- El morado de Medinaceli volvió a imponerse en Alcalá con una procesión masiva, acompañada por autoridades, ejército y una devoción desbordante popular.
- Crónica gráfica y vídeo de Myriam Trujillo para ALCALÁ HOY
Hay procesiones que se ven… y otras que se sienten. La de Jesús de Medinaceli en Alcalá pertenece, sin discusión, a las segundas. Este Jueves Santo de 2026, la ciudad volvió a rendirse a una de sus devociones más profundas en una jornada primaveral que, desde la salida hasta el encierro, fue un continuo fluir de emoción, silencio y sobrecogimiento colectivo. Porque si algo quedó claro desde el primer instante es que no era una procesión más. Era la procesión.
Desde mucho antes de las siete de la tarde, la calle Colegios y su entorno ya eran un hervidero. Familias enteras, cofrades, curiosos y fieles ocupaban cada hueco posible. Y cuando las puertas del Colegio Menor de San Ciriaco y Santa Paula, el siempre reconocible Colegio de Málaga, comenzaron a abrirse, el murmullo se convirtió en expectación contenida.
Una salida de las que marcan época
La salida del Nazareno volvió a ser uno de esos momentos que se quedan grabados. No solo por la impecable ejecución del paso, sino por lo que se respiraba en el ambiente. El Obispo de Alcalá de Henares, Monseñor Antonio Prieto Lucena, presidió el inicio de la estación de penitencia, rezando un Padre Nuestro junto a los hermanos antes de que las imágenes pisaran la calle. Y entonces, el estallido. Petalada, himno nacional, emoción desbordada y miles de miradas clavadas en el rostro sereno del Cautivo.
Si hubo una imagen que definió la jornada fue el color. El morado inundó las calles de Alcalá en una marea constante de nazarenos, la más numerosa de la ciudad. Cientos de penitentes, con cíngulo amarillo, avanzaban en orden impecable, componiendo una estampa que ya forma parte del ADN de la Semana Santa local. Pero no solo impresionó la participación de la cofradía. También lo hizo el público.
Jesús de Medinaceli avanzó con esa mezcla tan suya de solemnidad y cercanía. No impone: abraza. No distancia: atrae. Y Alcalá, que le conoce bien, respondió como siempre: con devoción absoluta. Tras Él, la Conversación Sacra, María Santísima de la Trinidad, San Juan Evangelista y María Magdalena, aportó ese contrapunto narrativo que convierte esta procesión en una de las más completas de la Semana Santa complutense. Una escena viva, casi teatral, que eleva el conjunto a otro nivel.
Hablar de “miles de personas” se queda corto. Literalmente. En muchos tramos del recorrido resultaba imposible encontrar un hueco en primera fila. Y lo más significativo: ya no se trataba de un público itinerante que busca distintos puntos. Este año, muchos optaron por fijar posición… y no moverse. Como si supieran que lo que tenían delante merecía ser vivido sin interrupciones.
La calle Colegios, el callejón de San Pedro y San Pablo o la plaza de San Diego, con la imponente fachada cisneriana como telón de fondo, ofrecieron algunas de las imágenes más potentes de la noche. Allí, el silencio se imponía por momentos, roto solo por el sonido acompasado de los pasos y la música procesional.
Un cortejo con sello propio
La procesión de Medinaceli no sería lo mismo sin su cortejo, uno de los más singulares de Alcalá. Escoltando al Nazareno, miembros de la Policía Nacional y la Guardia Civil aportaban ese aire institucional y solemne que refuerza el carácter de la estación de penitencia.
Tras ellos, la presencia de la Brigada Paracaidista volvió a ser uno de los elementos más llamativos. El paso de la Conversación Sacra, escoltado por veteranos paracaidistas, avanzó con una marcialidad que contrastaba, de forma casi perfecta, con la delicadeza de las imágenes. Entre ellos, destacaba el guion de la Batería de Servicios del GACAPAC VI, con base en Paracuellos, bajo el mando del sargento Pallares.
