Contra el barro, por Daniel Ortega Algar, exconcejal de Izquierda Unida

Daniel Ortega Algar, concejal de Izquierda Unida en Alcalá entre 2011 y 2015 y apartado desde entonces de la política activa, responde en esta tribuna al artículo publicado por la primera teniente de alcaldesa, Isabel Ruiz. Sin entrar a defender al PSOE ni a Javier Rodríguez Palacios, Ortega cuestiona una forma de hacer política basada en el señalamiento, la ridiculización y las trincheras partidistas, y reivindica el debate de ideas y el respeto al adversario.

  • El exconcejal de IU reivindica una política centrada en ideas y proyectos frente al señalamiento, la humillación y las trincheras entre partidos.

No soy socialista. Y conviene dejarlo claro desde el principio. Tengo y he tenido grandes diferencias con muchas posiciones del PSOE, así que no tengo ni la tentación ni el interés de hacer de escudero de Javier Rodríguez Palacios ni de sus líos de partido.

Precisamente por eso el artículo de Isabel Ruiz, primera teniente de alcaldesa, me parece tan preocupante. No por lo que dice del PSOE, que me importa relativamente poco. Sino porque retrata en lo que se ha convertido la política en Alcalá, fiel reflejo de la política a cualquier nivel. Hemos normalizado lo peor.

Hemos normalizado que gobernar sea señalar, que hacer política sea ridiculizar, y que cada tropiezo ajeno se convierta en munición para alimentar la trinchera en redes. Hemos cambiado el debate de ideas por el parte de guerra diario. Y eso no es política, es puro barro.

Fui concejal por Izquierda Unida entre 2011 y 2015. Un periodo inolvidable y del que me siento enormemente agradecido y afortunado, pero que no repetiría. Aquello no era un remanso de paz. Había plenos durísimos, choques ideológicos de fondo y discusiones que subían mucho de tono. Pero había una línea que casi nadie cruzaba: podías intentar destruir un argumento sin intentar destruir a la persona. Discutías con energía en el salón de plenos y al salir te parabas a hablar en el pasillo. La discrepancia no te obligaba a fabricar un enemigo. Esa línea hoy ha saltado por los aires.

Que la primera teniente de alcaldesa de la segunda ciudad de la Comunidad de Madrid dedique su tiempo y su firma a desgranar quién manda en el PSOE, quién se postula o si habrá primarias, dice mucho del nivel en el que estamos. Para el desgaste partidista sirve, para mejorar la vida de los vecinos de Alcalá no sirve para nada.

Y si vamos a hablar de democracia interna, hablemos en serio. ¿Cuántos partidos están dispuestos de verdad a dejar que sus bases decidan cuando la decisión incomoda a la dirección? La democracia interna no puede ser un arma arrojadiza que exiges con vehemencia al rival y escondes en el cajón cuando te toca a ti. O vale para todos, o es simple cinismo e hipocresía.

No entiendo la política como una máquina de aniquilar al contrario. La entiendo como una herramienta valiente para mejorarle la vida a la gente. Valiente para hablar de lo que importa de verdad: de blindar los servicios públicos, de pelear por vivienda asequible en vez de hacer planes que no llevan a nada, de frenar la desigualdad en los barrios en lugar de alimentar el odio y señalar al diferente, de garantizar la limpieza, la movilidad, la educación pública y una sanidad de calidad.

Si esa política no se practica, si nos conformamos con ser gestores o comentaristas de los líos ajenos, entonces dejamos el campo libre. Y cuando la izquierda renuncia a ser valiente y transformadora, el hueco, como hemos podido ver, no se queda vacío: lo ocupa quien hace de la política un lodazal permanente. Lo ocupan los que viven del señalamiento, del bulo y de la humillación. Y esos siempre ganan en el barro, porque es su terreno.

Alcalá no necesita más trincheras. Necesita un proyecto. Necesita que se debata con rigor, que se fiscalice con dureza, que la oposición haga su trabajo sin complejos, pero sobre ideas y sobre modelo de ciudad. No sobre chismorreos de partido.

Si algo aprendí como concejal es que puedes estar en las antípodas de alguien y mantener el respeto intacto. Eso no te hace más blando, te hace más creíble. Te hace mejor político. Y, o acabamos con esta política de fango, o esta política de fango acabará con la democracia.

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1 Comentario

  1. Aclaro yo también que tengo y he tenido grandes diferencias con muchas posiciones y personas de IU, pero que estoy completamente de acuerdo con lo que plantea Daniel Ortega en su escrito.
    Todo el artículo es sensato y clarificador y el último párrafo me parece una conclusión muy acertada para todos los que se dedican o se quieren dedicar al servicio público a través de la política, siendo conscientes de que esto debe ser una dedicación temporal, no una profesión.

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