- La obra de Miguel Ángel Sánchez García en Santa María La Rica, por Matías Escalera
Al día siguiente, el viernes, por la tarde, a las 18:00h, tendrá lugar una visita guiada por la exposición a cargo del artista y de Margarita Aizpuru, comisaria de arte y una de las más importantes especialistas en arte contemporáneo de nuestro país, hija de Juana Aizpuru, fundadora de ARCO.
En tiempos de ligereza y liviandad, la obra de Miguel Ángel Sánchez García, tal como podrán comprobar los visitantes de la exposición, representa, sin duda, la gravedad; en tiempos de volatilidad, su obra representa la permanencia; en tiempos de inconsistencia e insustancial maleabilidad, la obra que estos contemplarán representa el férreo compromiso, no solo con las raíces más profundas de la cultura y del arte occidental, cuyos cimientos descansan en las polis de la Grecia clásica, sino, también, con las técnicas, con las formas y las herramientas de la pintura nacida en sus talleres y llevada a la máxima expresión durante el Renacimiento clásico y, finalmente, durante el breve período de las Vanguardias artísticas del siglo XX. Un compromiso real, que no es postura ni gesto vacío, sino resultado del estudio, de la experimentación, de la reflexión y del análisis de la historia entera del pensamiento y del arte europeo, desde sus fundamentos.
Así, pues, que esta exposición retrospectiva de la obra del artista, producida en los últimos quince años, lleve el título de Tipos y arquetipos no es una casualidad ni un mero capricho publicitario, es justamente lo que la obra de Miguel Ángel Sánchez García enuncia y fórmula pictóricamente, porque el artista conoce, domina y ha incorporado a su modo de expresión pictórica toda esa riquísima tradición filosófica, literaria y artística que nos constituye o nos ha constituido, hasta hace poco, como cultura y civilización. Y esta es otra característica de la obra de Miguel ángel Sánchez García, que es el resultado de una profunda reflexión artística, pero, también, de una incansable indagación intelectual, hasta la esencia de los pilares míticos e ideológicos de nuestra herencia cultural, literaria y filosófica.
De modo que, para comprender definitivamente esta obra: a la vez, expresionista y clásica, oscura y –extrañamente– luminosa, dura y acogedora, sin solución de continuidad, y disfrutarla íntegramente, debemos tener en cuenta, por tanto, que es una obra que dialoga con el tiempo –con los tres tiempos– en su totalidad, no solo con el presente, con quienes la contemplamos ahora, sino con el pasado, de donde vienen sus raíces y fundamentos, y, sobre todo, con el futuro, a cuyos habitantes hablará, sin duda, cuando hayamos desaparecido, de la gravedad, del compromiso, de la permanencia y del sentido arquetípico del arte y de la pintura, de su potencial sígnico y referencial, cuando no se toman –eso, sí–, ni uno ni otra, como vacías excusas y fatuas coartadas decorativas, para rehuir lo esencial, el significado. Acérquense a verla y, si pueden seguir la visita guiada del viernes, día 7, por la tarde, no se arrepentirán.

















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