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Xcaret niega presiones de Sheinbaum y desmonta la versión difundida por Ayuso tras su abrupta salida de México.
Isabel Díaz Ayuso ha puesto fin de forma abrupta a su viaje institucional a México, previsto inicialmente del 3 al 12 de mayo. La presidenta madrileña regresó a España este viernes tras cancelar los actos programados en la Riviera Maya y Monterrey, alegando un “clima de boicot” promovido por el Gobierno de Claudia Sheinbaum. Sin embargo, horas después, el Grupo Xcaret, propietario del complejo donde se celebran los Premios Platino, desmintió cualquier presión gubernamental y aseguró que fue su propia decisión retirar la invitación a Ayuso.
El episodio cierra un periplo que, desde su anuncio, generó tensiones diplomáticas, críticas en ambos países y un intenso debate sobre la conveniencia de mezclar política, historia y recursos públicos en una gira autonómica. La presidenta madrileña aterrizó en México como defensora de la Hispanidad y abandona el país en medio de comunicados cruzados, acusaciones políticas y una contradicción pública que ha terminado eclipsando el contenido institucional del viaje.
Un viaje con fuerte carga ideológica
La agenda de Ayuso incluía actos institucionales, reuniones con empresarios y la promoción de Madrid como destino inversor y turístico, pero destacó desde el primer momento por su marcado componente ideológico y cultural. El lunes, en Ciudad de México, participó en un homenaje a Hernán Cortés junto al músico Nacho Cano, autor del musical Malinche, y la alcaldesa de Cuauhtémoc, Alessandra Rojo de la Vega, dirigente vinculada al PAN. El acto, inicialmente previsto en la Catedral Metropolitana, tuvo que trasladarse finalmente al Frontón México tras la negativa de la Arquidiócesis.
Durante su intervención, Ayuso reivindicó el mestizaje como “mensaje de esperanza y alegría” y defendió la libertad para interpretar la historia “sin complejos”. Cano fue todavía más explícito al afirmar que “sin Cortés no habría México”. Las declaraciones reabrieron el debate sobre la memoria de la Conquista en un país donde la cuestión sigue siendo extremadamente sensible. A las puertas del recinto se concentraron colectivos indígenas y grupos de izquierda, mientras Morena calificaba el acto de “provocación fascista”.
La propia Claudia Sheinbaum respondió públicamente durante su conferencia matutina. La presidenta mexicana criticó a quienes “reviven la conquista como salvación” y aseguró que “quienes buscan reivindicar a Hernán Cortés y sus atrocidades están destinados a la derrota”. Aunque evitó elevar el conflicto al plano diplomático oficial, sus declaraciones alimentaron todavía más la tensión política y mediática.
El viaje llegaba ya precedido de polémica. En meses anteriores, Ayuso había definido a México como un “narcoestado” y había acusado al Gobierno de Sheinbaum de representar una “dictadura de ultraizquierda”. Esas afirmaciones habían deteriorado el clima político antes incluso del inicio de la visita institucional.
La gira empezó pareciendo una operación de promoción internacional de Madrid y acabó convertida en una tormenta política con ecos diplomáticos a ambos lados del Atlántico.
El coste político y económico de la gira
En España, la oposición madrileña ha cargado con dureza contra el viaje. PSOE y Más Madrid cuestionaron tanto el contenido político de la visita como el gasto público asociado a la gira. Según datos difundidos por la Cadena SER y confirmados posteriormente por portavoces de la oposición, la Comunidad de Madrid destinó alrededor de 300.000 euros para que Madrid figurara como “invitada de honor” en la Feria Nacional de San Marcos de Aguascalientes. A esa cantidad habría que sumar gastos de desplazamiento, seguridad y acompañantes, aunque el Ejecutivo autonómico no ha facilitado una cifra global detallada.
La portavoz de Más Madrid, Manuela Bergerot, ironizó con dureza sobre la duración de la estancia. “Que Ayuso trabaje por los madrileños diez días al menos y luego, si quiere irse de vacaciones, que lo pague de su bolsillo”, afirmó. Desde la izquierda madrileña se habló de “vergüenza ajena”, “propaganda ideológica” y utilización partidista de recursos públicos. Incluso Vox cuestionó la falta de transparencia respecto al coste final del viaje.
Mientras tanto, el Gobierno de Pedro Sánchez evitó un choque institucional directo con la presidenta madrileña, aunque varios ministros y portavoces dejaron entrever su incomodidad ante una visita que podía dificultar el proceso de normalización diplomática entre España y México tras los años de máxima tensión durante el mandato de Andrés Manuel López Obrador.
Más allá de los actos protocolarios, las reuniones empresariales y el recibimiento de una medalla institucional en Aguascalientes, el balance concreto del viaje deja pocas iniciativas tangibles cerradas públicamente. El foco político y mediático terminó desplazando casi por completo la agenda económica y promocional inicialmente prevista.
El desmentido de Xcaret y el final precipitado
El momento más delicado del viaje llegó este viernes. En un comunicado oficial, la Comunidad de Madrid aseguró que Claudia Sheinbaum habría amenazado con cerrar el complejo Xcaret si Ayuso asistía a la gala de los Premios Platino, prevista en la Riviera Maya. El Gobierno madrileño calificó la situación de “hecho sin precedentes contra un representante del Estado español, la cultura y la libertad” y justificó así el regreso anticipado de la presidenta.
Sin embargo, pocas horas después, la versión del Grupo Xcaret contradijo frontalmente el relato difundido por la Comunidad de Madrid. La empresa negó “categóricamente” haber recibido presiones o instrucciones del Gobierno mexicano y aseguró que fue la propia compañía quien pidió retirar la invitación a Ayuso para evitar la politización del evento cinematográfico.
“Hemos sido nosotros quienes hemos pedido a los organizadores retirar la invitación”, señaló el comunicado empresarial, que también hacía referencia a las “desafortunadas declaraciones” realizadas por la presidenta madrileña durante los últimos meses.
El desmentido situó el foco sobre la contradicción entre ambas versiones y convirtió el final del viaje en un nuevo episodio de confrontación política. Los Premios Platino, impulsados por el productor Enrique Cerezo, finalmente se celebrarán sin la presencia de Ayuso.
Para los críticos de la presidenta madrileña, el episodio ilustra los riesgos de convertir una visita institucional en un escenario de guerra cultural exportada. Para sus defensores, representa la consecuencia de enfrentarse a un clima político hostil y a un Gobierno mexicano incómodo con determinados discursos sobre la historia y la libertad de expresión.
Lo cierto es que el viaje ha terminado elevando la temperatura política entre Madrid y México sin dejar grandes anuncios concretos en el terreno económico o institucional. Mientras Ayuso regresa a España previsiblemente reforzando el relato de víctima de un supuesto boicot político, el Gobierno mexicano y el Grupo Xcaret han dejado una versión distinta de los hechos que obliga, al menos, a revisar la narrativa oficial construida en torno a la cancelación de la gala.
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