- La reforma actual reabre el debate sobre cómo intervenir en un espacio tan simbólico sin perder su esencia histórica.
- Cónica gráfica de Ricardo Espinosa Ibeas para ALCALÁ HOY
La Plaza de Cervantes de Alcalá de Henares vuelve a ser un escenario en transformación. Desde hace semanas, los vallados, el ruido de maquinaria y las baldosas arrancadas han devuelto al corazón de la ciudad ese aire de cirugía urbana que tanto desasosiego como expectativas genera. Las obras de mejora, mantenimiento y rehabilitación comenzaron formalmente en abril de 2025 y están financiadas con fondos europeos Next Generation, canalizados a través del Ministerio de Turismo dentro del plan específico para las Ciudades Patrimonio. El presupuesto exacto: 2.996.575,89 euros.
El proyecto fue redactado en 2022 durante el mandato del PSOE y aprobado con la idea de actuar sobre uno de los espacios más simbólicos de Alcalá, pero sin alterar su fisonomía esencial. La intervención más relevante es el cambio completo del pavimento, en una operación de lifting integral que no pasa desapercibida ni para los vecinos ni para los visitantes.
Sin embargo, la llegada del nuevo equipo de gobierno del PP y Vox tras las elecciones de 2023 introdujo modificaciones notables al proyecto original. Aunque se mantuvo el espíritu general, los cambios han afectado a detalles sensibles como los baños públicos, los parterres, el diseño de los elementos de agua, la conexión con la Capilla del Oidor y la instalación de una oficina de turismo adicional.
De los baños al refugio: los cambios clave
Uno de los puntos más discutidos ha sido el de los baños. El gobierno anterior (PSOE) había previsto un módulo exento, autolimpiable y accesible, similar al instalado en la Casa de la Juventud. La apuesta era por funcionalidad y accesibilidad. El actual equipo ha descartado esta solución y ha optado por reformar los baños existentes en el kiosko, ampliando las escaleras de entrada para instalar una plataforma elevadora que, según la concejala socialista Diana Díaz, “suele dar problemas de mantenimiento y si se estropea no hay alternativa accesible”. A ello se suma la dificultad de limpieza que puede acarrear esta opción si no hay suficiente personal disponible.
Otro elemento transformador ha sido la incorporación del refugio antiaéreo de la Guerra Civil, que el actual gobierno ha excavado y pretende poner en valor. Este hallazgo ha motivado cambios en las dimensiones de los parterres, especialmente en la zona norte de la plaza, alterando ligeramente la concepción inicial.
También se ha eliminado una pequeña oficina de turismo prevista en el proyecto socialista, que iba a situarse junto a la churrería Metrópoli sustituyendo al pequeño kiosko actual. El objetivo de aquella propuesta era reforzar la atención a los visitantes en la parte norte de la plaza, donde se concentra un mayor flujo turístico, por el eje Libreros-Mayor. Para el equipo de gobierno actual, sin embargo, la oficina del Oidor resulta suficiente.
Otra baja han sido las dos pequeñas láminas de agua que se proyectaron junto a los nuevos parterres y que pretendían aportar frescor y estética. Han desaparecido sin mayor explicación pública. Y en cuanto a la parte sur de la plaza, que los socialistas habían ideado como una gran explanada multifuncional abierta a la Capilla del Oidor —espacio clave para actos culturales y eventos—, el nuevo gobierno ha optado por mantener la disposición previa, con árboles y bancos que delimitan el espacio.
Diana Díaz, concejal socialista implicada en el proyecto inicial de la anterior legislatura, lo resume así: “Nuestra filosofía fue siempre la de rehabilitar, no reinventar. No cambiar un espacio tan identitario para la ciudad como esta plaza, aportando soluciones en base a la experiencia del espacio que se tenía”.
Del presente al pasado: una reforma con raíces profundas
Este nuevo capítulo en la vida urbana de la Plaza de Cervantes no puede entenderse sin mirar atrás. No es la primera vez que el empedrado se levanta. Ya en junio de 2018, bajo el gobierno del PSOE, se acometió la semipeatonalización del espacio, una transformación muy relevante que cambió para siempre la relación entre la plaza, el tráfico y la ciudadanía. Aquel proyecto, que incluía también la calle Libreros, fue adjudicado por 1.260.307,15 euros y se ejecutó entre polémicas y obras a contrarreloj. El tráfico fue eliminado progresivamente, y la plaza pasó a ser un gran foro peatonal donde celebrar conciertos, ferias, mercados y actos institucionales.
Durante los años siguientes se realizaron algunas intervenciones menores —como las obras de noviembre de 2020 para limitar el tráfico de residentes—, pero no hubo cambios estructurales hasta la llegada del nuevo plan de 2022, gestado en plena etapa pospandemia, con una fuerte apuesta por la financiación europea.
