El PSOE de Alcalá ante el espejo de 2027: sedes cerradas, gestoras y primarias en el horizonte | Por Pedro Enrique Andarelli

El periodista Pedro Enrique Andarelli analiza en esta tribuna el complejo escenario político que afronta el PSOE de Alcalá de Henares a un año de las elecciones municipales de 2027. La crisis interna abierta desde febrero, la prolongación de la gestora, el expediente disciplinario a Enrique Nogués y el incierto calendario de primarias dibujan un panorama marcado por la provisionalidad mientras el resto de fuerzas políticas comienzan ya a preparar discretamente sus estrategias electorales para el próximo ciclo político.

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  • Gestora, primarias, expedientes y desgaste interno marcan el incierto camino del PSOE complutense hacia las elecciones municipales de 2027.
Pedro Enrque Andarelli, Director de ALCALÁ HOY

A un año de las elecciones municipales de 2027, la política alcalaína empieza a moverse con esa mezcla de nerviosismo, cálculo y rumorología que siempre precede a las grandes citas electorales. Todavía queda mucho tiempo y, sin embargo, todo parece haber comenzado ya. Las conversaciones se multiplican, las alianzas se tantean discretamente y los partidos empiezan a mirar de reojo unas encuestas nacionales y autonómicas que no siempre invitan al optimismo. En ese contexto, mientras el Partido Popular transmite una imagen de estabilidad alrededor del liderazgo de Judith Piquet, el PSOE de Alcalá continúa atrapado en la mayor crisis interna que ha vivido en muchos años.

Desde finales de febrero de 2026, el socialismo complutense se encuentra sumido en una situación de provisionalidad política y orgánica difícil de recordar incluso para muchos veteranos de la agrupación. Un expediente disciplinario abierto contra un concejal por un asunto personal ocurrido en 2014 —y ya conocido públicamente durante la campaña electoral de 2023— acabó desencadenando una cadena de dimisiones, tensiones internas, recogidas de firmas y enfrentamientos que desembocaron finalmente en la disolución de la Ejecutiva local y en la designación de una comisión gestora por parte del PSOE de Madrid.

Más de tres meses después, el partido sigue instalado en una especie de limbo político. La Casa del Pueblo ha permanecido cerrada en momentos especialmente delicados, reuniones solicitadas por militantes no llegaron a celebrarse y las filtraciones a medios regionales y nacionales se han convertido casi en parte habitual del paisaje. Todo ello ha generado una sensación de desgaste que va mucho más allá de un simple conflicto interno entre sectores.

La imagen más simbólica de esta crisis probablemente se produjo el pasado 22 de abril. Aquella tarde, más de 170 militantes y simpatizantes socialistas terminaron reuniéndose en un local alternativo de la calle Pescadería conocido ya popularmente como “el Plan B”, después de encontrarse cerrada la sede oficial del partido. Allí coincidieron históricos del socialismo alcalaíno, jóvenes incorporados en los últimos años, concejales en activo y militantes de distintas sensibilidades bajo una idea compartida: la sensación de que el partido había dejado de escuchar a parte de su propia base.

La escena tenía una poderosa carga política y emocional. Mientras en Madrid y en determinadas tertulias nacionales se hablaba incluso de teorías conspirativas sobre pandemias imaginarias, elecciones eternamente aplazadas o escenarios casi delirantes, en Alcalá el conflicto socialista adquiría una dimensión mucho más terrenal y reconocible: puertas cerradas, expedientes disciplinarios, gestoras provisionales y militantes buscando un local alternativo donde poder reunirse.

La presencia en aquel encuentro de figuras históricas reforzó además la idea de que la crisis había dejado de ser únicamente un enfrentamiento entre facciones contemporáneas. Semanas después, el veterano socialita Juan Bravo postearía un texto comparando a Javier Rodríguez Palacios con Florentino Pérez, utilizando una metáfora sobre los liderazgos largos y excesivamente personalistas. Más allá de la ironía o de la dureza del paralelismo, el mensaje reflejaba una percepción cada vez más extendida entre algunos sectores del socialismo complutense: el agotamiento de un ciclo político.

Porque, aunque Javier Rodríguez Palacios continúa siendo una figura de enorme peso interno y mantiene apoyos muy sólidos, ya no parece existir aquella sensación de liderazgo incontestable que durante años caracterizó al PSOE alcalaíno. Por primera vez en mucho tiempo, distintos sectores hablan abiertamente de posibles alternativas de cara a unas futuras primarias. Militantes consultados por este medio aseguran incluso que existen personas dispuestas a disputar la candidatura a la alcaldía cuando llegue el momento. Y ahí aparece precisamente el elemento decisivo de toda esta historia: el calendario.

La actual gestora cumple oficialmente su plazo el próximo 4 de junio, aunque dentro del partido se da prácticamente por hecha una prórroga de otros tres meses que llevaría la situación provisional hasta septiembre. Sería una decisión enormemente significativa, porque supondría mantener intervenida políticamente la agrupación local prácticamente hasta las puertas mismas del proceso de primarias.

