Y Juana pagó el pato | Por Carlos Cotón

Según la Fundación de la Lengua Española, la expresión “pagar el pato” viene a ser lo mismo que “padecer o llevar un castigo no merecido o que ha merecido otro”. Juana Rivas ha sido condenada a cinco años de prisión por un delito de sustracción de menores y a seis años sin disponer de la patria potestad de sus dos hijos.

 

  • Carlos Cotón es miembro del Consejo de Dirección de UPYD y Portavoz en Alcalá de Henares

 

Lo más fácil en estos momentos y hablando del “caso Juana Rivas” sería criticar el funcionamiento de la justicia española o insultar al juez que ha emitido la sentencia condenatoria que de no cambiar mucho la situación, llevará a Juana Rivas a la cárcel, pero yo, y muy humildemente, prefiero analizar los hechos de forma más objetiva y no dejarme llevar por los sentimientos más internos y sí por la razón.

Juana Rivas, a su llegada el pasado julio a los juzgados de Granada. (EFE)

Yo creo que Juana Rivas ha pagado el pato. No porque no se merezca una sentencia condenatoria, pues Juana Rivas no parece ser una persona que haya visto alterada sus facultades psíquicas como para no entender que si un juez le dice que tal día a tal hora debe presentarse en el juzgado, o que tal día a tal hora debe entregar a sus hijos, de no cumplirlo, estaría faltando a la ley y por lo tanto, incumpliéndola. Ahora bien, centrándome en la definición que usa la Fundación de la Lengua Española, creo que Juana Rivas ha pagado el pato porque el castigo penal que va a padecer únicamente ella, debería repartirse también entre quienes supuestamente la asesoraban.

Desde asesores jurídicos, pasando por asociaciones de distinta índole hasta, como no, algunos partidos políticos. Ellos, todos ellos, animaron a Juana Rivas a cometer todo aquello que finalmente la puede llevar a entrar en prisión. Todavía hoy, ninguno de ellos ha salido a la palestra a pedir perdón.

Aquellos que vociferaban el “yo soy Juana”, ni eran Juana ni tenían ni idea de lo que estaba sintiendo Juana y por lo que estaba pasando en esos, me imagino, difíciles momentos para ella. Pocas son las tertulias televisivas que tratando este tema, cuenten con algún analista con un mínimo de objetividad a la hora de tratar este caso, pero la periodista Anna Grau lo comentaba en una de esas tertulias de forma muy razonada, a mí entender: “Juana Rivas no ha arrastrado a las masas, a Juana Rivas la han arrastrado las masas”.

También lo explica muy adecuadamente un artículo publicado en la edición andaluza de EL MUNDO sobre, precisamente, aquellos presuntos asesores y demás hooligans que animaban a Juana Rivas a desobedecer las directrices del juez. Y es que daba igual cuál fuera el fallo de la sentencia, las masas, la cúpula de esos nefastos asesores, iban a tener respuesta sí o sí. Si la sentencia hubiera ido a favor de obra de los intereses de Juana Rivas, el mensaje sería el de que “el feminismo ha vencido a la justicia heteropatriarcal que hay en España”. Si por el contrario Juana Rivas hubiera sido condenada, como ha pasado, se hablaría, como ya se está haciendo, de que si han ejercido “violencia institucional” contra ella, de que si “Juana es víctima de un sistema de justicia heteropatriarcal que ataca a las mujeres” y demás soflamas de ese movimiento que supuestamente hacen llamar feminismo, pero que realmente no lo es, y que tanto daño está haciendo a la verdadera lucha por la causa de la igualdad entre ciudadanos.

Es cierto que en la sentencia puede haber ciertas expresiones que en ningún caso debieran haber aparecido, pues un juez jamás debe emitir su opinión personal cuando está juzgando, sino que debe atenerse a los argumentos jurídicos que finalmente van a respaldar la decisión que ha adoptado. Ahora bien, esto que comento no es excusa para atacar, insultar o poner en cuestión la profesionalidad del juez que ha llevado todo el caso de Juana Rivas.

Si finalmente Juana Rivas tiene que ingresar en prisión, los verdaderos perjudicados serán sus dos hijos, que tendrán que estar bajo la supervisión de un hombre que fue condenado en el año 2009 por un delito de malos tratos y que, además, van a ser privados de su madre durante bastantes años, con todo lo que eso conlleva en términos personales y sentimentales, por irresponsabilidad personal de la propia Juana Rivas y por irresponsabilidad profesional de quienes supuestamente la asesoraban. Pero claro, lo fácil, como he dicho, es criticar la sentencia, insultar al juez y no reconocer esos errores ni condenar ese presunto asesoramiento.

El caso de Juana Rivas nos debe dar una lección, debe convertirse en un precedente que sirva para darnos cuenta, a todos, de que la justicia de la turbe no sirve de nada, y que por gritar o vociferar más alto y de manera más vehemente en las calles, ni uno tiene la razón ni uno imparte justicia. Administrar justicia compete a los jueces, no a cualquiera que pasa por allí. A ver cuándo empezamos a darnos cuenta.

Carlos Cotón,  miembro del Consejo de Dirección de UPYD y Portavoz en Alcalá de Henares

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