Paquito el Chocolatero, merienda y mucho cariño: las Ferias que no se olvidan de sus mayores

Las Ferias de Alcalá volvieron a llamar este martes a las puertas de la Residencia Francisco de Vitoria. Peñistas, residentes, representantes municipales y la Charanga La Complutense compartieron una de esas tardes que forman parte del corazón de las fiestas. Hubo merienda, música, conversación y algún baile, con Paquito el Chocolatero como momento más divertido y el Himno de Alcalá poniendo el broche final a una cita especialmente dedicada a nuestros mayores.

  • Las peñas llevaron merienda, música y compañía a la Francisco de Vitoria en una tarde que terminó con el Himno (oficioso) de Alcalá.
  • Crónica gráfica y video de Myriam Trujillo para ALCALÁ HOY

Hay tardes de Ferias que no necesitan grandes escenarios, focos ni artistas de relumbrón para convertirse en especiales. Basta una charanga, unas mesas preparadas para merendar, un puñado de pañuelos de colores y muchas ganas de compartir. La del martes 25 de agosto fue una de ellas en la Residencia Francisco de Vitoria, donde las peñas festivas volvieron a llevar las Ferias de Alcalá hasta quienes quizá ya no puedan salir a buscarlas por las calles.

A las seis de la tarde, el exterior de la residencia de la calle Villamalea se convirtió por unas horas en una pequeña prolongación del centro festivo de Alcalá. Allí esperaban los residentes y allí fueron llegando los peñistas, dispuestos a cumplir con una de esas tradiciones que, precisamente porque no hacen demasiado ruido, dicen mucho de unas fiestas.

La visita de las peñas a los mayores durante el martes de Ferias viene de lejos. Ya estaba documentada como una costumbre habitual al menos en 2017 y, después del obligado paréntesis de la pandemia, fue recuperada en 2022. Desde entonces, la cita con la Residencia Francisco de Vitoria ha vuelto a ocupar su lugar en el calendario festivo.

Y lo hace con una fórmula bastante sencilla: compañía, merienda, música y tiempo. Sobre todo tiempo. Tiempo para sentarse junto a los residentes, hablar con ellos, acercarles algo para comer, ayudar a quien lo necesita y conseguir que durante unas horas también puedan sentir que las Ferias están pasando por su casa.

Este año nuestros mayores estuvieron algo menos bailones que en otras ediciones. Tampoco hacía ninguna falta batir récords sobre la pista. Algunos prefirieron disfrutar de la fiesta sentados, seguir la música, observar el trajín de los peñistas o acompañar las canciones desde sus mesas. Otros sí se animaron cuando el repertorio empezó a hacer de las suyas.

Porque si alguien tenía la misión de evitar que aquella tarde se pareciera demasiado a una merienda convencional era la Charanga La Complutense. Sus músicos pusieron la banda sonora a la jornada y fueron recorriendo ese terreno que las charangas conocen perfectamente: canciones reconocibles, ritmos capaces de despertar recuerdos y esa particular habilidad para conseguir que uno termine moviendo un pie aunque unos minutos antes hubiera jurado que no pensaba levantarse de la silla.

Mientras sonaba la música, los peñistas estuvieron permanentemente pendientes de los residentes. Repartieron la merienda, conversaron con ellos y animaron una celebración en la que lo importante no era tanto lo que ocurría como con quién se compartía.

La alcaldesa, Judith Piquet, acudió también a la Francisco de Vitoria para acompañar a residentes y peñistas. Junto a ella participaron los concejales del Gobierno municipal Antonio Saldaña, Isabel Ruiz y Esther de Andrés. La representación de Vox estuvo formada por Víctor Acosta y Pilar Cruz; por el PSOE acudieron María Aranguren y Patricia Sánchez, y Más Madrid estuvo representado por Sara Escudero.

Pero por una tarde las siglas quedaron bastante lejos del protagonismo. Allí mandaban los mayores.Y entonces llegó ese momento que parece estar escrito en algún reglamento no publicado de cualquier fiesta popular española. Sonó Paquito el Chocolatero.

Ahí las resistencias fueron cayendo. Políticos, peñistas y residentes se dejaron llevar por una pieza que tiene la extraña capacidad de convertir cualquier espacio en una verbena en apenas unos compases. Hubo baile, risas y ese movimiento colectivo que comienza casi siempre tímidamente y acaba arrastrando a quienes están alrededor. Fue probablemente el momento más simpático de una tarde en la que no hacía falta organizar mucho más para conseguir lo verdaderamente importante: que los residentes se sintieran parte de las Ferias.

Porque Alcalá durante estos días parece girar alrededor de la Plaza de Cervantes, el Recinto Ferial, la Huerta del Obispo, las peñas, los conciertos o los espectáculos. Pero las fiestas también tienen otros escenarios. Algunos están alejados del bullicio y precisamente por eso merecen que el bullicio vaya a buscarlos. Eso es lo que ocurre cada martes de Ferias en la Francisco de Vitoria.

Las peñas no acuden simplemente a entregar una merienda. Llevan algo bastante más difícil de empaquetar: unas horas de calle para quienes no pueden estar en ella. Los colores de las peñas, las canciones de la charanga, las bromas, las conversaciones y ese pequeño desorden que acompaña inevitablemente a cualquier celebración. Y también reciben. Porque en las mesas de una residencia hay muchas Ferias acumuladas. Las de quienes bailaron cuando los que ahora llevan los pañuelos de las peñas todavía no habían nacido. Las de quienes recorrieron una Plaza de Cervantes muy diferente, conocieron otros feriales y celebraron fiestas de Alcalá que forman ya parte de la memoria de la ciudad. Por eso esta cita tiene algo especial. No se trata solamente de llevar las Ferias a los mayores. También sirve para recordar que ellos llevan muchas Ferias dentro.

La tarde fue avanzando entre música, conversación y merienda hasta que llegó la hora de poner el punto final. Y si había comenzado con los colores de las peñas y los sones de La Complutense, terminó de la manera más alcalaína posible. Con el Himno de Alcalá de Henares. El pasodoble cerró una de esas pequeñas escenas que quizá no encabecen el programa oficial de las fiestas, pero que explican bastante bien lo que significa celebrar juntos. Los residentes escucharon y acompañaron el himno mientras peñistas, representantes municipales y trabajadores de la residencia ponían fin a la visita. Después llegarían las despedidas, las últimas conversaciones y la promesa implícita de regresar el próximo año.

La Charanga La Complutense guardaría los instrumentos. Los peñistas volverían a las calles para continuar unas Ferias que todavía tenían muchas horas por delante.  Y en la Francisco de Vitoria regresaría poco a poco la tranquilidad después de una tarde diferente.Pero durante unas horas no hubo una residencia a un lado y unas Ferias al otro. Hubo una sola Alcalá. Una Alcalá con sus peñistas pendientes de los mayores, con una charanga tocando para ellos, con una merienda compartida y hasta con un Paquito el Chocolatero capaz de arrancar algún baile más de los inicialmente previstos.

Y quizá esa sea la mejor manera de entender esta tradición. Las Ferias son de quienes llenan los conciertos, de quienes abarrotan las peñas, de quienes suben a las atracciones y de quienes recorren la ciudad detrás de los Gigantes y Cabezudos. Pero también son de quienes ya han vivido muchas. Y el martes, como cada año, las Ferias fueron a buscarles.

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