La foto y la ausencia: política de escaparate en el Primero de Mayo | Por Pedro Enrique Andarelli

Pedro Enrique Andarelli firma esta tribuna tras la manifestación del Primero de Mayo en Madrid, donde la presencia de antiguos dirigentes socialistas y la gestión de la actual dirección local reabren el debate sobre la coherencia política y el papel de la militancia. Entre la imagen proyectada y la realidad interna del partido, el autor reflexiona sobre la política de escaparate, el valor de la base y los riesgos de silenciar voces críticas.

Foto posteada en X por el PSOE de Alcalá de Henares
  • La imagen proyectada contrasta con una militancia que reclama voz, coherencia y primarias en medio de una crisis interna aún lejos de resolverse.
Pedro Enrque Andarelli, Director de ALCALÁ HOY

En la superficie, la escena parece inofensiva: pancartas ondeando, consignas repetidas como un eco aprendido y, entre la multitud, la figura reconocible de quien un día ocupó la cúspide del poder orgánico. Pero basta rascar un poco para que la imagen se resquebraje. Hay algo profundamente incoherente en la presencia tardía, casi impostada, de un ex secretario general en una manifestación del Primero de Mayo que, durante años, le resultó ajena. Es como si un actor olvidado regresara al escenario en el último acto, no para interpretar su papel, sino para asegurarse de aparecer en la fotografía final.

La política, como la gravedad, no perdona las inconsistencias prolongadas. Durante demasiado tiempo, la ausencia fue la norma. Y, sin embargo, ahora irrumpe, no como un militante más, sino como alguien que busca mantenerse en el encuadre. No hay convicción en ese gesto, sino cálculo; no hay compromiso sostenido, sino la necesidad de seguir siendo visible. La política se reduce así a presencia, a imagen, a una coreografía pensada para la cámara.

Mientras tanto, los verdaderos protagonistas, los militantes socialistas de Alcalá de Henares que acudieron a la manifestación,  quedan relegados a un segundo plano. Son ellos quienes sostienen el tejido cotidiano del partido, quienes pisan la calle cuando no hay cámaras, quienes mantienen viva la organización en los momentos de silencio. No necesitan impostar presencia porque nunca dejaron de estar. Y, sin embargo, quedan opacados por figuras que regresan cuando el foco vuelve a encenderse. Hay en esa contradicción una señal preocupante: la distancia creciente entre la política que se vive y la política que se representa.

La responsabilidad no es solo individual. La gestora del PSOE de Alcalá de Henares tenía la oportunidad, y la obligación,  de articular una presencia colectiva, de organizar a sus militantes, de darles visibilidad y sentido. Podía haber convertido esa jornada en un acto de reafirmación, en una demostración de músculo político y de cohesión interna. Podía haber ordenado esa energía dispersa en un mensaje común, reconocible, compartido. Pero optó por una solución más simple: la foto. La proximidad a un nombre conocido, aunque ese nombre ya pertenezca más al pasado que al presente.

Si de verdad se cree en la reconstrucción que se proclama, esta no puede limitarse a consignas repetidas. La unidad no se invoca, se practica. No se impone desde arriba, se construye desde abajo. Y en este caso, esa construcción fue sustituida por una imagen fácil, por la tentación de apoyarse en una figura reconocible aunque políticamente desgastada. La política convertida en escaparate, en una sucesión de gestos que buscan impacto inmediato pero que carecen de continuidad.

Pero hay un elemento aún más inquietante que convierte esta escena en algo más que una simple incoherencia: el intento de silenciar las voces de la militancia. Que se haya llegado a amenazar a militantes por expresar libremente sus opiniones, advirtiéndoles según ha podido saber ALCALÁ HOY, de que sus palabras están siendo “visionadas y evaluadas” por órganos disciplinarios del PSOE de Madrid en referencia a nuestra crónica de la reunión de la militancia en el ‘Plan B’ al no poder acceder a la sede socialista de Río Miño, cerrada por “avería”, no es solo un error político; es una grieta moral. Es el síntoma de una estructura que, en lugar de escuchar, vigila; en lugar de integrar, amordaza. Una auténtica vergüenza que revela más miedo que autoridad.

Cuando una organización empieza a temer la voz de los suyos, deja de ser una comunidad política para convertirse en un mecanismo de control. Y ese desliz no es menor: marca el inicio de una desconexión profunda entre dirección y base. Los militantes no son figurantes ni piezas disciplinadas; son el fundamento mismo del proyecto. Pretender silenciarlos no fortalece al partido, lo debilita, lo encierra en sí mismo y lo aleja de la realidad social que dice representar.

Ese giro hacia el control revela una inseguridad que no se puede ocultar con gestos públicos ni con fotografías bien encuadradas. Cuando falta legitimidad, se intenta sustituir por presencia; cuando falta cohesión, se recurre a la apariencia. Pero la política real no se sostiene en la imagen, sino en la confianza, en la participación y en la coherencia. Y la coherencia, en política, es acumulativa: se construye con el tiempo, con la constancia y con la presencia sostenida, no con apariciones puntuales en momentos simbólicos.

