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El autor reivindica la sensibilidad y la fortaleza emocional de una generación injustamente etiquetada como frágil, pero que resiste y evoluciona.
- Javier Juárez es Doctor en Periodismo por la Universidad Complutense de Madrid. Ha colaborado con medios de España, México, Colombia y Estados Unidos. En la actualidad es Profesor de Periodismo en la UCM.
Últimamente se ha extendido como un mantra un discurso empeñado en menospreciar a nuestros jóvenes. Un discurso basado en una retahíla de argumentos que en la mayoría de los casos parecen sacados de “El rincón del cuñado” y que son aderezados por la resistencia (casi intuitivita) del amor propio herido de una generación (la mía) que se hace mayor y comienza a edulcorar sus pequeñas grandes hazañas para tapar sus pequeños grandes fracasos, recurriendo a un cuestionable baúl de los recuerdos que, como dice la canción, nos hacer creer (y defender) que cualquier tiempo pasado fue mejor, pero, en realidad, no es así.
Y es que los últimos coletazos boomer (no de los chicles, sino de los nacidos en la década de los sesenta) y la siempre prometedora y preparada chavalada de la Generación X (nacidos en los setenta y ochenta –entre los que me sitúo-) comenzamos a dar síntomas de agotamiento y, como los niños antes de caer desfallecidos por el cansancio, comenzamos a quejarnos y a señalar a todos como culpables potenciales de su situación. Sin embargo, no caemos en la cuenta de que, a lo mejor (solo a lo mejor), la sociedad que hemos construido en las últimas décadas, y de la que somos responsables, no es tan perfecta como decimos y que, al menos en algo, hemos fallado.
Generación de cristal, dicen algunos. Son de cristal –argumentan– porque son hipersensibles (“Estos, por cualquier cosa se te ponen a llorar. Más sensibles que el hojaldre”); porque quieren trabajar menos y cobrar más (“Ahora quieren tener una casa trabajando lo menos posible, menuda generación”); porque no valoran la cultura del esfuerzo que nos hizo fuertes a nosotros (“Que aprenden, que nosotros empezábamos de becarios y sin cobrar y luego con el salario mínimo trabajando 12 horas al día, y sin rechistar. Ahora les piden que trabajen una hora más y se quejan”); porque piden respeto para una diversidad sexual que lo complica todo (“Con lo sencillo que era antes, hombre, mujer… y raro… JA JA JA. Ahora todes rares. JA JA JA pásame otro palillo, anda”); porque no piensan más que en viajar fuera, con lo bonita que es España (“jefe, otro carajillo”)…
Nuestros jóvenes son una generación de cristal, sí, pero de cristal templado, infinitamente más resistente y consistente que las generaciones que hoy les cuestionan, entre ellas, la mía. Son sensibles, afortunadamente. Ojalá los “mayores” hubiésemos sido educados en la defensa de una sociedad más respetuosa con el “otro” y la diferencia. Ojalá no hubiésemos tenido que trabajar sin cobrar; ojalá nos hubieran enseñado que la cultura del esfuerzo que nos vendían no era tal. Que trabajar 12 horas al día no era justo. No, ni lo era ni lo es. Que viajar y conocer otras culturas es fundamental para crear una cosmovisión plural y entender que hay más modelos que el nuestro. Ojalá ningún hombre de mi generación hubiese tenido que reprimirse a la hora de mostrar sus sentimientos por miedo a sentir cuestionada su hombría. Ojalá nadie de mi generación hubiera llorado en soledad por sentir diferente y tener miedo a expresarlo públicamente…
Sin duda hay aspectos cuestionables y, como no, revisables y mejorables entre nuestros jóvenes Zeta (y pronto los Alfa y los Beta), sin duda. Pero creo que es hora de que los mayores dejemos de cuestionar constantemente a un generación que ha demostrado una resiliencia admirable y que, además, no surge de la nada, sino que es producto de una generación (la mía) que ha hecho cosas positivas, obviamente, pero que también ha consolidado una sociedad “vacía”, como ya apuntaba Lipovetsky, tremendamente egoísta y narcisista y que, aunque parecía sólida, ha demostrado ser tremendamente frágil. Es la hora de apoyar a una nueva generación que quizás sea de cristal, sí, pero de un cristal templado muy resistente y prometedor. Adelante.
















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Buen y acertado análisis. Bonito artículo.
Espectacular tu artículo muy interesante
Muy interesante tu artículo
Curiosamente, Vox es el partido más votado entre los jóvenes de 18 a 24 años.
Un buen artículo, que invita a la reflexión. Conozco a muchos jóvenes que nos dan mil vueltas a muchos de mi generación. No se puede generalizar.