- La carta denuncia bloqueo institucional, rechazo continuado de cuentas y exige elecciones urgentes en el Colegio de Abogados complutense.
«El Colegio de Abogados de Alcalá, ante la mayor crisis existencial de su historia reciente y la inaplazable dimisión de su D. Ángel Llamas Luengo exigida por gran parte de su propia junta.
Según las fuentes consultadas —“El Mundo”, “La Razón”, “Confilegal” y “Economist & Jurist”—, el Colegio de Abogados de Alcalá de Henares (ICAAH) no solo atraviesa una crisis; se encuentra en un estado de parálisis administrativa y descomposición institucional sin precedentes en su historia reciente. Bajo el mandato de su actual decano, Ángel Llamas Luengo, la institución encadena ya tres ejercicios consecutivos —2024, 2025 y el proyecto de 2026— sin lograr la aprobación de sus presupuestos, lo que la obliga a operar de forma precaria con los presupuestos de 2023 prorrogados.
El naufragio de la gestión económica
La desconfianza de los colegiados se traduce en un clamor estadístico, pues en las últimas Juntas Generales el rechazo a la gestión del decano ha sido categórico:
- Cuentas de 2023: 16 votos a favor frente a 53 en contra.
- Cuentas de 2024: 15 a favor frente a 51 en contra.
- Cuentas de 2025: apenas 13 votos a favor frente a 47 en contra.
Este rechazo sistemático se ha visto agravado por las denuncias del propio tesorero de la institución, que viene recomendando a los colegiados no votar a favor de la gestión económica colegial, confesando que firma las cuentas “por imperativo de su cargo”, pero sin respaldar en absoluto su ejecución.
Una Junta de Gobierno fracturada y acusaciones de autoritarismo
El 40 % de la Junta de Gobierno —integrado por la secretaria, el tesorero, el bibliotecario y el diputado sexto— viene solicitando durante los últimos tres años, y formalmente, la dimisión en bloque de la Junta de Gobierno y la convocatoria inmediata de elecciones.
La celebración de las tres últimas asambleas generales se ha erigido en un espectáculo impropio de una corporación profesional, con el decano intentando sortear a toda costa la creciente hostilidad hacia su gestión y negándose a convocar elecciones pese a no contar ni siquiera con el respaldo de su propio equipo. En la última de todas ellas ha perdido incluso el apoyo de otros miembros de la junta que tradicionalmente venían respaldándole.
La propia situación del edificio que alberga el Colegio se erige en alegoría de una institución que se desmorona, como prueba la imagen de la planta superior de la sede colegial en la calle Colegios, actualmente apuntalada con vigas y con el acceso restringido a su salón de actos.
Es más, los colegiados, en acuerdo de Asamblea General, exigieron a la Junta de Gobierno que abordase con la Sociedad de Condueños, propietaria del edificio, la posibilidad de negociar el sufragio de las obras de forma conjunta, ya que se trata de reparaciones extraordinarias no exigibles en principio a un inquilino; o, al menos, solicitar una prórroga negociada como contrapartida. Sin embargo, por parte especialmente del Sr. Llamas no se ha hecho nada al respecto, desobedeciendo con ello el mandato de sus propios colegiados.
Mientras el edificio requiere reformas urgentes, no existe dirección eficaz para abordar problemas externos críticos, como la financiación del turno de oficio, la incertidumbre sobre la pasarela de la mutualidad al Régimen de la Seguridad Social o la aplicación de la Ley Orgánica 1/2025 de eficiencia del Servicio Público de Justicia.
Pese a que en la última asamblea general el Sr. Llamas obtuvo, una vez más, el renovado rechazo mayoritario de los colegiados, parte de su propia junta le acusa de pretender continuar aferrándose al cargo, negándose a convocar elecciones y provocando que el Colegio de Abogados de Alcalá permanezca inmerso en la actual parálisis y fallo estructural de la gestión de los asuntos colegiales.
En opinión de sus críticos internos, un decano debe estar lo suficientemente comprometido con sus colegiados como para admitir sus errores y, si no puede obtener enseñanza de ellos ni es capaz de corregirlos, debe permitir que sean estos quienes decidan. Por tanto, entienden que para reconstruir una institución que hoy, tanto por sus cuentas como por sus paredes, se sostiene sobre puntales provisionales, no cabe otra salida que atender el clamor colegial, accediendo a su dimisión y a la del resto de la actual junta en su totalidad, convocando de una vez por todas las necesarias e inaplazables elecciones.»

















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