La Hermandad del Rocío de Alcalá inicia su camino entre emoción, sevillanas y fervor popular

La Hermandad del Rocío de Alcalá de Henares inició este sábado su tradicional camino hacia la aldea almonteña con una emotiva salida de romeros por el centro histórico complutense. La carreta del Simpecado recorrió las principales calles de la ciudad entre sevillanas, aplausos y muestras de fervor popular tras la misa celebrada en las Clarisas de San Juan. La alcaldesa Judith Piquet, concejalas del equipo de Gobierno y el edil socialista Enrique Nogués acompañaron a la Hermandad en la jornada.

Foto del Ayuntamiento
  • La carreta del Simpecado recorrió Alcalá entre sevillanas, emoción y fervor rociero acompañada por vecinos, autoridades y numerosos devotos.
  • Crónica gráfica de Pedro Enrique Andarelli para ALCALÁ HOY

La comitiva rociera recorrió este sábado el centro histórico complutense tras la tradicional misa de romeros, acompañada por autoridades municipales, vecinos y numerosos devotos en una jornada marcada por la emoción, la convivencia y el ambiente festivo.

Alcalá de Henares volvió a vestirse este sábado de lunares, flores y sevillanas para acompañar a la Fervorosa y Humilde Hermandad de Nuestra Señora del Rocío en uno de los momentos más esperados del calendario rociero: la tradicional salida de romeros hacia la aldea almonteña. Una jornada cargada de simbolismo y emoción que convirtió durante varias horas el centro histórico complutense en un pequeño rincón andaluz a orillas del Henares.

La mañana comenzó en las Clarisas de San Juan, sede canónica de la Hermandad, donde se celebró la misa de romeros previa al inicio del camino. Allí se congregaron hermanos, devotos, familiares y numerosos vecinos para arropar a la Hermandad antes de emprender la peregrinación. Tampoco faltó representación institucional. La alcaldesa de Alcalá de Henares, Judith Piquet, asistió al acto acompañada por las concejalas Esther de Andrés Domínguez y Pilar Cruz, realizando además la tradicional ofrenda floral a la Hermandad. Entre los asistentes también se encontraba el  concejal socialista Enrique Nogués.

Tras la eucaristía llegó uno de esos instantes capaces de poner un nudo en la garganta incluso a quienes observan desde la distancia. La carreta portadora del Bendito Simpecado comenzó a avanzar lentamente entre aplausos, vivas y alguna lágrima discreta. Las primeras sevillanas empezaron a sonar mientras decenas de móviles intentaban inmortalizar el momento y los hermanos se arremolinaban en torno a la carreta, conscientes de que el camino comenzaba de verdad.


El Rocío toma el casco histórico

Pocos actos populares consiguen transformar de manera tan evidente el paisaje urbano de Alcalá como la salida rociera. Durante unas horas, las calles históricas dejaron atrás su habitual ritmo turístico y universitario para llenarse de volantes, sombreros de ala ancha, flores y palmas acompasadas.

La comitiva inició su recorrido por Santa Clara, Trinidad, Cárcel Vieja, Santa Catalina y Tercia hasta alcanzar la Catedral-Magistral, donde tuvo lugar el tradicional saludo a la Virgen del Val, patrona de la ciudad. Allí se vivieron algunos de los momentos más solemnes del recorrido, en un silencio respetuoso apenas roto por los cánticos y el sonido de las campanillas de la carreta.

Desde ese punto, el cortejo continuó por la Plaza de los Santos Niños, Escritorios y Santa Úrsula hasta llegar a la Plaza Rodríguez Marín y el Ayuntamiento. En la Plaza de Cervantes, vecinos y visitantes aguardaban el paso de la Hermandad mientras los bares comenzaban a llenarse de un ambiente casi ferial. Porque el Rocío tiene algo muy particular: mezcla espiritualidad, fiesta popular y convivencia sin necesidad de grandes artificios. Basta una guitarra, unas palmas bien dadas y ganas de compartir camino.

El itinerario siguió después por la calle Mayor, Hospitalillo e Imagen, donde se realizó el saludo a la Virgen de la Columna, antes de continuar por Diego de Torres y Vía Complutense rumbo al parque O’Donnell.

Durante todo el trayecto, fueron muchos los alcalaínos que salieron a puertas y balcones para contemplar el paso de la Hermandad. Algunos observaban con curiosidad; otros, con auténtica devoción. Y no faltaban quienes aprovechaban para marcar discretamente el compás con el pie mientras sonaban las sevillanas.


Fe, convivencia y sentimiento de Hermandad

Más allá de la estética colorista y del ambiente festivo, la salida de romeros representa para los miembros de la Hermandad el inicio de una experiencia profundamente emocional y espiritual. El camino hacia El Rocío no se mide únicamente en kilómetros. También se mide en convivencia, esfuerzo compartido y sentimiento colectivo.

La Hermandad de Alcalá lleva años consolidando una tradición que cada primavera moviliza a decenas de familias y devotos. Muchos participan activamente en el camino; otros acompañan solo en la salida o en algunos actos concretos. Pero todos comparten la sensación de estar viviendo algo que forma parte ya del patrimonio emocional de la ciudad.

Tras el reciente pregón rociero celebrado en Alcalá, esta salida suponía el auténtico pistoletazo de salida para la peregrinación. Una cita que mezcla religiosidad popular y sentimiento de comunidad en una ciudad acostumbrada a convivir con tradiciones muy distintas, desde las procesiones de Semana Santa hasta los eventos cervantinos o las fiestas populares de verano.

El parque O’Donnell se convirtió después en punto de encuentro para muchos participantes y acompañantes, en una jornada donde el calor humano terminó imponiéndose incluso a las amenazas meteorológicas de los últimos días.


Los niños y la Salve ponen el broche emotivo

La programación continuó ya por la tarde con uno de los actos más tiernos de la jornada: la presentación de los niños ante la Virgen. A las 18:30 horas, numerosos pequeños participaron en este momento especialmente simbólico, recibiendo una flor portada en la carreta y una estampa conmemorativa.

Son esos detalles los que ayudan a explicar por qué el Rocío sigue manteniendo una enorme capacidad de transmisión generacional. Los mayores enseñan el camino; los pequeños lo aprenden casi sin darse cuenta, entre canciones, abrazos y vivencias compartidas.

Posteriormente, a las 19:00 horas, la Salve Solemne ante el Simpecado puso el cierre a esta primera jornada de camino. Un final cargado de emoción contenida y miradas ya puestas en la peregrinación hacia la aldea almonteña.

Porque cada salida rociera tiene algo de despedida y de reencuentro al mismo tiempo. Despedida temporal de la ciudad y reencuentro con una tradición que, año tras año, sigue encontrando en Alcalá un hueco cada vez más consolidado. Y mientras la carreta avanzaba lentamente entre sevillanas y aplausos, muchos alcalaínos tuvieron la sensación de que, por unas horas, el sur había decidido hacer parada en pleno corazón complutense.

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