La Capilla del Oidor revive la gesta de los Condueños en una exposición que celebra 175 años de memoria y compromiso ciudadano

La Capilla del Oidor acoge la exposición ‘La Sociedad de Condueños. 175 años de historia’, una muestra que reivindica la gesta colectiva que salvó el corazón universitario de Alcalá tras la marcha de la Universidad en el siglo XIX. Autoridades municipales, representantes sociales y la propia institución protagonizaron una inauguración cargada de memoria, orgullo y proyección de futuro, en torno a un legado que sigue definiendo la identidad histórica y patrimonial de la ciudad complutense.

  • Una exposición en la Capilla del Oidor revive la gesta ciudadana que salvó la manzana universitaria y consolidó la identidad patrimonial de Alcalá.
  • Crónica gráfica y video de Myriam Trujillo para ALCALÁ HOY

Hay efemérides que se despachan con una placa, un discurso y una foto de familia. Y hay otras, muy pocas, que exigen una puesta en escena a la altura de lo que significaron. La exposición dedicada a los 175 años de la Sociedad de Condueños pertenece a esta segunda categoría. No es un homenaje al uso, ni una mirada complaciente al pasado, sino un ejercicio de memoria con ambición narrativa, de esos que buscan explicar no solo lo que ocurrió, sino por qué sigue importando hoy.

La Capilla del Oidor acoge estos días una muestra que, sin estridencias, consigue algo difícil: devolver a primer plano una de las decisiones más determinantes en la historia de Alcalá de Henares. Una decisión que no tomaron reyes ni gobiernos, sino vecinos. Gente corriente que, en un momento crítico, entendió que su ciudad podía perderlo todo si nadie hacía nada. Y decidieron hacer algo. Lo que hoy se expone entre estos muros no es solo una colección de documentos, sino la reconstrucción de una voluntad colectiva que marcó el destino de toda una ciudad.


La ciudad que decidió no rendirse

El relato arranca en un contexto de desolación difícil de exagerar. En 1836, el traslado de la Universidad a Madrid deja a Alcalá sumida en una crisis que no es solo económica o institucional, sino profundamente identitaria. La ciudad pierde su razón de ser, su motor cultural, su proyección histórica. La manzana cisneriana, núcleo simbólico de ese legado, queda entonces expuesta a la ruina, al abandono o al reparto entre intereses ajenos.

Lo que ocurre después sigue teniendo algo de prodigio cívico. Más de doscientos vecinos, de perfiles sociales diversos, deciden organizarse para adquirir los edificios que habían sido el corazón universitario de la ciudad. No hay estructura pública que lo impulse ni respaldo institucional que lo sostenga. Hay, simplemente, una conciencia clara de lo que está en juego y una determinación firme de actuar.

En 1851, esa voluntad se concreta con la creación de la Sociedad de Condueños. Una entidad civil sin ánimo de lucro que representa un ejemplo pionero de defensa del patrimonio desde la ciudadanía. Durante la inauguración se recordó con claridad que aquella iniciativa constituyó una resistencia civil sin precedentes en la historia de España . No salvaron únicamente edificios, sino la identidad misma de Alcalá, su memoria arquitectónica y su proyección futura.


Una inauguración con presencia institucional y reconocimiento colectivo

La apertura de la exposición reunió en la Capilla del Oidor a una nutrida representación institucional y social. Junto a la primera teniente de alcaldesa, Isabel Ruiz Maldonado, estuvieron presentes el teniente de alcalde Víctor Acosta, el concejal de Cultura, Santiago Alonso, Antonio Saldaña y Victor Cobo del equipo de gobierno así como la concejala socialista María Aranguren. También asistieron el presidente de la Sociedad de Condueños, José Félix Huerta, junto a los integrantes de su Comisión Administrativa, así como representantes de entidades culturales y sociales de la ciudad y el cronista oficial de Alcalá Vicente Sánchez Moltó.

La escena tenía algo de ceremonia cívica. No tanto por la formalidad del acto como por el significado de las presencias: distintas sensibilidades políticas y sociales reunidas en torno a un mismo reconocimiento. El patrimonio, en ese sentido, aparecía como un espacio común, ajeno a la confrontación, donde la historia compartida pesa más que las diferencias.

En ese contexto, las intervenciones institucionales y de los responsables de la Sociedad de Condueños fueron articulando un relato que combinaba memoria, reconocimiento y proyección de futuro. No se trataba solo de celebrar el pasado, sino de subrayar su vigencia.

La primera teniente de alcaldesa, Isabel Ruiz Maldonado, puso el acento en el valor de aquella gesta colectiva que permitió salvar la manzana universitaria. Subrayó que la Sociedad de Condueños logró “unir las voluntades y las aportaciones económicas de los alcalaínos para comprar y salvar del expolio, de la ruina y de la desaparición la insigne manzana universitaria en torno al Colegio Mayor de San Ildefonso”.

Ruiz Maldonado destacó que aquel conjunto “no solo constituía una joya arquitectónica en sí, sino que simbolizaba la edad más dorada y la mejor contribución de nuestra ciudad a la historia, al saber y a las artes de España”. Su intervención conectó de forma directa aquel gesto del siglo XIX con la realidad actual de Alcalá, subrayando que gracias a aquella iniciativa hoy la ciudad puede presumir de un patrimonio universitario único.