Hay algo especialmente revelador en todo esto: la distancia entre lo que se muestra y lo que realmente ocurre. La fotografía puede transmitir una sensación de normalidad, incluso de unidad, pero bajo esa superficie persiste un conflicto no resuelto. No basta con aparecer para representar; no basta con compartir espacio para compartir proyecto. La política no se legitima en la imagen, sino en la relación cotidiana con la militancia y con la ciudadanía.

Porque la política viva ocurre fuera del encuadre. Está en la conversación interna, en el debate, en la discrepancia que se gestiona y no se reprime. Está en la capacidad de integrar voces distintas sin convertirlas en problema. Está en la voluntad de construir un proyecto colectivo donde nadie sobre y donde nadie sea silenciado por pensar diferente. Y eso no se construye en un acto puntual, sino en el trabajo sostenido que rara vez se fotografía, pero que es el que verdaderamente sostiene cualquier organización política.

Mientras tanto, fuera de la imagen, siguen estando los de siempre. Los que no protagonizan titulares, pero sostienen la organización. Los que no buscan el foco, pero mantienen el compromiso. Los que no necesitan aparecer porque ya están. Son ellos quienes, pese a todo, mantienen la dignidad del proyecto político, quienes todavía creen que la política puede ser algo más que una escenografía.

Quizá por eso la escena resulta tan significativa: no tanto por lo que muestra, sino por lo que deja fuera. No por quien aparece, sino por quienes quedan invisibilizados. Porque al final, las fotografías también construyen relatos. Y este, pese a su apariencia, deja entrever una realidad incómoda: que hay presencias que ya no significan lo que pretenden, y ausencias que dicen mucho más de lo que parecen. Y que, en política, el tiempo siempre termina poniendo a cada cual en su lugar, más allá del encuadre y más allá del instante congelado.

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1 Comentario

  1. La Gestora y Madrid,están llevando a la Agrupación Socialista de Alcalá de Henares,al precipicio y a un desastre , si precedentes.

  2. Lo poco gusta y lo mucho cansa. Algunos militantes ya estamos cansados de la estrategia de Pedro Enrique Gómez Fernández, ese veterano militante, propietario de un medio de comunicación y desinformación, que lleva casi un año alimentando una crisis que el mismo ayudó a construir.
    No aparecen en la foto en cuestión ni el sr. Gómez, ni Myriam Trujillo, ni ninguno de los Jóvenes Afiliados Sin Principios (JASP) y eso que todos estábamos invitados. Se nos convocó a todos los militantes, sin excepción, como corresponde y por quien tiene la potestad de hacerlo, sin subterfugios además de por escrito.
    Los JASP y sus secuaces simple y llanamente no tuvieron a bien asistir, aunque eso no sea novedad. Y que me desmienta quien pueda. Están tardando en deleitarnos con un publirreportaje en redes sociales con hordas de militantes alcalaínos silenciados transitando por la Gran Vía este pasado viernes de puente.
    El resto de las insidias y mentiras que integran esta nueva tribuna, obra y gracia de un veterano militante, no son otra cosa que un ladrillo más en el muro insalvable en el que están convirtiendo esta historia. Un trampantojo que oculta el verdadero escenario de teatro más que clásico: que te quites hombre, que me voy a poner yo.
    ¿Verá la luz este comentario? Me temo que no consideran que esta voz de militante deba ser escuchada, ni tampoco la consideran apta ni conveniente para sus pseudo debates.

    • Sr. R. García S. ¿O debaría decir compañero o compañera? Vale que no le gusten mis tribunas. Está en su derecho. Pero le aclaro que en ningún caso soy responsable ni he ayudado a construir ninguna crisis. Ese principalmente tiene nombre propio, y no es otro que el exsecretario general y actual portavoz municipal y diputado nacional Javier Rodríguez Palacios. Le recuerdo que él fue quien propuso la suspensión de militancia del compañero Enrique Nogués, a la sazón secretario de organización. Posteriormente al comprobar por lo que sea que no disponía de mayoría suficiente en la ágrupación presentó inopinadamente su dimisión como secretario general, cargo que como bien sabe no está retribuido.Esa maniobra provocó que el PSOE de Madrid instaurara una gestora en Alcalá para dirigir la agrupación socilalista de Alcalá, que en el próximo mes de junio llegaría al límite de 90 días que contemplan los estatutos y que estos momento se estaría planteando una prórroga. Dígame usted por tanto que he tenido que ver yo en esta crisis, salvo relatarla y hacerla pública, cumpliendo con mi papel de periodista. Pero en realidad no le intersa para nada saber la verdad. Lo único que persigue es mantener su estatu quo probablemente o la continuidad de D. Javier Rodríguez Palacio como candidato a la alcaldía nuevamente a costa de lo que sea y, soslayando para ello cualquier principio ético o democrático. Hágaselo mirar. Por cierto le invito a leer mi próxima tribuna. Sale el miércoles.

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