- Cervanfriki reunió en Alcalá cosplay, anime, videojuegos y creatividad juvenil en una jornada multitudinaria marcada por imaginación, convivencia y cultura pop.
- Crónica gráfica de Pedro Enrique Andarelli para ALCALÁ HOY
Hubo un momento, poco después de las siete de la tarde, en el que el Centro FIA de Alcalá de Henares dejó de parecer un espacio juvenil convencional para convertirse en una especie de portal interdimensional. Por los pasillos convivían jedis, guerreras manga, exploradores postapocalípticos, hechiceras victorianas, personajes salidos del anime japonés y algún que otro Darth Vader que sudaba heroicamente bajo el casco mientras posaba para selfies improvisados.
Así transcurrió el pasado sábado la quinta edición de Cervanfriki, la gran cita alcalaína vinculada al Día del Orgullo Friki, organizada por el programa “Otra Forma de Moverte” y convertida ya en uno de los eventos juveniles más singulares del calendario local. La propuesta, bautizada este año como “Multiverso Cervanfriki”, reunió durante varias horas a centenares de jóvenes y familias alrededor de talleres, juegos, actuaciones y una estética que mezclaba cultura pop, fantasía, videojuegos, cómic y ciencia ficción sin complejos.
Pero más allá de los disfraces y del inevitable desfile de referencias cinematográficas, lo verdaderamente llamativo fue el ambiente. Un clima festivo, amable y despreocupado que convirtió los alrededores del FIA en un pequeño refugio generacional donde daba exactamente igual la edad, la estética o la saga favorita de cada cual. Allí todo el mundo encontraba su tribu.
Un multiverso con sello alcalaíno
La concejal de Familia, Infancia y Juventud, Pilar Cruz, también quiso acompañar esta quinta edición de Cervanfriki, un encuentro concebido precisamente para mostrar las múltiples caras del ocio juvenil contemporáneo: desde la artesanía y los hobbies hasta los deportes alternativos, las artes escénicas, las identidades musicales, las nuevas tecnologías, las tendencias de outfit o las grandes sagas que forman parte ya del imaginario colectivo de varias generaciones.
La gracia de Cervanfriki es que no intenta competir con los grandes eventos comerciales de Madrid ni con las macroferias del sector. Juega otra partida. Mucho más cercana. Más artesanal. Más alcalaína.
En lugar de interminables colas para comprar merchandising imposible, aquí predominaban los corrillos espontáneos, los torneos improvisados, los talleres creativos y las conversaciones sobre videojuegos clásicos, series de anime o universos cinematográficos compartidos entre chavales de institutos complutenses y veteranos nostálgicos de “La Guerra de las Galaxias”.
Había mesas de juegos, dinámicas colectivas, actividades temáticas, intercambios, retos y propuestas para todos los perfiles posibles. Algunos acudían perfectamente caracterizados tras semanas preparando el cosplay. Otros aparecían simplemente con una camiseta de Marvel y muchas ganas de pasar la tarde. Nadie parecía fuera de lugar.
Y quizá ahí reside precisamente el éxito del evento: en haber entendido que la cultura friki dejó hace años de ser marginal para convertirse en un gigantesco espacio común donde conviven generaciones enteras. El antiguo estereotipo del “rarito” encerrado en casa hace tiempo que saltó por los aires. Ahora el orgullo friki se celebra a plena luz del día y con naturalidad absoluta.
Mientras tanto, en diferentes rincones del recinto, se sucedían los ecos gráficos de universos infinitos: espadas luminosas, ilustraciones manga, referencias steampunk, estética gamer, criaturas imposibles y toneladas de imaginación compartida. Una explosión visual permanente que hacía difícil no detenerse cada pocos metros para observar detalles, hacerse una foto o simplemente sonreír.
La juventud toma el escenario
Cervanfriki también volvió a demostrar que el ocio juvenil organizado no tiene por qué ser aburrido, paternalista ni rutinario. El programa “Otra Forma de Moverte”, impulsado desde las áreas municipales de Juventud y Salud, lleva años construyendo una oferta alternativa basada precisamente en eso: participación real, creatividad y espacios seguros de convivencia juvenil. Y el sábado se notó.
Porque detrás de cada actividad había jóvenes organizando, coordinando, dinamizando o simplemente compartiendo aficiones sin necesidad de alcohol, botellón ni discursos grandilocuentes. Una escena poco habitual y bastante más poderosa de lo que parece.
Además, Cervanfriki tiene algo especialmente valioso en una ciudad como Alcalá: mezcla públicos. Padres haciendo fotos a sus hijos disfrazados. Universitarios comentando series anime. Adolescentes participando en dinámicas grupales. Curiosos que pasaban por allí y acababan entrando “solo cinco minutos”. Incluso vecinos que observaban la escena desde cierta distancia con expresión entre desconcertada y divertida.
Porque sí: desde fuera, contemplar a una legión de personajes fantásticos invadiendo pacíficamente un rincón de Alcalá puede parecer extravagante. Pero basta quedarse un rato para entender que allí no hay pose ni cinismo. Solo ganas de jugar, crear y compartir referencias culturales comunes. Y eso, en tiempos de pantallas individuales y aislamiento digital, quizá tenga más valor social del que aparenta.
Al final de la noche, cuando los focos comenzaron a apagarse y los últimos cosplayers recogían espadas, capas y pelucas, quedaba una sensación bastante evidente: Cervanfriki ya no es una curiosidad alternativa del calendario juvenil. Es una cita plenamente consolidada. Un pequeño multiverso complutense donde, durante unas horas, Alcalá habló el idioma universal de la imaginación.

















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