En esa misma línea, recordó que “gracias a aquel gesto pionero de rebeldía cívica y, sobre todo, a la capacidad de sacrificio y al amor por su ciudad de aquellos alcalaínos, hoy podemos disfrutar de una Universidad que es la única de España Patrimonio de la Humanidad; y junto a ella, la ciudad histórica de Alcalá, que ostenta el mismo honor”. Su intervención concluyó con una llamada a preservar la memoria de aquella hazaña como una inspiración permanente para la sociedad y el bien común, invitando a vecinos y visitantes a recorrer la exposición.


Las voces de la cultura y la propia institución

El concejal de Cultura, Santiago Alonso, reforzó esa idea incidiendo en el carácter colectivo de la gesta. Recordó que más de doscientos vecinos, “de todas las condiciones sociales”, se unieron para evitar la desaparición de la manzana universitaria, y subrayó que aquel gesto constituye uno de los mayores ejemplos de compromiso cívico de la historia local.

Alonso insistió en que este aniversario no debe quedarse en una celebración puntual, sino convertirse en un referente permanente. Una oportunidad para reforzar la conciencia patrimonial y para recordar que el legado histórico no se sostiene solo. En su intervención, también puso en valor el trabajo de la Sociedad de Condueños a lo largo del tiempo, destacando su papel como garante de la integridad arquitectónica de la ciudad.

Por su parte, el presidente de la Sociedad, José Félix Huerta, ofreció una intervención más cercana, en la que explicó el proceso de gestación de la exposición. Reconoció que el proyecto nació como algo modesto y fue creciendo progresivamente hasta adquirir la dimensión actual, señalando con cierta ironía que esa evolución había obligado a sumar esfuerzos y a implicar a más personas.

Huerta definió la muestra como un anticipo de lo que será la ampliación de la sala histórica de la institución, con vocación de convertirse en un pequeño museo de la ciudad. Subrayó además la importancia de recuperar no solo el patrimonio inmueble, sino también el patrimonio mueble, incluyendo documentos, obras de arte y materiales que permiten reconstruir la historia cotidiana de Alcalá.


Una exposición que crece y construye relato

La muestra responde a esa evolución. Lo que en principio iba a ser una recopilación de imágenes vinculadas a una memoria gráfica se ha transformado en una exposición más compleja, con un discurso expositivo que combina distintos niveles de lectura. Documentos históricos, piezas bibliográficas, obras artísticas y material gráfico se integran en un recorrido que busca ser accesible sin renunciar al rigor.

Uno de los elementos más destacados es la presencia de documentos que evidencian la relevancia histórica de la Universidad de Alcalá. Entre ellos, referencias que sitúan sus estudios al nivel de grandes centros europeos, reforzando la idea de que el patrimonio conservado por los Condueños no es solo local, sino de alcance universal.

Al mismo tiempo, el componente visual permite una aproximación más directa. Fotografías y grabados conectan al visitante con los espacios salvados, facilitando una experiencia que va más allá de lo puramente informativo. La exposición no se limita a mostrar, sino que construye un relato.

Uno de los aspectos más sugerentes de la muestra es la incorporación de materiales que pertenecen a la intrahistoria. Invitaciones, programas y pequeños documentos que permiten reconstruir la vida cotidiana de los espacios. Durante la inauguración se reivindicó el valor de estos elementos, recordando que muchas veces dependen de la voluntad de quienes deciden conservarlos.

Esa dimensión aporta una perspectiva distinta. Permite entender que el patrimonio no es solo una suma de grandes hitos, sino también una acumulación de pequeñas historias. Los edificios conservados por la Sociedad de Condueños han sido escenarios de múltiples actividades, algunas de ellas sorprendentes.

Se evocan, por ejemplo, combates de boxeo en antiguos patios universitarios, con centenares de asistentes, o actividades deportivas y culturales que transformaban temporalmente los espacios. Estos episodios desmontan la idea de un patrimonio estático y subrayan su carácter dinámico.

Las piedras, en Alcalá, han seguido viviendo. Han cambiado de uso, han acogido nuevas funciones, pero han mantenido su esencia. Esa capacidad de adaptación ha sido clave para su conservación. No se trata solo de preservar estructuras, sino de mantenerlas integradas en la vida de la ciudad.


Un legado que interpela al presente

La exposición no se limita a mirar al pasado. Plantea una reflexión que atraviesa todo el recorrido: el patrimonio no se sostiene por sí solo. Requiere compromiso, atención y decisiones colectivas. La historia de los Condueños aparece así como un ejemplo que sigue teniendo vigencia.

Durante el acto se insistió en la necesidad de que este aniversario sirva para reforzar la conciencia patrimonial y para mantener viva la memoria de aquella gesta como una inspiración para el presente y el futuro . No como un ejercicio de nostalgia, sino como una llamada a la responsabilidad.

La Capilla del Oidor, hasta el próximo 10 de mayo, ofrece la oportunidad de acercarse a esa historia y de comprender su alcance. Es una invitación a mirar Alcalá con otros ojos, a reconocer que su identidad es el resultado de decisiones colectivas que, en su momento, pudieron parecer inciertas, pero que han tenido un impacto duradero.

Hace 175 años, la ciudad supo estar a la altura. Y gracias a aquella decisión, hoy puede contarlo con orgullo y con la certeza de que su historia sigue viva.

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