Mientras tanto, Enrique Nogués presentó alegaciones dentro del expediente disciplinario antes del límite fijado para el pasado 13 de mayo y se espera una resolución definitiva hacia mediados de junio. Las sanciones que se barajan oscilan entre dos y dieciocho meses de suspensión de militancia. Pero la incógnita no es sólo la duración de la posible sanción, sino quién acabará resolviendo realmente el expediente. Nogués habría solicitado que el asunto fuese tratado por los órganos federales del partido y no únicamente por el PSOE de Madrid. Si finalmente Ferraz asumiera directamente la cuestión, el conflicto dejaría definitivamente de ser un problema exclusivamente alcalaíno y del socialismo madrileño.

Todo ello coincide además con el arranque del calendario político interno del PSOE de cara a 2027. El Comité Federal previsto para el próximo 27 de junio deberá empezar a definir el marco general de primarias y procesos internos, mientras que en la primera quincena de julio el PSOE madrileño adaptará ese calendario a la realidad regional. A partir de ahí, septiembre, octubre y noviembre aparecen ya en el horizonte como los meses previsibles para la celebración de las primarias municipales.

En política interna los tiempos nunca son neutros. Controlar el calendario significa muchas veces controlar el partido. Y en estos momentos da la impresión de que gran parte de la batalla dentro del PSOE de Alcalá ya no gira únicamente alrededor de nombres o candidaturas, sino también sobre procedimientos, censos y tempos orgánicos.

Todo esto sucede además en un contexto especialmente delicado para el socialismo español. Las elecciones andaluzas celebradas ayer domingo han supuesto un duro revés electoral para María Jesús Montero, cuya candidatura ha dejado al PSOE andaluz en el peor resultado de su historia reciente con solo 28 escaños. El PP de Juanma Moreno ha vuelto a imponerse con 53 diputados, aunque se ha quedado a dos escaños de la mayoría absoluta aunque negociar con Vox para garantizar la estabilidad parlamentaria.

El resultado cierra además el ciclo de elecciones autonómicas adelantadas y sitúa ya toda la atención política sobre las municipales y autonómicas de mayo de 2027, con la incógnita añadida de una posible convocatoria anticipada de elecciones generales. En ese escenario, Ferraz difícilmente contemplará con tranquilidad agrupaciones locales en conflicto permanente a apenas un año de las próximas citas electorales.

Mientras tanto, el resto de fuerzas políticas también empieza a prepararse para el nuevo ciclo electoral. En el caso de Vox, la situación es más sencilla desde el punto de vista orgánico, ya que el partido funciona con un modelo mucho más centralizado y las decisiones sobre candidaturas dependen esencialmente de la dirección regional y nacional. A día de hoy sigue sin estar claro si Víctor Acosta repetirá como candidato o si habrá relevo, aunque dentro de la formación se recuerda que en 2023 la designación oficial no llegó hasta apenas tres meses antes de las elecciones municipales.

En cuanto al espacio situado a la izquierda del PSOE, el panorama tampoco aparece precisamente despejado. Más Madrid, que actualmente comparte presencia local con Izquierda Unida y Podemos dentro de un ecosistema político complejo, vive también pendiente de los movimientos nacionales. La decisión de Mónica García de centrarse en la Comunidad de Madrid y las tensiones existentes dentro del espacio político heredero de Sumar mantienen abiertas muchas incógnitas sobre posibles alianzas, confluencias o reconfiguraciones futuras.

La continuidad de Rosa Romero, portavoz muncipal de Mas Madrid,  como referencia electoral de Más Madrid en Alcalá dependerá también de cómo evolucionen esas conversaciones en los próximos meses. Porque una de las grandes incógnitas de 2027 será precisamente comprobar si las distintas sensibilidades de la izquierda alternativa concurren juntas, separadas o mediante fórmulas intermedias.  Quizás Andalucia ha marcado el camino.

Frente a ese escenario de incertidumbre generalizada, el Partido Popular aparece hoy como la organización que transmite una mayor sensación de estabilidad. Judith Piquet no sólo mantiene el respaldo absoluto del PP alcalaíno, sino también el apoyo explícito de Isabel Díaz Ayuso y de Alfonso Serrano dentro del aparato regional madrileño. En el entorno popular se considera que la actual alcaldesa representa el principal activo electoral del partido en la ciudad y el objetivo estratégico parece evidente: intentar alcanzar la mayoría absoluta en 2027.

Pero queda todavía un año. Y en política un año puede ser una eternidad. Especialmente en Alcalá de Henares, una ciudad donde las crisis políticas nunca suelen desarrollarse de manera silenciosa. Las próximas semanas serán decisivas para saber si el PSOE logra reconducir internamente su situación o si, por el contrario, la provisionalidad termina convirtiéndose en la verdadera protagonista del camino hacia 2027.

Porque quizá el problema más profundo para cualquier organización política no sea la existencia de discrepancias internas. El verdadero problema comienza cuando una parte importante de sus propios militantes empieza a sentir que ya no sabe quién toma realmente las decisiones, ni dónde, ni en nombre de quién.

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