- La segunda dimisión consecutiva en el entorno socialista agrava una crisis interna marcada por bajas, gestora, fractura política y descomposición creciente local.

La crisis interna que atraviesa el PSOE de Alcalá de Henares ya no admite eufemismos. Lo que durante meses algunos intentaron presentar como “desajustes internos”, “diferencias organizativas” o “casos puntuales” se ha convertido definitivamente en una descomposición política y humana de enormes dimensiones. Apenas 24 horas después de hacerse pública la salida de la asesora municipal Nerea Masero el pasado 20 de mayo, otra integrante vinculada al Grupo Municipal Socialista, May Robledo, ha decidido abandonar también su puesto. La cifra es ya demoledora: cinco personas han salido del entorno del grupo municipal socialista en esta legislatura. Y dos de ellas lo han hecho en menos de un día.
La situación ha terminado por estallar. Y lo ha hecho de la peor forma posible para cualquier organización política, perdiendo a personas jóvenes, preparadas, comprometidas y con ganas de construir futuro para la ciudad. Porque esa es quizá la parte más dolorosa de esta crisis silenciosa que lleva demasiado tiempo larvándose dentro del socialismo complutense: la fuga constante de talento, ilusión y capacidad política mientras el partido permanece atrapado por quienes quieren estar cuatro años más, pese a caminar sobre tierra quemada.
La salida de Nerea Masero ya supuso un golpe muy duro para la dirección del grupo municipal. Su carta pública no dejaba lugar a demasiadas interpretaciones. En ella hablaba de decepción, de pérdida de humanidad, de falta de coherencia y de actitudes incompatibles con los valores que deberían representar los socialistas. Reivindicaba además una política “limpia”, basada en el respeto y en el debate sincero, alejándose de dinámicas internas que, según denunciaba, habían terminado convirtiendo las diferencias políticas en ataques personales.
Pero lo verdaderamente significativo es que apenas un día después se produjera otra salida más. La dimisión de May Robledo confirma que el problema no responde a una cuestión aislada ni a un conflicto individual. Lo que existe es un deterioro estructural dentro del PSOE de Alcalá de Henares que cada vez resulta más evidente tanto para la militancia como para buena parte de quienes han trabajado dentro del grupo municipal.
Antes fueron el concejal Raúl Herrero y el asesor Javier Juárez. Después llegó la salida de la concejala Blanca Ibarra, también muy crítica con la dirección política local del PSOE complutense. Más tarde, la de Nerea Masero. Ahora se suma May Robledo. Cinco bajas acumuladas. Cinco personas que en algún momento decidieron implicarse en el proyecto socialista local y que hoy han terminado alejándose. Y mientras tanto, la pregunta empieza a ser inevitable dentro y fuera de la organización: ¿qué está ocurriendo realmente en el PSOE complutense?
Cada vez son más los militantes y simpatizantes que consideran que la situación responde a una estrategia de control interno basada en imponer una dirección política y un futuro candidato a cualquier precio. Una lógica de bloques, vetos y poder orgánico que lleva años desgastando al partido y que ahora parece estar alcanzando su punto más destructivo.
Porque el daño ya no es únicamente electoral. El daño es humano y político. Lo que está ocurriendo supone la expulsión silenciosa, a veces voluntaria, otras veces provocada, de perfiles preparados y valiosos que podrían formar parte del futuro del socialismo alcalaíno. Personas que llegan con ideas nuevas, capacidad de trabajo y vocación pública, pero que terminan marchándose agotadas por un clima interno irrespirable.
La sensación que se extiende en numerosos sectores del PSOE local es especialmente amarga: los 20 años de “javierismo” está destruyendo el partido desde dentro justo cuando más necesario sería abrirlo, reconstruirlo y reactivarlo.
