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Alcalá inaugura el KM 26 del Anillo Verde con protagonismo vecinal, participación de la UFIL y homenaje a la asociación Francisca de Pedraza.
- Imágenes remitidas por 1 Millón de Árboles por el Cambio Climático – Alcalá Verde
El Anillo Verde de Alcalá de Henares sigue creciendo, pero lo hace a su manera: combinando medio ambiente, tejido social y un punto de simbolismo que va más allá de lo puramente paisajístico. Este viernes, la ciudad ha estrenado el kilómetro 26 de este corredor natural impulsado por la asociación 1 Millón de Árboles por el Cambio Climático – Alcalá Verde, en una jornada que ha mezclado plantaciones, comunidad y memoria colectiva.
El acto no se ha limitado a cortar una cinta, que aquí sería casi un sacrilegio ecológico, sino que ha incorporado un homenaje cargado de significado a la Asociación de Mujeres Progresistas Francisca de Pedraza. Una elección que no es casual: vincular la defensa del entorno natural con la lucha por la dignidad y los derechos de las mujeres refuerza esa idea, cada vez más presente, de que las ciudades se construyen tanto con árboles como con valores.
La cita ha contado con presencia institucional, algo habitual en este tipo de iniciativas pero que, en este caso, ha tenido un tono más cercano que protocolario. Entre quienes han asistido, ha destacado la concejala de Participación Ciudadana, Esther de Andrés, que ha puesto el acento en una idea clave: sin colaboración entre administraciones y ciudadanía organizada, proyectos como este no pasan del papel. Tambien han asistido el concejal socialiasta Enrique Nogués, y la concejala de Más Madrid Sara Verdugo.
Un kilómetro que se construye desde abajo
Si algo define este nuevo tramo del Anillo Verde es precisamente su carácter colectivo. Lejos de ser una actuación diseñada únicamente desde un despacho, el KM 26 es el resultado de un trabajo compartido en el que han participado diferentes agentes locales.
Uno de los momentos más reconocidos del acto ha sido el dedicado a la UFIL (Unidad de Formación e Inserción Laboral), cuyos alumnos y alumnas han tenido un papel protagonista en la ejecución del proyecto. Tanto desde la rama de jardinería como desde la de carpintería, su contribución ha sido tangible: plantación de especies autóctonas, acondicionamiento del terreno, instalación de elementos y mejora de infraestructuras.
No es solo una cuestión técnica. La implicación de la UFIL introduce un componente social evidente: formación práctica, inserción laboral y participación directa en la mejora de la ciudad. Es, en el fondo, una manera de cerrar el círculo entre aprendizaje y utilidad pública.
Ecología y derechos: un mismo discurso.
El homenaje a la Asociación de Mujeres Progresistas Francisca de Pedraza ha sido otro de los ejes de la jornada. En un entorno como el Anillo Verde, donde lo natural podría monopolizar el relato, la organización del acto ha querido subrayar que la sostenibilidad no es solo ambiental, sino también social.
Durante la intervención de los colectivos presentes, se ha insistido en una idea que conecta ambas dimensiones: un entorno cuidado, accesible y seguro contribuye también a generar espacios más igualitarios. No es una afirmación retórica; tiene implicaciones prácticas en cómo se diseñan, mantienen y utilizan los espacios públicos.
En ese sentido, la presencia de asociaciones como el Foro del Henares y la propia entidad homenajeada refuerza esa red de colaboración que sostiene el proyecto más allá de lo institucional.
Un proyecto que sigue creciendo
Con la inauguración de este nuevo tramo, el proyecto Alcalá Verde continúa ampliando su huella en el cinturón natural de la ciudad. El objetivo es claro: crear un corredor verde continuo que favorezca la biodiversidad, mejore la calidad ambiental y sirva como espacio de encuentro para la ciudadanía.
Pero más allá de los números , ese kilómetro 26 que ya forma parte del mapa, lo relevante es la dinámica que se consolida. Cada nuevo tramo no solo suma terreno, sino también implicación vecinal, conciencia climática y participación social.
En una ciudad donde el debate urbano suele moverse entre grandes proyectos y pequeñas polémicas, iniciativas como esta aportan una narrativa distinta: la de las transformaciones lentas, acumulativas y compartidas.
Y quizá ahí está la clave. Porque el Anillo Verde no avanza a golpe de titulares, sino de pasos cortos y constantes. Árbol a árbol. Kilómetro a kilómetro. Con la sensación, cada vez más evidente, de que detrás de cada tramo hay algo más que tierra y vegetación: hay comunidad.


















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