de Mora y La Mareta. Alguno de ellos es el mismo con distinto nombre, pero el recuento daba igual mientras el discurso colara. Lo suyo, sin embargo, es diferente: una vivienda adquirida para el medio ambiente que también vale, llegado el caso, para un respiro institucional sin cámaras.

Y de redes sociales, ni rastro. Ni una historia de Instagram, ni una foto con pinos al fondo. Cosa rara en Ayuso, tan dada a compartir cada paseo, cada bocata de calamares o cada brindis en terrazas. El silencio mediático ha sido total. Ni comunicado, ni nota institucional. Solo la bandera roja y blanca con siete estrellas ondeando discretamente en la verja del chalé.

La propia presidenta ha repetido en numerosas ocasiones que vive de alquiler desde hace dos décadas, que nunca ha querido una residencia oficial y que los políticos deberían costearse sus vidas. Ahora sabemos que quizá no hacía falta una vivienda oficial al uso, si ya existe una “estación biológica” con piscina, acceso restringido y cero transparencia.


Y mientras, en Alcalá… piscinas precintadas

La estampa sería casi anecdótica si no contrastara tan clamorosamente con lo que ocurre, por ejemplo, en Alcalá de Henares, donde su compañera de partido y alcaldesa, Judith Piquet, no puede ofrecer ni una sola piscina municipal abierta con normalidad a sus vecinos en pleno verano. Las instalaciones de El Val, O’Donnell y el Juncal han sufrido, una tras otra, episodios de contaminación, cierres repentinos y precintos administrativos.

La situación ha llegado al punto de que el PSOE ha interpuesto una denuncia formal ante Salud Pública por la apertura de piscinas con agua contaminada. Mientras tanto, las familias alcalaínas se quedan sin alternativa pública para combatir las olas de calor. No hay chapuzón para todos. Solo para quien tiene las llaves.

Quizá la pregunta no sea ya si se ha hecho algo legal o ilegal, todo apunta a que el uso estaba permitido, sino si es coherente con el discurso de austeridad que tantas veces ha blandido Ayuso. La residencia no es oficial, pero lo parece. El uso no es habitual, pero ha ocurrido. Y el silencio, como el agua de la piscina, ha sido cristalino: apenas una ondulación.

Por lo pronto, en Rascafría se disfruta del fresco serrano en chalé institucional. En Alcalá, con suerte, de una ducha fría en casa.

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