5 claves para mejorar tu sistema inmune

La salud inmunitaria responde a factores genéticos pero, también, depende de una gran cantidad de factores ambientales o externos. La dieta, el descanso o la práctica de deporte pueden influir significativamente en nuestro estado de salud y pueden determinar nuestra predisposición a enfermedad o sufrir dolencias a largo plazo.

  • El consumo de suplementos vitamínicos puede proporcionar mayor robustez a nuestro sistema inmune.

La salud inmunitaria responde a factores genéticos pero, también, depende de una gran cantidad de factores ambientales o externos. La dieta, el descanso o la práctica de deporte pueden influir significativamente en nuestro estado de salud y pueden determinar nuestra predisposición a enfermedad o sufrir dolencias a largo plazo.

A continuación, compartimos contigo algunas claves sobre como mejorar el sistema inmune. ¡Presta atención!


Selecciona un buen suplemento vitamínico

El consumo de suplementos vitamínicos puede proporcionar mayor robustez a nuestro sistema inmune. Éstos incluyen Vitamina C, Vitamina D o Zinc. Es importante tener en cuenta que su consumo en ningún caso deberá ser un sustituto de una dieta rica y variada, así como un estilo de vida saludable y activo. Gracias al proceso de digitalización que ha sufrido el sector de la parafarmacia es posible encontrar proveedores de confianza en apenas unos clics y recibir suplementos vitamínicos a domicilio. Por ejemplo, en Farmajsanchez puedes encontrar una interesante selección de productos así como una tienda de cosmética natural.


Cuida tu descanso

El descanso está directamente relacionado con la inmunidad del organismo. El efecto reparador del sueño se alcanza en diferentes períodos en función de la edad. Mientras que los adultos necesitan un mínimo de 7 horas de sueño de calidad, los adolescentes requieren de entre 8 y 10 y los niños hasta 14.

Existe una amplia literatura científica al respecto. Por ejemplo, un estudio elaborado en 2010 por la Universidad Case Western Reserve concluyó que dormir durante períodos inferiores a las seis horas por día incrementaba en un 50% los riesgos de padecer cáncer de intestino. Se trata del segundo cáncer más mortal de Reino Unido y Estados Unidos por lo que el estudio definió la falta de sueño como un “peligro para la salud pública”. Otro estudio elaborado en 2019 reveló que aquellos profesionales que trabajan habitualmente en turnos de noche registran un 30% más de daño de ADN que aquellos que desarrollaban sus funciones en horario diurno.

Cuidar nuestra rutina de sueño se convierte, por tanto, en un factor determinante. No sólo en nuestra salud física, sino también a nivel psicoemocional. Para favorecer una correcta higiene del sueño es aconsejable limitar la exposición a pantallas retroiluminadas. La luz azulada que emiten los dispositivos electrónicos puede desequilibrar el ritmo circadiano o el ciclo natural de vigilia-sueño. Establecer una rutina acostándonos a la misma hora todas las noches o practicar ejercicio de forma recurrente también pueden mejorar la calidad del sueño a largo plazo.


Dá prioridad a los alimentos de origen vegetal

Crear una dieta basada en alimentos de origen vegetal puede potenciar los recursos naturales del organismo para luchar contra los elementos patógenos perjudiciales. El alto contenido en antioxidantes que podemos encontrar en las legumbres, las frutas o las verduras minimizan las respuestas inflamatorias reduciendo el efecto de los radicales libres. Mantenerlos a raya se convierte en algo fundamental porque, en caso de que se acumulen en niveles elevados, pueden causar cuadros inflamatorios, algo que está asociado de forma directa o indirecta a dolencias de gravedad variable como el Alzheimer, ciertos tipos de cáncer o enfermedades cardíacas.

Por otro lado, la fibra contribuye a vigorizar el microbioma intestinal, es decir, la proliferación de bacterias intestinales saludables. Un microbioma puede incrementar la inmunidad del organismo e impedir que se produzca la penetración de patógenos dañinos a partir del tracto digestivo.

No obstante, los beneficios de los alimentos vegetales tienen una elevada cantidad de nutrientes esenciales como, por ejemplo, la vitamina C cuya presencia puede minimizar los períodos de recuperación ante afecciones como el resfriado común.


Presta atención a las grasas saludables

El consumo de grasas saludables puede reducir las respuestas inflamatorias generadas por episodios de estrés o lesiones. Podemos encontrarla en grandes cantidades dentro de alimentos como el salmón y, especialmente, en el aceite de oliva.

El aceite de oliva ejerce un importante efecto antiinflamatorio y su consumo a largo plazo puede minimizar la tasa de incidencia de problemas cardíacos o de enfermedades graves como la diabetes tipo 2. Integrarlo dentro de nuestra dieta de forma regular puede contribuir a la supresión de bacterias o virus responsables de enfermedades. Los ácidos grasos omega-3 también cuentan con unas propiedades similares y pueden encontrarse en altas cantidades dentro de alimentos como, por ejemplo, las semillas de chía.


Reduce el consumo de azúcares añadidos

Una investigación utilizó una tasa muestral de 1.000 personas. Entre ellas, aquellas que sufrían de problemas de obesidad y que recibieron una vacuna antigripal poseían el doble de probabilidades de contraer la gripe en comparación a aquellas que no sufrían obesidad. Existen suficientes evidencias para confirmar que el consumo de azúcares añadidos o de carbohidratos refinados pueden multiplicar las posibilidades de sufrir problemas de obesidad y, en general, los riesgos de enfermar.

La reducción de su ingesta contribuye a minimizar los procesos inflamatorios, facilita la pérdida de peso, reduce las probabilidades de sufrir enfermedades y desórdenes cardíacos así como otras de mayor gravedad como la diabetes tipo 2 y, en general, todo tipo de enfermedades crónicas.

El sistema inmunitario puede verse mermado ante enfermedades como la obesidad o la diabetes por lo que, reducir el consumo de azúcares añadidos puede fortalecer los recursos del organismo ante riesgos potenciales y afecciones de todo tipo.

Lo más recomendable es no sobrepasar una cuota de azúcares del 5% de las calorías diarias. Por ejemplo, una persona que consuma 2.000 calorías al día no debería consumir más de dos cucharadas de azúcar, es decir, aproximadamente 25 gramos.

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