MARGINALES | Por Pilar Blasco

"Deberíamos llamar a Sánchez el flautista de Hamelin a la inversa, puesto que aquel personaje de cuento libraba a su país de las ratas mientras Sánchez atrae a las ratas las de dentro y las de fuera, a su país, para que lo devoren. Sánchez no quiere a España ni a los españoles, los utiliza para sus fines, que no son solo sus ansias de poder, lujo y  dinero, sino la destrucción de la misma España".

  • Pilar Blasco es  licenciada en Lengua española y ha colaborado en publicaciones locales en temas de actualidad política y cultural.

Imagino a Pedro Sánchez volviendo de la India en el Falcon, enterado de la tragedia española de Valencia, haciendo sus cálculos para sacarle rédito al suceso. Lejos de su mente la tristeza, la compasión, la ansiedad por llegar a tiempo de socorrer a sus compatriotas. Y es que no son compatriotas de Sánchez, no lo somos, ni siquiera sus acólitos más cercanos, su guardia pretoriana, a los que deja caer una vez utilizados en turbiedades políticas; ni sus votantes abducidos, los que prefieren darse un tiro en el pie y arruinarse a base de impuestos, con tal de que el amado líder siga el frente de la ruina y los conduzca al precipicio. Deberíamos llamar a Sánchez el flautista de Hamelin a la inversa, puesto que aquel personaje de cuento libraba a su país de las ratas mientras Sánchez atrae a las ratas las de dentro y las de fuera, a su país, para que lo devoren. Sánchez no quiere a España ni a los españoles, los utiliza para sus fines, que no son solo sus ansias de poder, lujo y  dinero, sino la destrucción de la misma España. Ya dijo alguien importante del pensamiento universal que un hombre malo es capaz de destruir su país para gobernar sobre sus cenizas. O algo así. Los aforismos y las metáforas más siniestros de la filosofía se cumplen con Sánchez y España.

Según el pensamiento elaborado en las horas de vuelo desde la India, supuestamente asistido por la asesoría áulica del caso (novecientos, dicen que son los consejeros de Presidencia), la jugada maestra consistiría en cargar las culpas y la responsabilidad de la catástrofe climática al PP, faltaría más, en la persona del presidente valenciano. Nada nuevo, hay precedentes, tanto de la estrategia necrófila del PSOE en momentos clave como de la estulticia y bisoñez del PP en las mismas circunstancias. Es el deja vu para los veteranos que ya lo hemos vivido y la perplejidad e incredulidad para los novatos, los que aún creen en la bondad del ser humano, en la honradez de la clase política y por consiguiente en que los gobernantes persiguen el bien común por encima de todo. Los que aún no han caído del caballo en el camino a la madurez y los que nunca lo harán porque temen ser cegados por la luz de la cruda realidad, la de que sus amados líderes son unos bandidos que han llegado al poder para aprovecharse de ellos en primer lugar.

Basta que la naturaleza se rebele con una borrasca, un volcán en erupción, una pandemia o que un grupo terrorista cause una masacre, para que salgan a flote los detritus del poder. La búsqueda desaforada de culpables en el lado contrario, en este caso del otro lado del muro de Sánchez, para que la ausencia de sentimientos de piedad y compasión (empatía lo llaman ahora para desechar cualquier coincidencia con los valores cristianos) deje las manos libres a los de la casta política cuya religión no es otra que el culto al dios poder omnímodo sobre todo lo que haya a su alcance, empezando por el dinero en cantidades ingentes y el dominio de personas hasta someterlas  en cuerpo y mente. Son insaciables y para conseguir sus fines se han encargado de despojarse a sí mismos y a sus plebeyos sometidos y esclavos, de los sentimientos y valores más naturales, personales e íntimos que poseemos los seres humanos. Amor al prójimo (a Dios ni nombrarlo), caridad, compasión, sacrificio, lealtad, esfuerzo, generosidad gratuita, a cambio de unos mantras de nuevo cuño y nuevo lenguaje que no reconocemos, pero que se extienden como una plaga por la llamada cultura social y la educación, medios de desinformación y demás bombardeos masivos con los que convertir la verdad en mentira y viceversa.

