La escasa utilidad del pacto PP-Vox | Por Antonio Campuzano

El periodista y patrono de la Fundación Diario Madrid, Antonio Campuzano, reflexiona en esta tribuna sobre el acuerdo entre PP y Vox en Extremadura y sus posibles consecuencias políticas en Andalucía y en el equilibrio interno del Partido Popular. Campuzano sostiene que el pacto nace desde la necesidad mutua, pero también desde la debilidad estratégica de Vox, en un contexto marcado por tensiones ideológicas, cálculos electorales y liderazgos sometidos a examen.

Entre grietas y penumbras, avanza un pacto sin épica . Fotocomposición de AH
  • Campuzano analiza tensiones Vox-PP, caída electoral, divisiones internas y riesgos estratégicos que cuestionan su fortaleza y condicionan futuros pactos autonómicos y liderazgo.

 

  • Por Antonio Campuzano. Periodista, patrono de la Fundación Diario Madrid.

La presidenta en funciones de Extremadura, María Guardiola, dejará el prenombre para ser presidenta sin aditivos ni colorantes, en su desnudez de autoridad como primera autoridad de la Junta de Gobierno en la ciudad de Mérida.

Entre las elecciones de Castilla y León, ya celebradas, y las elecciones de Andalucía, por celebrar, se ha producido el paréntesis genesíaco que ha permitido el acuerdo de mediados de semana entre el Partido Popular y Vox, parido con dolor por el paso del tiempo con intervención de las planas mayores de ambos partidos.

61 puntos y 74 medidas tienen la culpa para el subrayado del acuerdo más esperado del presente ejercicio político. El PP se encontraba en estado de urgencia para la firma del acuerdo, pero nada comparado con la situación de auxilio institucional de la que se hallaba necesitado Vox, en medio de la encrucijada por ganarse un entendimiento de su papel en el Estado.

Su parón en tierras castellanas, su presencia en Andalucía cargada de antifuturo y el apoyo sin fisuras a la extravagancia bélica de Donald Trump, con todo lo que representa e ilumina, componían una puesta en escena de la insignificancia en la derrota y la incomprensión. Es decir, que este acuerdo tiene el marchamo de lo forzado, de lo impuesto, de lo involuntario, de lo no querido.

El partido de Abascal, antes del resultado de Castilla y León, era una formación encaramada en la soberbia del ascenso reputacional. El parón de aquella elevación, demostrada en clave de irrealidad junto con la alineación con una acción internacional de consecuencias aún imprevisibles, colocó al partido reaccionario durante demasiado tiempo en la marginalidad hasta el jueves pasado, con la publicidad del acuerdo en Extremadura.

Ahora se encuentra ante una prueba de escrutinio de todo cuanto haga y diga en su experiencia extremeña, con todo su caudal de exigencias en materia de inmigración y atención en materia de bienestar a todo lo que signifique distinto y extranjero.

Andalucía, a la vuelta de la esquina electoral, parece adelantar un maltrato y una ausencia de cariño en votos hacia el partido monosílabo, precisamente por la manera de conducirse en la investidura de María Guardiola, con imitación de la misma en Aragón, todo en mitad del incidente Irán, con apoyo incondicional a la opinión hegemónica del primer mandatario americano.

Si Andalucía abre paso a la mayoría holgada de Moreno Bonilla, sin necesidad de la dádiva de Vox para su empujón al altar de la investidura, se producirían efectos nada deseados tanto para el partido de Abascal —reducido a su papel incómodo en las comunidades autónomas del interior— como, en otras direcciones, esta vez más ligadas a la adscripción del propio PP.

El afán triunfador del PP en el sur de España, espacio electoral de gran superficie, provocaría ondas sísmicas muy identificables en las personas influyentes de Feijóo y Díaz Ayuso, quienes notarían algo más que cosquilleo en la autoridad exportable al Gobierno de España, concretamente cuando llegue el momento del reemplazo de la actual coalición gubernamental.

Se puede decir, por tanto, que la prueba andaluza puede afectar a toda la circunferencia parlamentaria, incluso a sus propios cofrades de partido. Vox y su representación andaluza pueden sufrir en forma de alarma un detonante ya atisbado en lugares tan disímiles como Castilla y León y Teherán, en forma de votos o de fidelidades.

Pero también podría afectar a los hologramas en apariencia intocables, con su autoridad y luminosidad intactas: Moreno Bonilla en la animosidad no deseada de sus compañeros; Feijóo y Ayuso, en la posición que destaca Thomas Mann en su memorial Relato de mi vida (Alianza, 1969), al referirse al emperador Marco Aurelio: “Es terrible que, en una vida, el alma se canse antes que el cuerpo”.

Riesgo para los habitantes de Génova y Puerta del Sol. La decisión de Vox llega tarde, con posición prescindible nacional e internacionalmente.

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