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La doble sesión plenaria convirtió la crisis socialista en eje político, con Palacios en escena y el sector renovador marcando distancia.
- Crónica gráfica de Ricardo Espinosa Ibeas y vídeo de Myriam Trujillo para ALCALÁ HOY
La doble sesión extraordinaria del viernes en la Casa de los Lizana dejó más poso político que contenido administrativo. En apenas una hora de diferencia, el Ayuntamiento celebró dos plenos consecutivos, uno sobre Cercanías y la reprobación del ministro Óscar Puente y otro sobre el excomisario jefe de la Policía Local, que acabaron compartiendo atmósfera, protagonistas y, sobre todo, un mismo telón de fondo: la crisis del PSOE local y el incómodo papel de su portavoz, Javier Rodríguez Palacios, en su primera comparecencia plenaria tras su dimisión como secretario general.
El traslado obligado al salón de actos de la Casa de los Lizana, por las obras del Salón Noble, redujo aforo y amplificó sensaciones. La presidencia, con la alcaldesa Judith Piquet flanqueada por interventor y secretario general, componía una estampa casi arquitectónica: dos pilastras institucionales sosteniendo la autoridad municipal en un escenario más estrecho de lo habitual. Al otro lado, la oposición ocupaba una bancada comprimida donde las miradas, los gestos y las distancias se leían con mayor nitidez que nunca.
Un portavoz en modo Congreso
Tomó primero la palabra la portavoz de Más Madrid, Rosa Romero, y a continuación Javier Rodríguez Palacios, que intervino en ambos plenos con un registro que recordaba más al diputado en Cortes que al portavoz municipal en horas bajas. Sobrado en formas, seguro en el verbo y ajeno, al menos en apariencia, al temporal orgánico que atravesaba su partido, defendió con solvencia técnica el rechazo socialista a la reprobación de Óscar Puente y avanzó, en el mismo turno, su crítica al nombramiento del comisario, anticipándose al segundo pleno como quien maneja agenda parlamentaria más que dinámica local.
El contraste era evidente: mientras el discurso mantenía pulso institucional, el contexto político personal se deslizaba inevitablemente por la sala. Desde la bancada del Gobierno municipal no se desperdiciaron las oportunidades de subrayarlo. Las alusiones a su dimisión como secretario general socialista y a la guerra interna del PSOE aparecieron con insistencia, en ocasiones con la sutileza de un mazo y otras con la elegancia de una maza.
Orlena de Miguel, con un gran cartel ampliado de portada de prensa en las manos, técnicamente una reproducción ampliada de portada, convirtió el debate en escenografía. El mensaje era claro: el PSOE pretendía dar lecciones morales mientras atravesaba su propia crisis. La imagen, más propia de sesión de control parlamentaria que de pleno municipal, condensaba en papel satinado la narrativa del Gobierno: un portavoz socialista debilitado, cuestionado internamente y en posición incómoda para exigir responsabilidades.
Rodríguez Palacios resistió sin descomponerse. Respondió con argumentario, cifras y marco institucional, manteniendo el tipo en un terreno discursivo que conoce bien. Pero la escena política no era ya la misma. El liderazgo que hasta hace semanas se ejercía con naturalidad en el grupo socialista aparecía ahora descontextualizado, como si el guion hubiera cambiado sin que el actor principal hubiera recibido aún la nueva versión.
La bancada socialista: dos mundos
Si la intervención de Rodríguez Palacios concentró la atención, la bancada socialista ofrecía una coreografía silenciosa no menos elocuente. A su lado, la concejala María Aranguren acompañaba con gestos de aprobación y complicidad cada pasaje del discurso, en una lealtad escénica casi reverencial. En la misma bancada, los concejales Enrique Nogués, Miguel Castillejo y Alberto González asistían impertérritos, sin gesto ni réplica, a las alusiones que desde el Gobierno se dirigían tanto al portavoz como al propio Nogués.
