- Un militante socialista alcalaíno cuestiona el funcionamiento interno del partido y reclama más participación, renovación, gestión y protagonismo real para las bases.
Hay veces en las que la política institucional y la política real se parecen poco. Y lo que está ocurriendo en el PSOE de Alcalá de Henares empieza a parecerse demasiado a una pelea interna alejada de los problemas cotidianos de la ciudadanía. Lo escribe Javier Ferrer, militante socialista desde hace quince años, en esta carta remitida a ALCALÁ HOY en la que reflexiona sobre el funcionamiento interno del partido, el papel de la militancia y la necesidad de abrir una nueva etapa más participativa y menos dependiente de los aparatos.
No soy yo muy de hablar de política tal y como se entiende la política en el contexto político, pero lo que está pasando en Alcalá es muy curioso. Yo solo llevo en estas lides como afiliado unos 15 años, aunque me he considerado siempre simpatizante del PSOE.
Y en estos años, como siempre me pasa, dejo huella para bien o para mal. Me llaman raro porque no soy como la media.
He vivido los entresijos del partido desde dentro y desde fuera. He ido a congresos, a charlas, a asambleas e incluso he estado de vocal en mi distrito.
Estaba en un grupo de trabajo para intentar mejorar lo que yo creo que se puede mejorar, pero a toro pasado veo que esta película no va realmente de eso. Va de conseguir un puesto de trabajo, aunque luego, de pasada, se hagan mejoras en la ciudad. Y lo que está pasando ahora, que por cierto me da vergüenza ajena, lo corrobora.
He tenido que tragar sapos por el bien común e incluso a veces me he hecho el tonto. Cuando he tenido iniciativas de mejora, proactivamente, siempre se me ha utilizado. Bueno, más bien me he dejado utilizar.
Hemos estado gobernando ocho años y las cosas pequeñas de ciudad se han dejado de lado. Cosas pequeñas que los que gobiernan ahora tampoco hacen. Siempre son proyectos grandilocuentes que pasan por encima de la ciudadanía.
He estado en plenos, reuniones, asambleas, etcétera, y creo que todo se dilata demasiado en el tiempo, por no hablar de hacer reuniones en fin de semana. Creo que hay que beber un poco de lo que se hace en la empresa privada: ser más ágiles e ir al grano.
Y por no hablar del lenguaje que se suele utilizar, totalmente trasnochado para los tiempos en los que estamos.
Entre el aparato y las bases
Pero lo que más me ha entristecido es ver cómo a veces se hacen las cosas en el día a día dentro de la estructura del partido.
Cuando hay listas votadas por la militancia, el orden de los afiliados que están en esas listas no siempre se sigue rigurosamente e incluso, en ocasiones, a un afiliado que no estaba en dicha lista se le asigna después un “puesto de trabajo”.
Apenas se envían correos desde la ejecutiva pidiendo propuestas. Y las pocas veces que se convoca a la militancia para aportar ideas, esas propuestas nunca llegan a buen puerto o directamente ni sabemos qué ha pasado con ellas.
Estoy viendo ahora en redes sociales a un grupo luchando contra otro grupo.
Uno apoyado por el aparato. El otro reuniéndose casi a escondidas.
Compañeros que han trabajado codo con codo ahora son enemigos.
A mí no me gusta que un representante esté demasiados años porque eso termina generando un “cortijo”.
Y tampoco creo que nadie sea imprescindible. Creo que hay mucho potencial en la militancia, pero hay que saber buscarlo.
Gobernar también es gestionar
Se gobierna para mejorar la vida de los ciudadanos y eso incluye las cosas pequeñas, por muchos EDUSI que vengan.
No sé en qué deparará esta lucha interna, pero 2027 ya está ahí y flaco favor le estamos haciendo a la ciudadanía progresista.
En el fondo, para ser político hay que valer, entre otras cosas porque te expones personalmente tú y tu entorno familiar.
Gobernar tiene mucho de gestionar y últimamente estoy viendo que los políticos, en general, que se proponen para gobernar están muy flojos de gestión.
Y así pasa, que luego tienen que depender de asesores.
Esto me lleva también al tema de la saturación de responsabilidades. Hay que repartir entre toda la militancia. Y dedicarle parte de tu tiempo libre por vocación, sin cobrar. Como hacemos algunos.
Y de todo este lío todavía no he visto propuesta alguna.
GIVE ME FIVE
Por eso no quería acabar esta reflexión sin plantear cinco puntos que yo propondría si fuera candidato a secretario general.
1.- El secretario general debe ser el gestor-coordinador de la agrupación y elegir su ejecutiva. De esa ejecutiva saldrá el candidato a alcalde, que no podrá ser el propio secretario general. El resto de la lista electoral deberá salir de la militancia y respetarse después.
2.- La ejecutiva solo debería trabajar sobre propuestas de la militancia. Es decir, ejecutar lo que digan las bases y construir desde ahí el programa electoral.
3.- Los distritos deberían ser totalmente autónomos y el vocal tener libertad para trabajar por el barrio, coordinándose con el resto y manteniendo informada a la ejecutiva. Un vocal debe funcionar como cualquier representante vecinal cercano a su entorno.
4.- Tanto los presidentes de distrito como los responsables de concejalías deberían ser militantes de base.
5.- La sede debería estar abierta todos los días y gestionada por jubilados voluntarios. Y tendría que existir, como mínimo, una reunión mensual entre la ejecutiva y la militancia entre semana.
















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