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La Noche en Blanco desplegará cultura, turismo, gastronomía y actividades familiares por todo el Casco Histórico en una gran celebración ciudadana compartida.
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Crónica y vídeo de Myriam Trujillo para ALCALÁ HOY
El próximo 16 de mayo, Alcalá de Henares volverá a hacer algo que muy pocas ciudades consiguen realmente: convertirse durante unas horas en un escenario compartido. No en un decorado turístico. No en una agenda cultural encadenada a golpe de cartel y photocall institucional. Sino en una ciudad viva, transitada, celebrada y reinterpretada por miles de personas que saldrán a la calle para apropiarse del patrimonio, de las plazas y de la noche.
La Noche en Blanco regresa por tercera vez consecutiva desde su recuperación por el actual equipo de Gobierno y lo hace convertida ya en una de las grandes apuestas estratégicas de la ciudad.
Más de 120 actividades inundarán el Casco Histórico en una jornada donde convivirán conciertos íntimos, gastronomía experimental, danza contemporánea, música latina, talleres familiares, intervenciones artísticas, visitas patrimoniales, moda, tatuajes, flamenco, food-trucks y actividades inclusivas repartidas por prácticamente todos los rincones del centro urbano.
Pero detrás de la programación hay algo más profundo que una simple suma de eventos. La sensación de que Alcalá intenta consolidar un relato propio sobre sí misma. Una ciudad histórica que no quiere vivir únicamente de su pasado. Una ciudad universitaria que busca ser moderna sin renunciar a la piedra centenaria. Una ciudad monumental que, durante una noche, se permite jugar, bailar y mezclarse consigo misma.
La presentación oficial celebrada este martes en la recientemente renovada plaza de Cervantes frente al nuevo photocall tuvo precisamente ese tono: mezcla de reivindicación cultural, escaparate turístico y afirmación política. La alcaldesa, Judith Piquet, estuvo acompañada por el viceconsejero de Cultura, Turismo y Deporte de la Comunidad de Madrid, Luis Fernando Martín; la vicerrectora de Relaciones Institucionales, Responsabilidad Social y Cultura de la Universidad de Alcalá, Esperanza Gutiérrez; y la teniente de alcaldesa Isabel Ruiz Maldonado.
La primera edil Judith Piquet tras agradecer a autoridades y participantes su asistencia a la presentación, definió la Noche en Blanco como uno de los acontecimientos “más esperados” por los alcalaínos y reivindicó su recuperación por parte del actual Gobierno municipal tras “años de exclusión y olvido”. Durante su intervención, insistió en que Alcalá no solo destaca por su patrimonio histórico y monumental, sino también por su carácter “vivo, dinámico, participativo y emprendedor”.
Piquet aseguró que la cita representa “a la perfección” el espíritu de una ciudad “antigua pero nueva y presente a la vez, tradicional pero innovadora, clásica pero popular”. La alcaldesa vinculó además el evento con la transformación urbana y social de la ciudad, subrayando la renovación de espacios públicos y la voluntad de conectar barrios y vecinos alrededor del Casco Histórico. En el tramo final de su discurso, definió la Noche en Blanco como “una cita de Alcalá, por Alcalá y para Alcalá” e invitó a vecinos y visitantes a disfrutar “de una noche mágica en una ciudad sublime”.
Todo ello en un acto amenizado musicalmente por Haché Costa y Lupe Sarrini y rodeado de algunos de los protagonistas culturales de la noche: Miriam Bohigas, Patricia de Dios, Aitor Almeida y Rúl Pacheco que dirige una productora audiovisual en Alcalá de Henares y que además son artífices del programa de TeleMadrid ‘Madrileños oir la historia’. Este viernes estarán grabando en Alcalá sobre Catalina de Aragón que van a tener lugar en el colegio de Málaga.
Y quizá la mejor síntesis de lo que pretende transmitir esta edición no estuvo en un discurso institucional sino en una imagen: la enorme pluma azul que protagoniza el spot promocional creado por el joven productor Claudio Monterroso. Una pluma que sobrevuela la ciudad como un símbolo ligero y sugerente. Casi cervantino. Casi quijotesco. Casi infantil. Una pluma que parece querer recordar que Alcalá sigue siendo, ante todo, una ciudad construida alrededor de las palabras, de la imaginación y de cierta idea romántica de cultura compartida.
Una ciudad que quiere llenar mayo de vida
La Noche en Blanco no nace únicamente como una cita cultural. También es una pieza central dentro del nuevo modelo turístico que el Ayuntamiento lleva tiempo intentando consolidar. Y eso se notó especialmente en las palabras de Isabel Ruiz Maldonado, que volvió a insistir en esa idea de “socioanimación” cultural y turística con la que el área de Turismo intenta definir su estrategia.
La operación resulta bastante evidente: convertir mayo en un gran escaparate urbano capaz de atraer visitantes desde Madrid aprovechando el puente de San Isidro y el tirón patrimonial complutense. No se trata solo de llenar museos o monumentos. Se trata de generar ambiente. De provocar circulación de personas. De activar terrazas, hoteles, restaurantes y comercios. De conseguir que Alcalá deje de verse únicamente como destino de excursión académica o monumental y pase a funcionar como ciudad experiencial.
Y lo cierto es que la fórmula parece empezar a funcionar. La ciudad lleva meses enlazando eventos culturales, recreaciones históricas, festivales, congresos y actividades turísticas con un objetivo bastante claro: combatir la estacionalidad y extender la sensación de actividad permanente en el Casco Histórico.
