Un libro para gigantes: cinco siglos de historia en Alcalá

Alcalá de Henares celebra por todo lo alto los 500 años de sus Gigantes y Cabezudos con la publicación de un libro que repasa la historia de esta tradición festiva. El cronista oficial, Vicente Sánchez Moltó, ha investigado en archivos y memorias populares para dar forma a una obra que reivindica a estos colosos como parte esencial de la identidad complutense. La presentación estuvo encabezada por el concejal de Fiestas y Tradiciones populares, Antonio Saldaña.

Foto del Ayuntamiento
  • El nuevo libro de Vicente Sánchez Moltó recupera la memoria de los Gigantes y Cabezudos y reivindica su valor cultural y festivo.
  • Fotos del Ayuntamiento de Alcalá

El Salón de Actos del Ayuntamiento de Alcalá de Henares se vistió de gala este viernes para recibir a unos protagonistas  que todos llevamos en la memoria: los Gigantes y Cabezudos. La ciudad conmemora nada menos que cinco siglos de esta tradición festiva y lo hace con la publicación de un libro de esos que, más que leerse, se guardan como tesoro. Su autor no podía ser otro que el cronista oficial, Vicente Sánchez Moltó, que ha rastreado archivos, papeles amarillentos y memorias populares para armar la biografía de nuestros colosos más queridos.

El concejal de Fiestas y Tradiciones Populares, Antonio Saldaña, encabezó la presentación acompañado por varios ediles de la corporación y con el respaldo de la Institución de Estudios Complutenses, coeditora de la obra. El título, “Alcalá de Henares. 500 años de Gigantes”, lo dice todo: medio milenio de historias, anécdotas, prohibiciones reales y resurrecciones populares condensados en un volumen que ya forma parte del patrimonio escrito de la ciudad.


De rito medieval a icono popular

Los documentos sitúan el primer desfile de gigantes en Alcalá en 1525, en pleno Corpus Christi y con la pompa del arzobispo de Toledo, Alonso de Fonseca, entrando por las puertas de la ciudad. No era casualidad: estas figuras descomunales, que hoy asociamos a la sonrisa infantil y al golpeteo de los cabezudos, hunden sus raíces en viejos ritos europeos que mezclaban lo pagano con lo sagrado. En la Edad Media se creía que el gigantón servía de advertencia, de espectáculo y de catequesis ambulante.

Moltó insiste en que conviene desterrar la idea de que los Gigantes y Cabezudos son un mero pasatiempo de feria. Son, en realidad, una herencia cultural que atraviesa el Barroco, sobrevive a las prohibiciones ilustradas de Carlos III y llega a nuestros días con vocación cervantina. En Alcalá, además, siempre han estado pegados al calendario de agosto y a las grandes citas vecinales, porque pocas cosas hay más alcalaínas que ver a Sancho Panza tambaleándose por la Plaza de Cervantes rodeado de chiquillos en estampida.

No es exageración ni chovinismo complutense: Alcalá cuenta con una de las comparsas más antiguas de España. Solo Toledo y Sevilla se adelantaron en incorporar estos séquitos al Corpus. Desde entonces, nuestra ciudad ha dado vida a decenas de colosos. En 1651, por ejemplo, el Ayuntamiento encargó cuatro gigantones y una gigantilla a un carpintero de oficio, Francisco González Bravo, con la pintura a cargo de Gregorio de Utande, artista local. Poco después se sumaron dos turcos, quedando configurada la comparsa en parejas de reyes españoles, turcos y negros, más aquella dama singular.

El simbolismo era claro: representar los tres continentes conocidos (Europa, Asia y África) y proclamar que Jesucristo era universal. El detalle puede sonar hoy ingenuo, pero a la mentalidad barroca le resultaba perfectamente natural que la fe viajara sobre los hombros de un gigantón de madera y cartón piedra. Todo funcionó hasta que Carlos III, con su afán ilustrado, decidió que aquello era irreverente y prohibió en 1780 que siguieran en procesiones y actos religiosos.


Renacimiento festivo y Quijotes de cartón

Lo que parecía una condena definitiva resultó ser solo un paréntesis. El tiempo, y sobre todo la tozudez popular, acabaron devolviendo a los gigantes a su sitio. A finales del XIX ya se mascaba la idea de que Alcalá debía recuperar aquella comparsa y en 1902 renació la tradición, ahora con un sabor más festivo y menos litúrgico.

La comparsa de aquel año arrancó con tres personajes inolvidables: Don Quijote, Sancho Panza y el Negro con Moño. Desde entonces, han ido desfilando nuevas incorporaciones, adaptaciones y hasta cabezudos de políticos caricaturizados, aunque el alma de la fiesta ha seguido siendo la misma: la carrera de niños detrás del cabezón, los abrazos de abuelos emocionados y esa mezcla de respeto y temor que produce estar al lado de un gigante.

Hoy Alcalá presume de una comparsa con varias parejas emblemáticas, y lo hace además con relevo generacional asegurado gracias a la asociación juvenil de los Pequeñantes, cantera de futuros portadores. “Los gigantes son símbolo de nuestra cultura popular y tienen mucho futuro”, subrayó el concejal Saldaña durante la presentación, recordando también los lazos con otras ciudades giganteras de España. Porque en esto, como en el fútbol, también hay ligas y hermanamientos.

El libro de Moltó recoge no solo la historia documentada, sino también un abundante material gráfico que permite ver cómo han evolucionado las figuras, sus vestimentas y hasta los materiales de construcción. De la madera y cartón se ha pasado a técnicas más ligeras, pero el efecto sigue siendo el mismo: provocar asombro.


Memoria compartida y futuro garantizado

Lo que emociona de esta publicación es que no habla solo de gigantes, sino de generaciones enteras de alcalaínos que han crecido con ellos. Cada página es, en realidad, un álbum colectivo: el recuerdo de aquel primer cabezudo que nos dio un coscorrón, la mano del abuelo señalando desde el balcón, la foto borrosa en blanco y negro con los gigantes asomando por detrás.

El cronista ha hecho el trabajo erudito de rastrear fechas, encargos municipales y nombres de artesanos, pero el resultado trasciende lo académico. Es un libro que reivindica una memoria viva, de esas que se transmiten en la calle y se reactivan cada vez que la comparsa pisa el asfalto en agosto.

Quizá por eso la presentación tuvo algo de emotivo. Entre concejales, estudiosos y curiosos, se respiraba la certeza de estar asistiendo a un acto que suma una página más a esa historia que parece no agotarse nunca. Como si los gigantes, al fin y al cabo, fueran inmortales, siempre dispuestos a reaparecer tras cualquier prohibición, crisis o pandemia.

El quinto centenario ha servido para poner el foco en esta costumbre que Alcalá comparte con otras ciudades, pero con un sello propio. La obra de Moltó, coeditada con la Institución de Estudios Complutenses, no es solo un homenaje al pasado, sino también un manual para entender el presente. Porque mientras existan peñas, ferias y niños dispuestos a correr delante del cabezón, habrá gigantes que seguirán cruzando la Plaza de Cervantes.

La presentación del libro fue, en definitiva, un acto sencillo pero cargado de simbolismo. La historia de los gigantes se funde con la historia de la propia ciudad, y la publicación lo consagra en papel. Y no está de más recordarlo: en Alcalá de Henares, lo que dura quinientos años tiene todavía cuerda para rato.

¡ Nuestro canal en Telegram! Si te ha interesado esta información, únete ahora a nuestro canal de telegram @alcalahoy para estar al tanto de nuestras noticias.

Comentar

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.