Estereotipo y dogma | Por Francisco Muñoz Romero

Una sugerente ilustración gráfica de dos mujeres limpiando coches fue declarada anatema por feministas de toda condición y, por supuesto, por parte de políticos/as y sindicalistas/os progres de amplio espectro bacteriano. Las ilustraciones formaban parte del rótulo publicitario de un lavadero de coches en un polígono industrial y mostraba a dos mujeres jóvenes, con escasa ropa, dando cera y puliendo cera.

Fotos remitidas por un vecino

 

  • Francisco Muñoz Romero, Profesor de Comunicación Institucional e Imagen Pública en la UCM

Es intolerable, decían todos y todas: es un cartel “vejatorio” y “discriminatorio”. Cosifica a mujer. Es una “barbaridad anacrónica” dice un sindicato comunista. El Ayuntamiento, cual bobo de la escena clásica, lo quiere llevar al Fiscal General del Estado “para que tome medidas contra el dueño”. Todas las televisiones nacionales se ocuparon de la blasfemia cometida contra la ideología de género dominante.

Foto de Ricardo Espinosa

A tres metros de la puerta del Ayuntamiento, en plena plaza de Cervantes, hay una clínica estética. Esas de cirugía plástica y belleza a base de visa y mastercard. Como rótulo y escaparate utiliza la imagen de una mujer joven, tipazo, con muy poca ropa, apenas unas braguitas negras con su sujetador de encaje y en posado sexy. Y nadie dice nada. No se abren las carnes feministas ni se mesan cabellos los políticos progres. Eso no va la Fiscalía General del Estado. No es vejatorio. No es cosificación. No es una barbaridad anacrónica. No es discriminación. No, claro que no. Es pura hipocresía.

Hay un cierto feminismo que se ha convertido en estereotipo del feminismo y ese es el que manda. No el feminismo genuino, de fondo, que haberlo, haylo; sino su vulgarización y su banalización.

Así, se ha interpretado que las lavanderas procaces son del peor machismo alfa poligonero: grosero, sucio, tosco, analfabeto al que hay que sacudir y descalificar y, además, al que se le debe moralmente sacudir y descalificar. Pero en el centro de la ciudad, tenemos una joven procaz que es muy fina y sensual ella, toda tersura y bronceado; el vivo escaparate de como el dinero puede convertirse en belleza y de como el cuerpo de la mujer joven, atractiva y perfecta, sirve para vender. Este machismo duro, invisible a plena luz del día, tan ideológicamente perverso como el anterior o quizá más, por ser caballo de Troya dentro del paisaje y las conductas normalizadas de cada día… ese el peligroso, el peligroso de verdad. Demasiadas cosas en agenda para ver la luna, así que todos a mirarse el dedo.

Mientras no provoque la misma reacción que con el anuncio de la clínica estética, la indignación ante el rótulo del polígono es tan superficial que solo es postureo, mera consigna, hipocresía, estereotipo banal de un feminismo excesivamente dogmático.

En un plano puramente estético tomé partido en su día por el ciudadano rumano que adornó su negocio con estas dos gráficas que, fuera del contexto comercial en que vieron la luz, son pura gozada como ilustración. Alguien tuvo que pintarlas y las pintó bien, hay que reconocerlo. Igual habría que habérselo explicado en vez de quemarlo en la hoguera. Igual un poco de pedagogía hubiera venido bien. Pero no, volvemos al feminismo estereotipado y una moda de homogeneización de género, que parece pensar que la letra, con sangre, entra. Además, sus motivos expresados en los medios de comunicación eran tan sinceros y directos que producen simpatía inmediata en los tiempos actuales de la mentira hecha de medias verdades: “No sé, me gustaron y los puse”. Nada más y nada menos. No necesitaba justificarse. Este hombre era así.

