- Una mirada crítica y evocadora sobre la estación de Alcalá y medio siglo de promesas incumplidas, obras interminables y esperas cotidianas.

Hace más de 50 años que vine a la Alcalá poco menos que medieval. Una ciudad con sabor, con pasado glorioso, decadente y prometedora de progreso y esplendor. No me equivoqué. El progreso y el brillo recobrado han salido a la luz. Ya entonces se hablaba (cincuenta años) del soterramiento de las vías del tren para unificar territorialmente la ciudad, salvar la brecha que entonces alejaba los barrios del otro lado, que crecían al ritmo de los años 70, como toda la ciudad, en todas direcciones.
El soterramiento nunca ocurrió. Aunque la ciudad lo merecía y lo merece, seguramente el presupuesto no alcanzaba ni ha alcanzado en este medio siglo. Es verdad que para los tiempos que menciono, el servicio de trenes no estaba mal. Era el boom del automóvil y de los atascos diarios en todas las vías de aquella ciudad y aquella región que se llenaba de polígonos industriales, empresas y viviendas, que se instalaban en suelo aún sin urbanizar por la premura de la economía en auge acelerado de aquellos años. El tren no era tanto el medio de transporte habitual como ahora.
Alcalá, como todo el corredor y otras zonas de Madrid, era tierra de promisión, polo de atracción laboral. Lo de social y cultural vino después. También en esos aspectos ha cumplido lo esperado. Alcalá es hoy una ciudad cohesionada, con identidad heredada y nueva. No hace falta que redunde en el crecimiento que ha experimentado nuestra ciudad y la región, muy bien comunicada en estas décadas por tren y autobús, por carreteras de todo tipo. No cabe duda que las comunicaciones han propiciado el crecimiento económico, es una premisa de las de cajón, que las dimensiones y la orografía de la región han favorecido.
De manera que los ciudadanos podemos desplazarnos para trabajar y para todo de un punto a otro de la comunidad, como se llaman ahora las regiones de otros tiempos, en más o menos dos horas. Conozco bastante bien los transportes públicos madrileños porque en mi época laboral he ido en Cercanías, Alsa, entonces Continental, etc. En coche también según el trayecto, pues aún quedan zonas no tan bien comunicadas en la comarca de Alcalá, por ejemplo. Pero no es mi intención diseccionar el mapa de comunicaciones de Madrid, que en general es bueno.
Por eso, siempre me llamó la atención que la estación de Alcalá fuera la más inhóspita del corredor del Henares y de casi la región entera. Siendo una estación central, no marginal ni alejada del casco urbano, en una ciudad turística, universitaria, Patrimonio, etc. Con una población creciente. De una actividad laboral y de intercambio de viajeros entre la capital y Guadalajara de gran volumen. Una de las más concurridas, según cifras. Hasta el momento -esperamos que el resultado de la reforma colme nuestras inquietudes- ha sido una estación incómoda, con escaleras de acceso a las vías, sucias, claustrofóbicas, inundables, difíciles. La vía 5 solo para jóvenes, no apta para personas mayores, discapacitados, ni familias con niños pequeños, no digamos cuando la viajera es la madre sola con carrito, mochila, etc. Cuando de repente cambia el horario y en lugar de la vía 2 el tren llega por la 5 y hay que correr en desbandada. En esos casos solo la solidaridad humana salva la situación.
Y así años y años. El soñado soterramiento quedó en el olvido. Creo que hubo planes municipales al respecto que tuvieron que ser sustituidos por vías alternativos, escaleras y rampas al otro lado, al Chorrillo, al Campo del Ángel, Iviasa, etc. Aquello quedó en un deseo y la ciudad se ha adaptado a la división, construyendo lo que es “otra ciudad”, Ensanche, Garena y demás barriadas modernas. Nada que la inteligencia y la técnica no solucione con imaginación y pragmatismo. Menos la estación de Cercanías.
Creo que va para tres años lo que lleva en obras, con pausas e interrupciones, con la consiguiente dificultad para transeúntes y viajeros de la zona. Teniendo en cuenta las últimas vicisitudes de la red nacional de ferrocarriles, suponemos que será “la falta de presupuesto” lo que ha demorado la construcción. Vaya usted a saber. Esperemos que valga la pena la espera y las incomodidades tengan un premio a la paciencia de décadas de los alcalaínos, estudiantes, trabajadores, mayores, familias, que deseamos un lugar mejor para esperar y acceder al tren. Ya veremos.

















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