Bajo un sol complutense que doraba las fachadas centenarias del casco histórico, Alcalá de Henares vivió el pasado domingo 14 de junio de 2026 una de esas jornadas que permanecen en la memoria colectiva. La Procesión del Corpus Christi, trasladada excepcionalmente al domingo por la visita del papa León XIV a Madrid, volvió a convertir las calles y plazas del centro histórico en un gran escenario de encuentro, tradición y devoción popular.
Todo comenzó poco antes de las seis y media de la tarde en la Catedral-Magistral. El solemne rezo de Vísperas llenó el templo de una atmósfera de recogimiento y expectación. En el interior, el obispo Antonio Prieto Lucena presidía la celebración junto a sacerdotes, seminaristas y numerosos fieles. Fuera, en la Plaza de los Santos Niños, se congregaban ya centenares de personas: familias enteras, cofrades con sus hábitos, niños vestidos de primera comunión con cestitas de pétalos y numerosos vecinos dispuestos a acompañar al Santísimo en su recorrido por el corazón de la ciudad.
Entre las autoridades asistentes figuraban la alcaldesa, Judith Piquet, la concejala de VOX Pilar Cruz y otros miembros de la Corporación municipal, junto a representantes de la Junta de Cofradías y de distintas hermandades alcalaínas.
Cuando las puertas de la Catedral se abrieron y apareció la custodia del Santísimo Sacramento, un respetuoso silencio se extendió por la plaza. Portada por hermanos de la Cofradía del Santísimo Cristo de la Esperanza y el Trabajo y Nuestra Señora de la Misericordia, la pieza de orfebrería brillaba bajo la luz de la tarde, rodeada de flores blancas y amarillas. Las agrupaciones musicales de Ajalvir y del Cristo de Medinaceli de Alcalá marcaron los primeros compases de una procesión que comenzó su lento y solemne caminar.
La salida del cortejo ofreció además una imagen singular al discurrir frente al nuevo mural de la Casa Tapón, recientemente inaugurado en la Plaza de los Santos Niños. La obra, inspirada en la histórica panorámica de Alcalá realizada por Anton van der Wyngaerde en 1565, sirvió de telón de fondo para los primeros momentos de la procesión, uniendo en una misma estampa patrimonio, arte y tradición religiosa.
Las calles del centro histórico, engalanadas por vecinos y cofradías, mostraban balcones adornados con colgaduras, pequeños altares, composiciones florales y alfombras confeccionadas para la ocasión. La comitiva avanzó por las calles Escritorios y Santa Úrsula mientras los niños lanzaban pétalos al paso de la custodia, una de las imágenes más características de esta celebración.
La Plaza de Cervantes, centro espiritual de la jornada
Al llegar a la Plaza de Cervantes, el corazón de la ciudad volvió a convertirse en epicentro de la celebración. El obispo Antonio Prieto Lucena subió al quiosco de la música, transformado para la ocasión en altar, y dirigió unas palabras a los asistentes con el Santísimo expuesto ante miles de personas.
Durante su intervención recordó algunas de las enseñanzas pronunciadas días antes por el papa León XIV durante su visita a Madrid e invitó a los fieles a vivir una fe abierta al mundo, presente en la vida cotidiana y comprometida con las necesidades de los demás. Su mensaje fue seguido con atención por los asistentes, que llenaban buena parte de la plaza y sus alrededores.
Uno de los momentos más emotivos llegó con la bendición solemne desde el quiosco. El silencio que acompañó el gesto contrastó con el bullicio habitual de una plaza que cada día recibe a miles de personas. Muchos vecinos siguieron el acto con visible emoción mientras la custodia presidía el centro neurálgico de Alcalá.
La alcaldesa Judith Piquet, la concejala Pilar Cruz, otros representantes municipales y miembros de la Junta de Cofradías participaron de ese momento de recogimiento junto al resto de fieles congregados en la plaza.
Un final bajo la lluvia
Tras la bendición, la procesión retomó su recorrido por la calle Libreros en dirección a la Iglesia de Santa María la Mayor. Cofradías y hermandades avanzaban ordenadamente con sus estandartes y cirios, mientras los niños de primera comunión seguían ocupando un lugar destacado en el cortejo.
El ambiente era de solemnidad serena y celebración compartida. Vecinos y visitantes acompañaban el paso de la comitiva desde aceras y balcones, contribuyendo a una imagen que combina cada año tradición religiosa, patrimonio histórico y participación ciudadana.
Cuando el recorrido llegaba a su fin, el cielo quiso sumarse a la jornada. Las primeras gotas comenzaron a caer tímidamente mientras la procesión se aproximaba a Santa María la Mayor. Poco después, ya con el Santísimo en el interior del templo, la lluvia descargó con intensidad sobre la ciudad.
Lejos de alterar el desarrollo de la celebración, el aguacero puso un singular broche final a una tarde especialmente significativa para muchos alcalaínos. Entre cánticos y oraciones concluyó una de las manifestaciones religiosas más arraigadas del calendario local.
La Procesión del Corpus Christi volvió así a recorrer las calles de Alcalá de Henares reafirmando una tradición centenaria que forma parte de la identidad de la ciudad. Una celebración en la que fe, patrimonio, música, arte y participación popular se dieron la mano una vez más bajo el cielo complutense.


















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