La escena resumía mejor que cualquier crónica la fractura interna del socialismo complutense: dos almas, dos tiempos y dos proyectos conviviendo en el mismo banco municipal. Mientras el portavoz hablaba como líder aún vigente, el sector renovador adoptaba una discreta distancia institucional, sin intervenir en la confrontación personal y sin entrar en la escaramuza política del momento. La imagen de Nogués, directamente aludido desde la bancada popular, permaneciendo sereno e imperturbable, condensaba esa voluntad de no alimentar el choque.
Entre el escaso público, condicionado por el reducido aforo del recinto, se encontraba el histórico exconcejal socialista de los años ochenta Crescencio Vicente Abad, cuya presencia no pasó desapercibida en la crónica gráfica. El saludo cordial que dirigió a Miguel Castillejo añadía un matiz generacional a la escena: pasado y futuro del socialismo local coincidiendo en un mismo plano, mientras el presente atravesaba su particular transición.
Dos plenos en uno: la contraprogramación municipal
Más allá del contenido formal de cada sesión, la convocatoria de dos plenos extraordinarios consecutivos el mismo día y en el mismo espacio introdujo un elemento de oportunidad política difícil de ignorar. La acumulación de debates, Cercanías y excomisario, en apenas una hora amplificó inevitablemente el impacto mediático y permitió al Gobierno municipal concentrar foco y mensaje en una misma jornada.
La oposición había solicitado inicialmente la sesión sobre el excomisario, pero su celebración en tándem con el pleno de reprobación al ministro y bajo el mismo clima político generó una contraprogramación de facto: el PSOE debía defender simultáneamente su posición sobre Puente, responder a las críticas por el comisario y gestionar el desgaste interno de su propio liderazgo. Un triple frente en una sola tarde.
En ese contexto, la alcaldesa Judith Piquet aprovechó para cuestionar abiertamente la autoridad política de Rodríguez Palacios, recordando su dimisión como secretario general y señalando la guerra interna socialista trasladada al pleno. El mensaje era inequívoco: el portavoz socialista acudía a exigir responsabilidades al Gobierno municipal desde una posición de debilidad orgánica propia.
La estrategia del Ejecutivo local funcionó como marco narrativo de la jornada. El PSOE se vio obligado a defender fondo institucional mientras absorbía impacto político personal, y el resultado fue una sesión donde el contenido técnico de Cercanías y seguridad quedó parcialmente eclipsado por el trasfondo partidista.
En conjunto, la doble sesión extraordinaria dejó la sensación de un ciclo político en transición. Javier Rodríguez Palacios mantuvo intactas sus capacidades oratorias y su dominio del discurso institucional, pero su papel escénico ya no coincidía con la realidad orgánica de su partido. A su alrededor, el grupo socialista mostraba una coexistencia disciplinada entre continuidad y renovación, con el sector emergente manteniendo perfil institucional y evitando entrar en la confrontación personal.
La política municipal, como los viejos salones donde a veces se celebra, no siempre cambia de decorado cuando cambia el libreto. El viernes en la Casa de los Lizana se vio a un actor aún interpretando el papel anterior mientras el escenario ya insinuaba el siguiente acto.






















Sin entrar en filias o fobias hacia o contra ninguna de las siglas protagonistas de esa sesión, y sólo como mero ciudadano espectador y sensible a las idas y venidas de la política nacional en gral. y de la local en particular, lamento las pérdidas de tiempo y energías que se derrochan casi siempre en estos Plenos donde, en vez de atender a las necesidades ciudadanas, que son muchas e importantes, nuestros electos pierden su tiempo en dimes y diretes de sus intrigas internas. Quiero pensar (porque mi tiempo no me permite seguir todos estos encuentros), que otras ocasiones vayan «al grano» aportando las debidas propuestas y/o soluciones a los que los votantes les hemos pedido y autorizado a solventar.