LA IMPORTANCIA DEL UTILERO | Por Francisco Muñoz

Francisco Muñoz Romero, profesor de Comunicación Institucional e Imagen Pública en la Facultad de Ciencias de la Información de la Universidad Complutense de Madrid, firma esta tribuna-crónica que disecciona, con mirada académica y pulso narrativo, el fenómeno comunicativo de Gabriel Rufián. A partir de una experiencia directa en el aula, el autor explora el engranaje profesional, estratégico y simbólico que sostiene a uno de los portavoces más influyentes del panorama político actual.

Foto remitida por el autor
  • Una mirada desde la universidad al método comunicativo de Rufián, entre estrategia, redes sociales, construcción de marca personal y el uso del atrezo político.

 

 Francisco Muñoz Romero es Profesor de Comunicación Institucional e Imagen Pública del Departamento de Teorías y Análisis de la Comunicación en la Facultad de Ciencias de la Información de la Universidad Complutense de Madrid

 

Gabriel Rufián, perico futbolero, se ha convertido en “més que un club”. Ha trascendido la ortodoxia del Portavoz y ha alcanzado el nivel “dios” de celebrity política, para lo bueno y para lo malo. Y detrás de este proceso, un equipo y un sistema de trabajo que le permite ser un influenciador político nacional de primer nivel especialmente en El Dorado de las franjas electorales: jóvenes de entre 18 y 24 años.

La semana pasada, dentro del programa de la asignatura de Comunicación Institucional e Imagen Pública de la Facultad de Ciencias de la Información de la UCM, tuvimos la oportunidad de contar con la presencia de Gabriel Rufián, portavoz del grupo parlamentario de Esquerra Republicana de Catalunya en el Congreso de los Diputados. Por encima de las enormes diferencias que me separan de algunas de sus posiciones políticas, especialmente lo relativo a la independencia de Cataluña, el objetivo de esta clase no era “político”; de hecho, toda la actualidad política, con sus controversias y tensiones no fue sino el contexto, el marco de referencia y poco más. Se trataba sobre todo de que el grupo de alumnas/os pudiera “tocar” de cerca lo que muchas veces se transmite o bien de forma teórica o bien en forma de análisis de casos prácticos, lo que no deja de ser también “teórico”.

Pero en este caso se trataba de vivir en primera persona, con Rufián y su equipo, cómo es el sistema de trabajo de un portavoz: qué equipo ha formado, qué perfiles profesionales tiene, cómo se planifica la comunicación, cómo se organiza el trabajo de seguimiento, análisis y reacción a la actualidad, cómo se coordina con el Senado o con el partido en Barcelona, cómo se preparan las intervenciones parlamentarias, las ruedas de prensa o cómo gestiona sus redes sociales. Y el grupo de alumnas/os no tuvo que leerlo en ningún manual, se lo contaron los protagonistas en primera persona. Y luego pudieron preguntar y repreguntar hasta que se agotó el tiempo.

Muchas de estas preguntas de las alumnas fueron también enfocadas a las habilidades “blandas” de un portavoz, lo que en el mundo actual se conoce pretenciosamente como “soft skills”. Ahí se planteó que la capacidad de un portavoz de llegar y conectar con la gente está claro que se puede entrenar y mejorar, sin duda, pero también hay que tener algo innato o adquirido de forma natural, no consciente, que Rufián no supo definir (ni nadie podemos, en realidad) y que, efectivamente, se tiene o no se tiene. Por ejemplo, Adolfo Suárez o Felipe González, en sus respectivos tiempos.

Le preguntaron a Rufián por la improvisación y dijo que en ningún caso. Improvisar, poco o nada, e incluso contó que en su forma de trabajar se “inventa enemigos”, es decir, simula todo tipo de escenarios de pregunta/respuesta sobre los que ensaya sus intervenciones. Y sin citar a Churchil, aunque después sí lo haría, vino a decir que «Me he pasado toda la noche preparando la improvisación de mañana». Sí mencionó, curiosamente, a Michael Jordan como ejemplo del trabajo y del esfuerzo que produce resultados con aquello de que “un jugador gana un partido, pero un equipo gana campeonatos”.

En su forma de enfocar la creación de mensajes, apuesta por ser auténtico, por evitar los tópicos y los argumentos repetidos y prefabricados de los argumentarios y, desde luego, decir siempre lo que de verdad crees sobre cada tema.

Interesantes fueron las preguntas y las respuestas sobre el papel de las redes sociales como herramienta de comunicación. Preguntado por quien firma esta tribuna si estaba de acuerdo consigo mismo cuando dijo “prefiero llenar TikTok que una Biblioteca”, apostó por el “sostenella y no enmendalla” y explicó el porqué de este tipo de afirmaciones, como veremos más adelante cuando hablemos del papel del atrezo en alguna de sus intervenciones parlamentarias.

Pero volviendo a las redes, Rufián es un portavoz plenamente consciente de que la potencia de su viralidad y la amplificación de la exposición mediática no es siempre bien entendida dentro de las disciplinas de los partidos de la izquierda más a la izquierda del PSOE. Aquí sí citó a Churchill: «Nuestros adversarios están enfrente, nuestros enemigos, al lado». La facilidad de las redes sociales para crear una “marca personal” que compita con la “marca partido” tiene un potencial de fricción interna con el que hay que convivir y que hay que equilibrar. Aquí la teoría y el aula vinieron a echarle una mano, proponiendo en la práctica la creación de un “sistema de portavoces” que den cabida a tonos y estilos diferentes que permitan amplificar el alcance sin perder coherencia.

Por último, fue muy reveladora la respuesta a la pregunta sobre su tendencia a usar “atrezo” (objetos simbólicos) en sus intervenciones; recordemos la impresora, las esposas o las balas de fogueo sobre la tribuna de oradores que tanta polémica y rechazo crean, esta vez sí, entre sus adversarios. Reelaboro y reescribo su respuesta: piensen en un Parlamento en el que hay siete grupos parlamentarios, que representan a doce formaciones políticas que, a su vez, contienen (coaliciones mediante) a 18 organizaciones. Y piensen ahora en un informativo de televisión en que se dará una noticia sobre el tema político del día en el que, con suerte, veremos la opinión, por ejemplo, del presidente del Gobierno y del líder de la oposición. Es decir, del PSOE y PP, que son dos de los dieciocho partidos de las Cortes. ¿Qué pasa con la visibilidad de las posiciones políticas de los otros dieciséis, o diez o cinco grupos parlamentarios? Pues ese es el papel del atrezo: una decisión deliberada para romper las barreras que le imponen a un partido minoritario en el Congreso, los grandes bloques políticos, mediáticos e ideológicos. A estos efectos, el uso de objetos funciona como captador y catalizador de la atención que provoca una reacción que, en medio de la polémica, abre paso al mensaje y crea una oportunidad de llegar a su público. Que sea más o menos acertado, que sea exitoso en algunas ocasiones o fallido en otras, es otra cuestión.

El hecho es que en un esquema problema/solución, utilizar objetos cargados de contenido simbólico que visibilizan sin palabras una posición política y que además captan la atención del debate, revelan al mismo tiempo dimensión estratégica y creatividad con un simple movimiento y pone en valor la importancia de contar con un buen utilero en tu equipo.

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