- EDITORIAL: A quien lo hubiere de ver, leer o entender

Fue voluntad primera del Muy Ilustre Ayuntamiento de Alcalá de Henares, juntamente con la Comunidad de Madrid, dar vida a esta noble empresa, echando mano del caudal de historia que en dicha ciudad se cobija —cuna del Príncipe de los Ingenios y joyel nombrado Patrimonio de la Humanidad por la cristiana y universal institución de la UNESCO.
Pasaron los años, y el festival tomó aliento mayor, extendiendo su voz allende los mares, acogiendo en su seno las plumas y tablas del mundo hispanoamericano. Y así, en el año del Señor de dos mil y veinticinco, tomó por nombre el que hoy ostenta con honra: Festival Hispanoamericano del Siglo de Oro Clásicos en Alcalá.
Bajo la égida del excelentísimo don Mariano de Paco Serrano, Consejero de Cultura de la Comunidad de Madrid, el certamen abrazó con más calor a las compañías de los reinos hermanos de Indias —México, Colombia, Chile, Argentina, Uruguay y otros—, trayendo consigo nuevas miradas sobre los antiguos textos, y renovando el fulgor de aquellos tiempos con nuevas voces.
En el año pasado de 2024, celebróse la edición vigésima tercera bajo el emblema “Vuelan los Clásicos”, y en este presente año de 2025, con el lema “Sueña los Clásicos”, confirmando su mudanza de nombre y su espíritu transatlántico. Por tales méritos, ha sido galardonado con la Medalla de Oro de la Academia de Artes Escénicas de España, reconocimiento de no escasa estima.
Las representaciones se despliegan por toda la villa, perdón ciudad, complutense, ocupando espacios de gran prosapia y señorío: el Teatro Salón Cervantes, el vetusto Corral de Comedias (joya entre las más antiguas de Europa), el Auditorio Paco de Lucía, el Patio de Santo Tomás de Villanueva, la Calle Mayor y sus plazas públicas, la Casa Natal del gran Cervantes y aun el antiquísimo Hospital de Antezana, donde el teatro halla su morada entre piedras centenarias.
La presente edición, que ha de celebrarse entre el 13 de junio y el 6 de julio, contará con más de veinte estrenos y noventa actividades, sesenta y dos compañías venidas de nueve naciones —España, Colombia, México, Uruguay, Bolivia, Argentina, Venezuela, los reinos de ultramar de Canadá y los Estados Unidos de Norteamérica—, abarcando géneros varios como la danza, la poesía, el teatro de títeres, el circo y la música, siempre con el alma vuelta hacia la América hispánica.
Empero, no todo en esta epístola ha de ser loor ni alabanza…
Pues aunque se invierten doblones y ducados en colgar vistosas banderolas de farolas, en aderezar calles y empapelar la ciudad cervantina con signos que den testimonio de que algo grande está en ciernes, y aunque se imprimen gacetillas y se lanzan clamores en los papeles de la Corte, ni un solo real a ocho se ha destinado a sustentar la voz de los impresores y avisadores locales, aquellos que, día a día, mantienen viva la llama del decir en Alcalá.
Así pues, siendo que no se nos convoca ni se nos considera, y ya que en esta comedia no hallamos papel que nos toque, probablemente, como quien se quita el jubón para no mancharlo de mostaza, pasaremos del festival. Y aun con todo ello, deseámosles mucha mierda.
Epílogo rimado (con sorna y soneto)
De farol en farol va el estandarte,
con letras de oro y humo de promesa;
y aunque su voz retumba con nobleza,
ni un eco dio al que labra el arte aparte.
Mil gaitas suenan, danzas por doquier parte,
truécanse en flor las piedras de tristeza;
mas calla el pregonero en su pobreza,
que el pobre no merece tal baluarte.
Honra es de Reyes, honra es de la villa,
mas honra escasa al pobre escribidor,
que apenas huele el humo de la silla.
¡Oh clásico banquete sin sabor,
que al festín convidáis con maravilla
y olvidáis invitar al trovador!
Letrilla de autor descalzo (al modo de Cervantes)
“Y el que lee mucho y anda mucho, ve mucho y sabe mucho”
Yo, que nací donde nacen
los que no venden corona,
miro el festín y su zona
sin que mi lira les tracen.
Veo a Lope con su enjambre,
y a Calderón, tan gallardo,
mas yo, pobre Don Bernardo,
ni una octava pude darme.
Por calles va el clarinete,
banderolas, luz, clarines…
mas mis letras —¡ay mis fines!—
no merecen ni un billete.
Y así paso, como vino,
este autor, ya sin posada:
que aun naciendo en su morada
no le dan ni el pan ni el vino.
Y no lo digo con pena,
ni me causa desventura:
que si en honra va la hartura,
yo prefiero andar sin cena.
Mas recordad, vuesas gentes,
que si habláis de oro y quimera,
ya lo dije, de primera:
“Don Quijote soy, valientes”.
Firmado en alguna esquina de Alcalá, donde los clásicos vuelan y los trovadores se esconden entre sombra y tinta. Un tal Alonso Quijano, cronista a la sombra
















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