La colmena y Alcalá: una continuidad que merece preservarse | Por Santiago Alonso

El hallazgo en el Archivo General de la Administración del manuscrito original de La colmena, censurado en 1946, devuelve a Alcalá de Henares una pieza esencial de la literatura española del siglo XX. El concejal de Cultura, Santiago Alonso, reivindica en esta tribuna la continuidad entre Cervantes y Cela, y defiende que el documento permanezca en la ciudad donde “la lengua tiene casa”.

  • Santiago Alonso defiende que el manuscrito de La colmena conserve su hogar natural en Alcalá, cuna y refugio de la literatura.

En ocasiones, los archivos hablan. Lo hacen en voz baja, sin estridencias, como quien sabe que lo verdaderamente importante nunca necesita imponerse. En el Archivo General de la Administración, aquí, en Alcalá de Henares, han permanecido durante décadas cien cuartillas mecanografiadas que forman el primer aliento completo de La colmena, la novela que Camilo José Cela envió a la censura en enero de 1946. Ese manuscrito no llegó al lector entonces porque fue prohibido: se consideró que mostraba demasiado, que rozaba aquello que no debía ser nombrado, que apartaba el telón de la posguerra para dejar ver la humanidad real, viva, imperfecta, contradictoria.

El documento reaparece ahora, intacto en su fragilidad y cargado de historia y silencio, como si el tiempo hubiera decidido esperar a que supiéramos mirarlo. No es una anécdota archivística. Es una pieza fundamental para entender una obra, una época, una voz y un país.

Cela no fue un visitante ocasional de Alcalá. Aquí se le reconoció públicamente en 1989 con el Doctorado Honoris Causa de la Universidad de Alcalá, en un acto solemne que él vivió no como un honor distante, sino como una aceptación íntima. Él mismo dijo entonces que veía en Alcalá “el origen y la consagración de la lengua”. Lo dijo con la claridad de quien encuentra un lugar donde la literatura no es solo memoria, sino territorio vivo.

Durante años, Cela estuvo presente en la ciudad: en conferencias, en encuentros, en conversaciones académicas que no buscaban brillo sino profundidad. Participó en la consolidación del Premio Cervantes cuando ese premio todavía estaba edificando sus ceremonias, sus ritos, su tiempo. En el Paraninfo, aquel espacio donde Cervantes se vuelve institución, Cela reconoció una casa. Y la ciudad lo reconoció a él.

Por eso este manuscrito, ahora visible, ahora respirable, no es un cuerpo extraño que nos cae entre las manos. Está aquí porque debía estar aquí. Hay ciudades que guardan patrimonio por custodiarlo, y otras que lo guardan porque lo comprenden. Alcalá pertenece a las segundas.

La discusión que ahora se abre no es técnica. No es administrativa. No es una cuestión de cajas, depósitos o traslados. Es una cuestión de sentido cultural. La pregunta verdadera es: ¿dónde puede vivir este manuscrito para ser comprendido, estudiado, compartido y celebrado?  La respuesta es serena y nítida: aquí, donde la literatura tiene casa.

Alcalá es la ciudad donde nació Cervantes, el hombre que reinventó la novela para todas las lenguas que vinieron después. Cela representó, en el siglo XX, una voz que reconstruyó la narrativa española desde las ruinas y las sombras. Cervantes y Cela no son autores comparables; son autores que se miran desde siglos distintos, pero que dialogan en la misma lengua, en la misma raíz, en la misma necesidad de contar lo que somos.

Conservar el manuscrito en Alcalá no significa retenerlo. Significa liberarlo: sacarlo del silencio, ponerlo a la vista, permitir que estudiantes, lectores e investigadores lo toquen con los ojos y lo interpreten con tiempo. Significa hacerlo vivo.

La cultura tiene momentos en los que se juega su verdadera altura. Este es uno de ellos. No se trata de centralizar ni de dispersar. Se trata de reconocer dónde un fragmento de nuestra historia literaria encuentra su significado más pleno.

Si Cervantes es el origen y Cela es la continuidad, Alcalá es la casa donde la lengua se recuerda a sí misma. Cuidemos lo que nos hace ser quienes somos.

*Santiago Alonso es concejal de Cultura de Alcalá

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