A todo ello se suma además el papel de los tres concejales que continúan actuando como escudo político del ex-secretario general (pero aún Portavoz Municipal) de los socialistas complutenses, Javier Rodríguez Palacios. Dentro del PSOE complutense son muchos quienes ya consideran a María Aranguren, Alberto Blázquez y Diana Díaz los soldados más fieles del aparato que intenta perpetuar un control impuesto interno del partido de cara a los próximos cuatro años, tratándose de una contradicción política de primer orden teniendo en cuenta que la mayoría de la militancia alcalaína reivindica democracia interna exigiendo votar su nueva dirección política.
Una fidelidad la de estos tres concejales que, según denuncian cada vez más voces críticas, no responde tanto a convicciones políticas o a un proyecto colectivo sólido, sino a una lógica de supervivencia personal y dependencia orgánica construida durante años alrededor del cargo institucional. Militantes históricos y antiguos compañeros del partido lamentan en privado que algunos de estos perfiles hayan terminado apoyando cualquier decisión, por cuestionable que sea, con tal de mantenerse dentro de la estructura política y conservar una posición que difícilmente encontrarían fuera de ella.
Esa ausencia de autocrítica y esa defensa cerrada de cualquier maniobra impulsada desde arriba ha terminado alimentando todavía más la fractura interna y la sensación de que el PSOE de Alcalá lleva demasiado tiempo secuestrado por intereses personales alejados de las verdaderas necesidades de la militancia y de la ciudad.
Todo ello además sucede con la Casa del Pueblo todavía cerrada bajo el control de la Comisión Gestora que, lejos de servir para coser heridas o normalizar la vida interna, se ha convertido para muchos militantes en el símbolo perfecto del bloqueo político que atraviesa la organización. Meses y meses de parálisis. Sin proyecto claro. Sin debate colectivo. Sin reconstrucción orgánica. Sin una hoja de ruta compartida para volver a conectar con la ciudad. Y el tiempo pasa.
Mientras otras fuerzas políticas trabajan ya pensando en las elecciones municipales de 2027, el PSOE de Alcalá continúa atrapado en una crisis permanente de liderazgo y convivencia interna. La consecuencia es devastadora: una oposición debilitada, incapaz de trasladar una imagen de unidad y cada vez más alejada de una parte importante del electorado progresista de la ciudad.
La gravedad de la situación debería hacer recapacitar a quienes siguen apostando por mantener el partido inmovilizado para garantizar intereses particulares de unos pocos. Porque cuanto más se prolonga esta situación, más difícil parece reconstruir la confianza perdida. Y porque cada nueva salida agranda todavía más la sensación de agotamiento colectivo dentro del socialismo complutense.
Resulta especialmente significativo que muchas de las personas que abandonan sus responsabilidades no renuncien, sin embargo, a su militancia socialista. Al contrario. La mayoría siguen reivindicando los valores históricos del PSOE y expresan su voluntad de recuperar algún día un proyecto digno, reconocible y útil para Alcalá de Henares. Eso revela que el problema no es el socialismo como proyecto político. El problema es la gestión interna que se está haciendo del partido en la ciudad.
Las últimas dimisiones deberían ser entendidas como una señal de alarma definitiva. La gota que colma un vaso que llevaba demasiado tiempo lleno. Porque cuando una organización empieza a perder de forma constante a personas válidas, comprometidas y preparadas, quizá haya llegado el momento de preguntarse si el problema no está precisamente en quienes se marchan, sino en quienes continúan aferrados al control interno por sobrevivir 4 años más mientras todo alrededor se desmorona.
Alcalá de Henares necesita una oposición fuerte, preparada y conectada con los problemas reales de la ciudad. Quizá haya llegado el momento de dejar de intentar imponer y empezar a reconstruir un proyecto colectivo. Porque cuanto más tiempo permanezca el partido paralizado, más talento seguirá perdiendo. Y más difícil será recuperar la ilusión de una militancia que empieza a sentir que el PSOE de Alcalá corre el riesgo de quedarse vacío antes incluso de volver a abrir sus puertas.
















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