- El Alcalá cae ante el Coria, pero firma una campaña brillante, rozando el playoff y devolviendo ilusión, orgullo y ambición a la afición rojilla.
- Crónica gráfica de Ricardo Espinosa Ibeas para ALCALÁ HOY
El sol de la mañana del 3 de mayo iluminaba El Val como si supiera que aquel día no era uno más. Gradas abarrotadas, bufandas rojillas ondeando al viento, familias enteras con la camiseta del corazón y un rugido colectivo que hacía vibrar las gradas del estadio complutense. La RSD Alcalá jugaba su última batalla de la temporada 2025/2026 contra el CD Coria, con el sueño del playoff de ascenso aún latiendo con fuerza.
Entre los asistentes que siguieron el encuentro desde la tribuna principal destacaron la alcaldesa Judith Piquet y la concejala de Deportes Lola López, mostrando el claro respaldo institucional al club rojillo en un día tan señalado. No era solo un partido: era la culminación de nueve meses de garra, sudor, remontadas y una afición que nunca, jamás, dejó de creer.
Y qué mejor manera de empezar que con un gol que desató la locura. Minuto 12. Centro preciso de Alberto Alburquerque, la “Pantera” Lacine Koné aparece como un rayo, controla y define con sangre fría. 1-0. El Val explotó. Brazos al cielo, abrazos entre desconocidos convertidos en hermanos por un instante. Ese gol no era solo tres puntos: era la fe hecha carne, el premio a una temporada en la que los rojillos habían coqueteado con los puestos nobles durante semanas.
Pero el fútbol, ese deporte cruel y hermoso, tenía otros planes. El Coria, necesitado también de victoria para sellar su plaza en la liguilla, reaccionó con contundencia. Antes del descanso, Tomás Fernández igualó con un disparo ajustado y, en el añadido, Rafa Núñez (Benji para la afición) firmó el 1-2 tras aprovechar un error en salida. A vestuarios con la necesidad de remar contracorriente. El marcador dolía, pero el alma rojilla no se rompía.
En la segunda parte, los de Vivar Dorado salieron con todo. Cambios ofensivos, presión alta y un El Val que se convirtió en una caldera. Marco López desbordaba por la izquierda, Koné volvía a cabecear con peligro (el portero visitante se lució para evitar el empate) y los minutos se consumían entre intentos y corazón. La grada no paró de cantar ni un segundo. “¡Alcalá, Alcalá!” retumbaba mientras las Brigadas Rojillas ondeaban banderas y pedían un gol que no llegó. Al final, derrota 1-2, pero aplausos eternos para los jugadores que, uno a uno, fueron a agradecer el apoyo incluido el de las autoridades presentes en la tribuna.
Una temporada para enmarcar
La 2025/2026 no ha sido una liga cualquiera para la RSD Alcalá. Ascendidos la temporada anterior, los rojillos llegaron a Segunda Federación con el objetivo de consolidarse… y acabaron soñando mucho más alto. 6º puesto con 51 puntos (14 victorias, 9 empates, 11 derrotas, 42 goles a favor y 39 en contra). A solo 6 puntos del playoff y con rachas que hicieron vibrar a toda la ciudad.
Hubo tardes mágicas. La goleada 3-0 al Rayo Vallecano B en abril, que además selló matemáticamente la permanencia y el billete a la próxima Copa del Rey, fue un ejemplo de dominio absoluto. O la victoria 2-0 en Fuenlabrada, donde el equipo demostró carácter lejos de casa. Empates heroicos como el 0-0 en Quintanar del Rey, que mantenía viva la llama cuando todo parecía complicado. Y siempre, la figura de Koné y Alburquerque en ataque, la solidez de Pantoja bajo palos y el liderazgo silencioso de veteranos como Borja Sánchez o Javi Jiménez.
Vivar Dorado ha construido un bloque compacto, con identidad clara: presión alta, salida desde atrás y verticalidad. Un equipo que no se rinde nunca. La afición ha sido el jugador número 12. Viajes masivos a cualquier rincón de España, apoyo incondicional en las derrotas y celebraciones épicas en las victorias. En El Val, este año se ha vuelto a sentir lo que significa ser rojillo: orgullo, historia y futuro. El respaldo de la alcaldesa y la concejala de Deportes refuerza ese vínculo entre club e institución.
El sabor de lo que pudo ser… y lo que vendrá
La derrota ante el Coria dejó un regusto agridulce. Se quedó a las puertas de un playoff que habría sido histórico. Pero nadie en Alcalá baja la cabeza. Este equipo ha demostrado que puede competir con cualquiera de la categoría. Ha crecido, ha madurado y ha devuelto la ilusión a una afición que merece volver a soñar con cotas más altas.
Ahora viene el tiempo de la reflexión, de las despedidas posibles y de los refuerzos que vendrán. Pero sobre todo, de agradecer. A los jugadores que se dejaron el alma, al cuerpo técnico que creyó cuando pocos lo hacían, a la directiva por el esfuerzo constante, a las autoridades municipales por su presencia y apoyo, y especialmente, a esa afición rojilla que convierte El Val en un fortín inexpugnable.
La temporada 2025/2026 se cierra con derrota, sí. Pero con la cabeza alta y el pecho hinchado de orgullo. Porque la RSD Alcalá no se mide solo por puntos o posiciones: se mide por garra, por valores y por el amor de una ciudad entera.
El sueño no termina aquí. Solo hiberna. El próximo agosto volverá la pretemporada, volverán las ilusiones y volverá ese rugido inconfundible del Val. Porque esto es Alcalá. Porque esto es Rojillo. Porque aquí nunca se rinde nadie.
¡Gracias, equipo! ¡Gracias, afición! ¡Gracias por el respaldo institucional!
Hasta la próxima temporada. ¡Vamos Alcalá!
















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