La historia urbana de la Plaza de Cervantes, sin embargo, va más allá de estos años recientes. Hasta los años 90, por ejemplo, la plaza era atravesada por coches y autobuses. Se han levantado y replantado árboles, se han cambiado farolas, se ha redibujado el mobiliario urbano en varias ocasiones. La plaza es un palimpsesto, una capa sobre otra, testigo de siglos de historia que incluyen mercados medievales, corridas de toros, celebraciones religiosas y reivindicaciones ciudadanas.
La diferencia es que ahora —con el foco mediático y político muy puesto sobre cada euro invertido— cualquier baldosa cambiada genera debate. Y más aún cuando se entrecruzan sensibilidades patrimoniales, intereses turísticos, enfoques políticos opuestos y el inevitable juicio de los vecinos.
¿Cómo quedará finalmente? A falta de ver el resultado completo, todo indica que la plaza mantendrá su carácter abierto, sin cambios drásticos, pero con materiales nuevos, una mayor visibilidad del refugio histórico, unos baños remodelados y, probablemente, más zonas verdes delimitadas. Y, según informaciones publicadas, también con un nuevo y gran letrero turístico de «Alcalá de Henares», al estilo instagram-friendly.
Queda por ver si este letrero tendrá la aceptación popular de otros iconos turísticos… o si será otra pieza en el tablero de ajedrez simbólico que se disputa entre partidos, vecinos y visitantes.
De mercado a corazón urbano: la historia contada por el cronista
El cronista oficial de Alcalá de Henares, Vicente Sánchez Moltó, ha trazado en dos entregas publicadas en ALCALÁ HOY una minuciosa crónica de la evolución de la Plaza de Cervantes, desde sus orígenes medievales hasta convertirse en el centro neurálgico de la ciudad.
En la primera entrega, Sánchez Moltó repasa cómo la plaza comenzó su historia como “plaza del mercado” en el siglo XII, ligada a la Puerta de Guadalajara y al trazado del camino real. A lo largo de los siglos fue ampliándose, albergando no solo intercambios comerciales sino también actos religiosos, cívicos y festivos, lo que cimentó su papel como espacio simbólico de convivencia ciudadana.
En la segunda entrega, se analizan los grandes hitos del siglo XIX y XX, desde el embellecimiento neoclásico y la instalación del kiosko de música hasta la estatua de Cervantes. El cronista destaca cómo, pese a las múltiples transformaciones, la plaza ha mantenido una continuidad funcional: ser el alma pública de Alcalá.





















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Estando ya en el centro de la ciudad, me parece que sobra poner otra vez “Alcalá de Henares” en un enorme letrero insulso, por muy “Instagram friendly” que sea!
Hacer reformas me parece bien, pero en el distrito 2 de Alcalá de Henares las calles en su mayoría están rotas el asfalto dañado sin contar la suciedad que parece que no limpiarán nunca por favor hagan algo por este distrito que da pena pasar por sus calles es también parte del patrimonio histórico de la humanidad.
No hace falta irse tan lejos. La acera de la calle Azucena que linda con el antiguo cuartel, lac alle de San Pedro y San Pablo, la plaza de Palacio y por supuesto la de los Santos Niños, cuya rehabilitación se ha anunciado recientemente, llevan no ya años, sino en algunos casos décadas, en un estado lamentable.
Por otro lado, y aunque nada más lejos de mi intención que menospreciar a los barrios -yo también vivo en uno, no en el centro-, hay que tener en cuenta que el casco antiguo sufre una presión mucho mayor que los barrios, ya que mientras por los segundos sólo se mueven en términos generales sus residentes, en el centro a sus escasos habitantes se suman en mayor o menor medida los residentes en otros barrios de Alcalá así como los cada vez más numerosos turistas.
Dicho con otras palabras, experimenta una presión mucho mayor y por consiguiente mucho más desgaste. Lo lógico es abordar los problemas de cada barrio, incluyendo el centro, de una manera consecuente y en función de sus necesidades. Por ejemplo, para los residentes en El Ensanche y en los otros barrios del norte, resulta fundamental la apertura del acceso norte de la estación, mientras que Reyes Católicos, el Val o el propio centro, pongo por caso, tienen sus propias prioridades que habrá que armonizar en su conjunto.
Lo que necesita mimo son los barrios, no el centro. Algunas zonas están en un estado lamentable de abandono.
Se me olvidaba. Presciendiendo de reformas históricas de la plaza, en el gráfico de las reformas faltaría la que se hizo en 1978 siendo alcalde Fernando Sancho, que fue la que le dio, con reformas menores, su aspecto actual. Anteriormente, tal como se puede apreciar en multitud de fotografías y postales, su piso era de tierra a excepción de las dos aceras de los lados largos, y tan sólo había unos pequeños parterres rodeando la estatua y las farolas.
Fue entonces cuando se pavimentó en su totalidad la zona interior, no así las calzadas, construyéndose los bancos corridos y remodelando -a mi entender de forma desafortunada- el pedestal de la estatua.