El 30 de julio | Por Pilar Blasco

La escritora y licenciada en Literatura Española Pilar Blasco firma en esta tribuna una reflexión de marcado tono crítico sobre la crisis vivida en Ceuta el pasado 30 de julio. A partir de aquellos acontecimientos, la autora cuestiona la respuesta del Gobierno español, analiza el papel de Marruecos y denuncia lo que considera una sucesión de errores políticos, estratégicos e institucionales que, a su juicio, comprometen la seguridad y la soberanía nacional.

  • Blasco interpreta la crisis de Ceuta como un episodio de guerra híbrida y cuestiona la actuación política española ante Marruecos.

Apenas recuperados de los incendios, sin tregua ni sosiego, sin tiempo para la calma y el descanso, físico y mental, entran en escena Ceuta y Melilla. El recurso y comodín de nuestro malvecino. [En Alcalá tenemos un monte con ese nombre. Dicen que en esa zona estaba la ciudad musulmana de Alcalá’Naar, o algo así, sin comentarios]. El instrumento humano-gregario-víctima que utiliza la satrapía aristócrata marroquí a su antojo cuando le parece conveniente. Los motivos son lo de menos, la ocasión es lo que prima si lo que se trata es de demostrar la superioridad logística y el grado de sometimiento del enemigo para sus fines.

Pues enemigos somos a voluntad de los tiranos de ambos lados de la contienda o guerra híbrida, como se dice ahora. El atacante, el de siempre, no disimula; cuando tiene un problema interno, le sale la vena expansionista o le da la gana, invade el Sáhara, Perejil, Ceuta y Melilla, Canarias en el horizonte. El atacado, España, por las dudas, es el que se pone de perfil, o de espaldas, mira para otro lado, le echa la culpa a imponderables, etc. La cobardía y el entreguismo tienen diferentes caras y nombres.

Las mafias del tráfico de seres humanos, negadas hasta la fecha por el Gobierno bajo el nombre y las formas de acción humanitaria, oenegés, Cruz Roja, Open Arms y demás cómplices de la invasión gradual más o menos controlada exterior e interior, son ahora, mediante declaraciones públicas de miembros del Gobierno español, causantes de una acción de guerra. Sin que el país invasor, el promotor y organizador de la marcha húmeda sobre Ceuta tenga arte ni parte en el suceso. Antes bien es calificado como país amigo y aliado fiable. Palabras de Marlaska.

Las víctimas, en las guerras siempre las hay, normalmente muchas, la carne de cañón de ambos lados. En esta, los españoles habitantes de la ciudad ocupada, refugiados, ellos sí, en sus casas y sus negocios, cerrados por miedo y terror a la violencia que se desata inevitablemente en estas ocasiones. A partir de 50.000 personas que no tienen qué comer, dónde dormir, asearse y demás necesidades biológicas. Sin excluir los que invaden con intenciones no tan sanas, que los hay en el porcentaje correspondiente. Mohamed VI abre generosamente las prisiones en ocasiones especiales como esta.

Esas, menos víctimas si cabe, por su condición de atacantes invasores, jóvenes en edad militar (muletilla que ha venido para quedarse), ágiles y fuertes, nadadores y trepadores de peñascos, que acceden festivos y alegres en muchedumbres a la tierra prometida del bienestar gratis et amore a costa de los currantes españoles. Los que no son ágiles ni fuertes mueren en el intento, más o menos 50 en esta ocasión, nunca lo sabremos, ahora no interesa, no toca.

Víctimas del abuso de poder feudal del multimillonario sultán residente en París, comendador de los creyentes, aspirante al Mundial 2030, entre otros títulos. Unos y otros somos peones a sacrificar, del mismo plan demoledor de territorios, identidades históricas, economías y propiedades privadas, de tradiciones, culturas y naciones, especialmente si estas son europeas, democráticas, civilizadas, con fuertes raíces históricas, cohesionadas social y culturalmente. Por ejemplo España, la más a mano por vecindad y por contar con un gobierno colaboracionista en los planes de demolición. Pues tal parece.

Este treinta de julio tiene mucho paralelismo con el Dos de Mayo de hace dos siglos. No se aprende de la historia ni se quiere aprender. También en este 30 de julio de 2026 había señales anunciadoras, información privilegiada, intentos anteriores, engaños y mentiras, traiciones y felonías. Dejadez intencionada, incompetencias, intereses creados…

Pero lo más hiriente, a mi entender, la frivolidad, la hipocresía y el desprecio de nuestros dirigentes. En la embajada de Marruecos, durante la invasión, se celebraba una recepción VIP a la que asistía lo más granado de la política española pasada y presente (muchos con residencias de lujo, negocios y otros intereses en Marruecos); nadie se salió de la fiesta. El rey Felipe indignado en Marivent, la reina Letizia en un sarao con artistas brilli brilli, izquierda caviar. Y P. S. dando en Facebook una lista musical con actitud de juvenil despreocupación y deseos de buen verano, antes de montar en Falcon hacia La Mareta, con más séquito y protección que había en el Tarajal.

Luego dicen de Fernando Séptimo.


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