La procesión contó con una destacada presencia institucional, tanto en el ámbito civil como religioso. Presidió el inicio de la estación de penitencia el obispo complutense, Antonio Prieto Lucena, quien rezó un Padre Nuestro junto a los hermanos antes de la salida. Entre las autoridades municipales asistieron el tercer teniente de alcaldesa, Gustavo Severién, Cristina Alcañiz, Orlena de Miguel, Santiago Alonso y Pilar Cruz del gobierno municipal. También estuvieron presentes los concejales socialistas, Javier Rodríguez Palacios, María Aranguren, Enrique Nogués, Miguel Castillejo, Rosa Gorgues y Nicolás Rodríguez, además del exalcalde Bartolomé González. La representación cofrade estuvo encabezada por Gregorio Manzanares, acompañados todos ellos por mandos de la Policía Nacional, Policía Local, Guardia Civil y la Brigada Paracaidista.
A este desfile se sumaron también asociaciones de veteranos como el CIR 2, la Hermandad de Cabos Primeros de España o la Hermandad del Servicio Militar Obligatorio, reforzando ese carácter coral que define a Medinaceli. Y, cerrando el cortejo, la Agrupación Musical Jesús de Medinaceli. A estas alturas, ya no es una promesa: es una realidad. Su evolución en los últimos años la sitúa entre las mejores formaciones de la Semana Santa alcalaína. Cada marcha, cada transición, cada matiz musical acompañó el discurrir de la procesión.
Una devoción que no deja de crecer
El itinerario, idéntico al de 2025, volvió a demostrar por qué funciona. Desde el Colegio de Málaga, la procesión avanzó por Colegios para adentrarse en el callejón de San Pedro y San Pablo, uno de los tramos más íntimos y recogidos.
De ahí, la apertura a la plaza de San Diego supuso un cambio de escala. Más luz, más público, más impacto visual. El paso frente a la Universidad de Alcalá fue, de nuevo, uno de los momentos más fotografiados de la noche. Después, Azucena, Puerta de Mártires y Libreros, donde tuvo lugar la tradicional ofrenda floral de las hermandades de La Soledad y el Sagrado Descendimiento. Un gesto sencillo, pero cargado de simbolismo.
El regreso por Nebrija, Santiago e Imagen añadió ritmo a la procesión, antes de desembocar en la calle Mayor, donde el público volvió a apretarse en busca de una última mirada cercana. La ofrenda de la Hermandad de la Columna puso otro de los puntos emotivos del recorrido. Y ya en el tramo final, Santos Niños, Escritorios y Santa Úrsula condujeron de nuevo al Nazareno hasta su casa provisional, el Colegio de Málaga, cerrando una estación de penitencia que, esta vez sí, se completó sin sobresaltos.
Lo ocurrido este Jueves Santo no es casualidad. Es la confirmación de una tendencia. La Semana Santa de Alcalá de Henares, declarada de Interés Turístico Nacional, vive un momento de crecimiento evidente. Más público, más participación, más implicación. Y dentro de ese fenómeno, Medinaceli ocupa un lugar central.
Su historia, marcada por el cautiverio de la imagen original en el siglo XVII y su posterior rescate por los trinitarios, añade una capa de significado que conecta directamente con la idea de redención. Pero más allá de lo histórico o lo teológico, lo que realmente explica su fuerza es la relación emocional con la ciudad. El Nazareno no es solo una imagen. Es un símbolo. De esperanza y de consuelo.
Por eso brilla más que el sol, como dice el viejo refrán. No por la luz que refleja, sino por la que despierta. Y este 2026, Alcalá volvió a comprobarlo. Sin lluvia, sin sobresaltos, con una organización impecable y una respuesta ciudadana abrumadora, la procesión de Medinaceli se consolidó, un año más, como uno de los grandes hitos de la Semana Santa complutense. El morado, esa noche, no fue solo un color. Fue una forma de sentir.