La Noche en Blanco encaja perfectamente en ese esquema porque permite mezclar casi todos los elementos del “modelo Alcalá”: patrimonio, calle, gastronomía, cultura popular, universidad, turismo y participación vecinal. Por eso probablemente el Ayuntamiento le concede tanta importancia política y simbólica. Porque funciona como escaparate de una determinada idea de ciudad.
Del Palacio Arzobispal a las migas con chocolate blanco
El programa de este año parece diseñado para que el visitante tenga permanentemente la sensación de que algo está ocurriendo a pocos metros. La idea no es concentrar la actividad en un único punto sino convertir el Casco Histórico entero en una experiencia continua. Habrá propuestas de perfil más institucional y otras directamente populares. Algunas buscarán la contemplación tranquila y otras el bullicio festivo.
Uno de los momentos más llamativos será el concierto a la luz de las velas en el Palacio Arzobispal, donde Simant Dúo ofrecerá un recital de trompeta y piano en un entorno monumental que parece creado específicamente para este tipo de experiencias nocturnas. Muy cerca de ahí, la Plaza de San Lucas apostará por una combinación gastronómica tan improbable como mediática: migas con chocolate blanco elaboradas por el cocinero Iván Plademunt.
La Plaza de San Diego se convertirá meanwhile en pasarela urbana gracias al desfile de moda de Patricia de Dios, mientras la calle San Juan albergará el photocall oficial diseñado por Miriam Bohigas. Y quizá uno de los detalles más interesantes sea precisamente esa mezcla aparentemente caótica de disciplinas. En apenas unos minutos el visitante podrá pasar de un concierto clásico a un tatuaje efímero, de una exhibición artística a una degustación gastronómica o de una visita guiada a una sesión de baile latino en plena Plaza de Cervantes.
Porque sí, volverá también una de las imágenes más reconocibles de las últimas ediciones: cientos de personas bailando música latina bajo las luces del centro histórico. La Plaza de Cervantes repetirá como gran pista de baile al aire libre acompañada por la banda Compota de Manana. Y ahí aparece una de las claves del éxito de esta cita. La Noche en Blanco no intenta dirigirse únicamente a un público cultural especializado. Quiere mezclar perfiles, edades y sensibilidades. Quiere que convivan la familia que pasea con niños, el turista curioso, el universitario, la pareja que cena en el centro y el aficionado a la danza contemporánea.
Patrimonio vivido, no solo contemplado
Hay algo especialmente interesante en la manera en que la Noche en Blanco utiliza el patrimonio histórico de Alcalá. No lo convierte simplemente en fondo fotográfico. Lo activa. Los patios universitarios, los balcones históricos, las plazas y los edificios monumentales dejan de funcionar únicamente como espacios contemplativos y pasan a integrarse dentro de la experiencia urbana.
La Casa Tapón abrirá sus balcones a distintas intervenciones artísticas. Los patios del Colegio de Málaga acogerán el ciclo “Los madrileños para la historia”. La Residencia de Estudiantes Lope de Vega ofrecerá el espectáculo Compás Flamenco. Las casas regionales volverán a llenar de actividad el Patio de Santo Tomás de Villanueva.
Mientras tanto, las visitas guiadas permitirán recorrer el Casco Histórico desde otra mirada más narrativa y emocional. Y aparecerán también propuestas de calle que conectan directamente con el espíritu popular del evento: estatuas humanas, actividades participativas o incluso el Quijote escrito por ciudadanos en la Capilla del Oidor.
En realidad, buena parte de la fuerza de esta noche reside precisamente en eso: en hacer que los alcalaínos vuelvan a mirar su propia ciudad con cierta sorpresa. Porque Alcalá corre a veces el riesgo de acostumbrarse demasiado a sí misma. A sus soportales. A su piedra dorada. A la calle Mayor. A la Plaza de Cervantes. A esa monumentalidad cotidiana que deja de impresionar cuando se atraviesa todos los días. La Noche en Blanco rompe durante unas horas esa costumbre visual. Obliga a mirar otra vez.
La noche donde Alcalá quiere reconocerse
Habrá también una importante presencia de actividades familiares e inclusivas, especialmente en el entorno de la Plaza de la Paloma, donde se concentrarán cerca de treinta propuestas distintas uniendo talleres, actividades infantiles, actuaciones musicales, exhibiciones, zumba, la conga por la inclusión o iniciativas impulsadas junto a colectivos sociales.
El Parque O’Donnell, por su parte, se transformará durante tres días en uno de los grandes polos festivos gracias a una gran concentración de food-trucks acompañada de música en directo y actividades paralelas. Y entre todo ese movimiento urbano aparecerá constantemente la idea de ciudad compartida que el Ayuntamiento intenta proyectar. Una ciudad amable. Cultural. Familiar. Abierta. Turística. Dinámica.
Naturalmente, también hay una evidente dimensión política en todo esto. La recuperación y consolidación de la Noche en Blanco forma parte ya del relato propio del actual Gobierno municipal, que la presenta como ejemplo de revitalización cultural frente a etapas anteriores. Pero más allá de la inevitable lectura partidista, lo cierto es que la cita parece haber encontrado un hueco real en el calendario emocional de Alcalá. Y eso probablemente sea lo más difícil de conseguir para cualquier evento público.
La enorme pluma azul ideada por Claudio Monterroso quizá resuma bastante bien el espíritu de esta edición. Una pluma ligera que sobrevuela la ciudad como invitación al juego, a la imaginación y al encuentro colectivo. Porque durante una noche, Alcalá dejará de ser solamente una ciudad patrimonial para convertirse otra vez en algo mucho más difícil de definir: una ciudad vivida.






