La hecatombe, la catástrofe, la tragedia inconmensurable de Valencia no ha conmovido el corazón (Corazón???) de la clase gobernante porque ya están macerados en la ideología dominante, la de la reducción de la población mundial (un grano de arena al proyecto Soros-Gate), la “restauración de la naturaleza” a base de derribar presas y embalses salvadores de la inundación, del hambre y la sed; la sustitución étnica y cultural a base de invasiones externas inducidas (no hemos visto grupos de africanos pensionados en los equipos de voluntarios), la destrucción de la economía agrícola y ganadera. La demonización de la industria y la empresa privada (Mercadona, Inditex) que va por libre, que no merodea en torno al poder (Ibex 35), adoctrinamiento de las masas a base de medios de comunicación-desinformación masiva (el pleno del Congreso no se suspendió el martes de la tragedia para colonizar TVE con urgencia), etc., etc.

Con lo que no contaba esta clase política infecta es con que en el corazón, ese sí, de los españoles, fuera de ideologías, de nacionalidades inducidas y embelecos woke, están esos valores y sentimientos inculcados ancestralmente a través de la familia, de la historia y de la cultura heredada y aún viva. A la par de la infamia y la crueldad indiferente, la de “si quieren ayuda que la pidan, el ejército no está para achicar agua, el congreso tiene otras prioridades; los atacantes -con un palo de escoba- son peligrosos marginales de la extrema derecha…”,  que hemos oído estos días con estupor de boca de nuestros representantes, ha surgido el pueblo llano, el que coge la pala y la garrafa de agua y se lanza a la calle y a las carreteras a pie en busca del prójimo al que asistir porque sufre y lo necesita.

De ahí viene la soberbia y la cólera del poder de Sánchez, la denuncia a los desesperados que desataron su rabia en Paiporta con las botas y la ropa embarrada de cansancio y sudor, la insoportable rebeldía de los olvidados, los utilizados y desamparados que esperan en vano las máquinas, los uniformes del ejército, el que va a Marruecos, a Polonia o a Afganistán y sin embargo queda acuartelado a la espera de órdenes que no llegan, nadie sabe porqué, a Valencia. Es increíble si no fuera cierto y no lo estuviéramos viendo ante nuestros ojos y oídos. Pero mucho me temo que, una vez más, a la par de las imágenes de la tragedia, los expertos en manipulación de masas, con su poderosos medios comprados, harán creer a los abducidos e ingenuos, a sus creyentes ciegos, que la verdad es mentira y viceversa. Que son marginales de la ultraderecha las gentes doloridas que no le pudieron hacer ni un rasguño al brillante coche blindado de Sánchez con sus empujones y patadas cargadas de impotencia y rabia.

Nos esperan semanas de discursos presidenciales (Aló Presidente), ya los estamos oyendo, como en la pandemia, apabullando con promesas de auxilio, inútil por tardío,  con gesticulación de pesadumbre impostada,  en los que Sánchez, una vez más, se erigirá en  salvador de la patria y convencerá a los suyos para las próximas elecciones, que es lo que de verdad le interesa. Algunos, invariablemente amigos y allegados del gobierno en varias modalidades, como hace cuatro años, ya están calculando las ganancias en materiales de reconstrucción, contratados por tráfico de prebendas, en la misma red de las mascarillas del covid,  con las mismas empresas fantasma, con las comisiones millonarias de rigor y la opacidad de siempre.

Estoy con los marginales a los que Sánchez va a imputar y condenar con jueces de su banda, con la fiscalía general imputada por prevaricación y revelación de secretos de la vida privada de un ciudadano…,  localizados y (en potencia) arrestados por la policía de Marlasca, calumniados y condenados por los tertulianos de las tribus bienpensantes de las teles amigas.

Que la Virgen de los Desamparados, patrona de Valencia nos cuide y proteja a los valencianos y a los españoles.

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1 Comentario

  1. ¡Brillante! He difundido el artículo a un lado y a otro del charco, en X, en Whatsapp, en Facebook. Hay muchos hispanos en USA interesados en lo que hacen Sánchez y sus ministros. Artículo brillante.

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