Es probable que el propietario del negocio se equivocara, no hay duda. Para mi es un rótulo menor que, sin quererlo, evoca el estilo de los deliciosos grafismos de los cartelistas de los años 40 y 50 que hicieron maravillas con las pinups, las cheesecake y los beefcakes (cuando eran hombres, si, los que posaban) y que como experiencia artística privada, allá cada uno, que para eso hay colores. Puestos a exagerar, pero por poco, Helmut Newton no hubiera hecho del cuerpo de la mujer un objeto artístico por el mero placer del goce visual del cuerpo de la mujer. Seamos rigurosos, a algunas barbaridades anacrónicas algunos las consideran “trendy” y e incluso las llaman “vintage”.

Si tienen que estar permitidas (o no) ilustraciones de ese tipo como rotulación comercial, debe ser un debate abierto. Pero un debate social. No solo legal. Cuando se trata de prohibir, cuanto menos, mejor. Luego cada uno pone en juego sus valores, sus principios, sus convicciones y decide no comer carne nunca más en la vida, dejar de utilizar bolsas de plástico, tirar al contenedor verde los envases de vidrio o que le laven el coche unas señoritas en bikini o unos señoritos en shorts. La Civilización avanza imparable y va dejando atrás todo lo que la hace imperfecta. Viene siendo así desde que dejamos la caverna para vivir en adosados.

Desde luego lo que no cabe en ningún sitio, lo que no debería caber en ninguna mentalidad realmente avanzada y feminista es que una foto de catálogo de una chica en ropa interior comprada en un banco de imágenes por 3€ sea convertida en ideal de belleza contemporánea en pública exposición justo en el edificio anexo al lugar donde debería residir la autoría intelectual de una sociedad más igualitaria y que solo ha proyectado estereotipo y dogma, al igual que muchos otros y otras participantes en el auto de fe del cartel del lavadero.

Si, creo que hay un feminismo auténtico, sincero y necesario y otro feminismo estereotipado que sólo considera el rasgo grueso y ahí se queda. La indignación general de este caso fue pura apariencia, postureo al calor de un feminismo sobreactuado y poco reflexivo, feminismo de manual, mientras el patriarcado de verdad, el de la mano invisible, sigue señoreando sus estandartes en el mismo corazón de la ciudad.

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3 Comentarios

  1. Muy cierto. No sabemos hacerlo de otro modo. El dinero, el lujo y el refinamiento aunque sea podrido , siempre ha marcado y marcará las tendencias del pensamiento y la acción. Ese rumano ilustrado no puso en su cartel » lavado de bajos 50 euros, a clientes femeninos 25 euros». Le faltó matizar y no solo hubiese obtenido exito comercial sino además impunidad ideológica/feminística.

  2. Cuando salió esta noticia la defensa para que desapareciera ese cartel , el énfasis, el malestar que provoco en el equipo de gobierno..todo ese POSTUREO POLITICO, me causó una profunda tristeza, aún estando de acuerdo en que no veo adecuado que se utilice la figura de la mujer de esa manera….soy trabajadora municipal, en el 2017 TODOS LOS GRUPOS POLITICOS de este ayuntamiento más la CONCEJALA DE LA MUJER en esos momentos, tuvieron conocimiento a través de un escrito documentado y enviado por Registro General, donde se daba cuenta de una conducta ABERRANTE contra las mujeres de la brigada donde desempeñó mis funciones….violentar la puerta del aseo femenino de dicho taller…ni los mandos intermedios, ni los superiores tomaron cartas en el asunto….Pero peor respuesta fue el SILENCIO de todos los grupos políticos del Excelentisimo….eso si, el día 8 de marzo , el 25 de noviembre,nos ponemos el lacito morado…triste y oscura esa es la realidad del día a dia, hacer campañas en centros educativos sobre conductas machistas que hay que desterrar de nuestra sociedad, y nos encontramos con personas adultas, formadas académicamente en mayor o menor grado y que son los regidores de nuestro municipio y topar con el POSTUREO de cara a la galería…..

  3. El postureo, la banalización, la superficialidad y la falta de análisis constituyen un fenómeno imparable, que refleja hasta que punto puede llegar la manipulación de las masas. Ni hay tiempo, se dice, pero creo que tampoco hay ganas, ni valor, para pensar de manera crítica e independiente.
    Formidable ártículo.

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